Fran Murcia: Mejor en el parquet que en el trampolín

Fran Murcia: Mejor en el parquet que en el trampolín
Muy joven, en el CAI (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

Fran Murcia fue durante una época muy protagonista en la ‘prensa rosa’ por su matrimonio con Lara Dibildos. Y aún ahora le llaman para concursos como ‘Splash, famosos al agua’, porque es un rostro conocido más allá del mundo del baloncesto. Sin embargo, lo que principalmente ha sido y será es un hombre de nuestro deporte, un jugador más que notable que estuvo en primera línea del basket nacional durante largo tiempo.

Murcia es de Murcia, sin coña, pero creció baloncestísticamente en Zaragoza, en la cantera del CAI. Su rápido ascenso al primer equipo le reportó una Copa del Rey, la del 89, y estar en el centro del corazón de la afición maña. Era uno de esos jugadores con mucho coraje, a lo que añadía una peculiar inteligencia para moverse entre el ‘3’ y el ‘4’, más lo segundo que lo primero. Hasta la selección llamó a sus puertas, siendo 26 veces internacional.

En el 96, el club cerró, y a él no le fue nada bien en el Tau, que lo despachó al Joventut pese a un largo contrato. Sin embargo, nada más llegar ganó otra Copa, la del 97, formando pareja interior con Tanoka Beard. Fuenlabrada, un fugaz paso por Gran Canaria y regreso al ‘nuevo CAI’ en LEB –ya bastante cascado por las lesiones-- completaron una carrera bastante plena, pero en la que, como señalé al principio, la parte final estuvo muy mezclada con su protagonismo en medios no deportivos. “Salía mucho en las revistas por mi matrimonio con una persona famosa, pero seguí jugando a un nivel alto pese a ello. Sin embargo, hay un momento en el que todo eso te agobia, porque es un mundo muy distinto al que estás acostumbrado, es otra filosofía totalmente diferente a la que tenemos en el deporte. Fue algo más que me afectó más en lo personal que en lo profesional”, recuerda.

A sus 42 años recuerda con enorme cariño en la que se calzaba las botas de baloncesto. “La vida era centrarse en entrenar y competir. Echo mucho de menos la sensación de competir, de ir al vestuario, estar con los compañeros, prepararse para un partido, toda esa adrenalina, esa exaltación de todo. Es algo único en la vida, y no digamos ya ganar un título”, comenta. Si por él hubiese sido, hubiese seguido jugando: “me retiré por una lesión degenerativa y es algo que me dolió mucho. Hasta que me lesioné, estuve jugando a un nivel muy alto, disfrutando mucho con todo lo que hacía”.

Según confiesa ahora, se sentía más a gusto en la posición de ‘4’ que en la de ‘3’. “Intentaba sacar ventaja por fuerza o por velocidad, según se diera el caso, pero era más bien un interior. Me gustaba mucho pegarme dentro de la zona con quien fuese”, añade.

Por lo que se le ve, se trata de un hombre muy activo: tiene una empresa de gestión deportiva, trabaja con grupos de discapacitados intelectuales, busca patrocinadores para ellos, entrena a niños en el Club Europeo de Madrid, mejora su formación en aspectos como el marketing y el periodismo, escribe un blog, http://elblogdefranmurcia.com/... La televisión también le gusta: no le da miedo participar en el concursito del salto de trampolín, algo que considera “un reto. Para empezar, bajar diez kilos. Y después, tirarme a la altura que sea, porque si hago que he aprendido del baloncesto es el respeto máximo al entrenador, al que hay que hacerle caso siempre, por mucho que estés con el estómago encogido”.

Catorce temporadas en ACB de forma consecutiva, 6,8 puntos y 3,1 rebotes en 18 minutos de promedio en los 411 partidos que disputó. Algo más que carne de ‘papel couché’, ¿no?

Con esos genes, a su hijo, que se llama igual que él, no habrá que perderle de vista. Ya juega en las categorías inferiores del Real Madrid.