Paco Martín: La ‘tubería’ del ‘fisio’

Paco Martín: La ‘tubería’ del ‘fisio’
Fuenlabrada 2001-02.

Javier Ortiz Pérez

Paco Martín era un grandioso especialista en el triple. Su juego empezaba y terminaba ahí, aunque tampoco le faltaba capacidad de sacrificio, por eso. Pero a nivel técnico, era absolutamente brutal su capacidad para meter de lejos, una habilidad gracias al cual pervivió en el baloncesto profesional hasta los 40 años jugando en el Valdemoro, el mismo sitio en el que empezó. Ahora sigue metido en un vestuario de la Liga Endesa, el del Mad-Croc Fuenlabrada, ejerciendo una profesión que fue aprendiendo a medida que avanzaban sus años en el basket: el de fisioterepeuta.

“No he podido dar más de lo que di. Me basaba en la puntería, en el tiro, que yo creo que es algo innato. Hay veces en las que pones la ‘tubería’ y sabes que los tiros que hagas, desde donde sea y con dos tíos encima, van a entrar. Claro, también hay otros momentos en los que no te entra nada”, confiesa. Desde el 2006 es ‘fisio’ de uno de los múltiples clubs por los que pasó. En total fueron nueve temporadas en la ACB con cuatro distintos, incluyendo estancias en Murcia, Valladolid y el efímero proyecto del Salamanca. “He disfrutado en todos los sitios donde he estado”, resume. En total, 303 partidos en la máxima categoría casi siempre con un papel saliendo del banquillo para abrir las defensas. No es casualidad que tirase más de tres (632) que de dos (603). 4,7 puntos de promedio en 15 minutos.

¿Cuál es la clave de un gran tirador? “Yo creo que es algo natural. Si a eso le añades mucho trabajo, entonces ya te conviertes en una súper estrella”, contesta. Fue junior en el Real Madrid y sabe bien de lo que habla: él era de los que veía tirar a Drazen Petrovic compulsivamente antes y después de los entrenamientos, de los viajes. “Es lo mismo que supongo que pasa con gente como Juan Carlos Navarro o Velimir Perasovic”, añade.

Martín cambió de oficio, pero no de vida, cuando dejó el balón. “En realidad, sigo llevando los mismos horarios, los mismos viajes, que cuando era jugador, para desgracia de mi mujer”, explica. Desde antes de la retirada tenía claro que quería acabar en ese papel. “Desde siempre me ha interesado el mundo de la medicina. Tengo una cuñada que es médico y le cogía los libros para leerlos por curiosidad. Y en la parte final de mi carrera, casi era más amigo de los ‘fisios’ del equipo que de los propios compañeros”, asegura. En su opinión, haber sido profesional del baloncesto le aporta un ‘plus’ a la hora de ejercer su trabajo: “En la carrera nos enseñaron a no hacer daño. Lo que más me gusta es que yo sé lo que siente un jugador cuando se pone en la camilla para que le traten y también sé que desde mi papel se puede hacer mucho mal al equipo. Te dicen muchas cosas y lo que tienes que hacer es calmar al jugador que a lo mejor está fastidiado por alguna cosa que ha pasado, no alentarle a que esté más cabreado”, analiza.

También tuvo sus años en Primera B y LEB (Tenerife, Cajamadrid, Breogán, Melilla, León…), seguramente con más protagonismo que en la ACB, pero él prefiere no distinguir demasiado las etapas. “Depende de los momentos, porque he estado en muchos sitios y en todos he estado bien. En el baloncesto se vive de instantes y no hay nada más increíble que lograr un ascenso, o conseguir la permanencia, todo lo contrario por lo horrible que es bajar de categoría. Pero lo más duro es no jugar, porque es una profesión muy competitiva, incluso contra tus propios compañeros”, añade.