Xavi Sánchez Bernat: El catalán que se hizo murciano

Xavi Sánchez Bernat: El catalán que se hizo murciano
En jugada con el Murcia.

Javier Ortiz Pérez

En ocasiones, el más querido, por encima de todos los demás, de una afición no es un jugador de la propia ciudad, sino uno que ha aparecido allí por las cosas del mercado y finalmente se acaba transformando en uno más ‘de los suyos’. Normalmente sucede con jugadores caracterizados por la garra y el compromiso. El ejemplo lo tenemos en Xavi Sánchez Bernat, un catalán que se convirtió en el jugador con más partidos disputados en la historia del Club Baloncesto Murcia, cuya camiseta defendió en tres etapas, y que ahora es entrenador ayudante en el UCAM.

Sánchez Bernat era un 2-3 de 1,96. Su juego fue evolucionando poco a poco: al principio destacaba por su energía, por un tremendo despliegue físico. Luego se fue haciendo más inteligente y refinando el tiro exterior. A cuenta de todo tuvo una buena carrera. Ilerdense, pertenecía a la cantera del Granollers, con el que debutó en ACB en la última campaña del club en la élite, la 92-93. Tenía 17 años y, extrañamente, no fue en un partido que estuviese ya sentenciado. Fue en una visita al TDK Manresa que acabó con victoria del equipo de nuestro protagonista, que tuvo opción de jugar casi cuatro minutos al final de la primera parteAquí estan la estadística, aunque no deja muy allá a nuestro hombre (un triple fallado, un balón perdido y tres faltas cometidas). Su entrenador era Josep Maria Oleart.

“Lo recuerdo perfectamente. A lo mejor entonces no le das mucha importancia, pero con el tiempo lo acabas viendo como algo muy entrañable”, afirma, sacando un rato dentro de sus múltiples ocupaciones. No solamente es uno de los ayudantes de Oscar Quintana, sino que también dirige al filial del UCAM, que está en la Liga EBA. Y hace relativamente poco todavía andaba por las pistas: se retiró en el 2010, cómo no, en Murcia, una ciudad a la que llegó en la temporada 94-95 sin hacer mucho ruido, procedente del Mollet de Primera División. Empezó entonces un lustro vestido de rojo que tuvo un poco de todo, incluyendo un descenso.

Del 99 al 2001 regresó a Cataluña para jugar con el Girona, pero Murcia seguía tirando y en el 2001 regresó. Vivió otro descenso, pero también otro ascenso, hasta el 2007. Un pequeño paréntesis en las LEBs Plata y Bronce en la zona (Torrevieja, Santa Pola y Archena) dio paso a su despedida de las canchas ‘en casa’ y en ACB, una competición en la que totaliza 288 partidos (6,4 puntos de promedio). La cifra se engrandece cuando se circunscribe a solo encuentros con el Murcia: 374. Nadie le supera.

“La verdad es que solamente puedo estar contento de haber jugado muchos años en la ACB y en la LEB. Ha sido un orgullo y un placer identificarme tanto con Murcia, que fue quien me dio la oportunidad de asentarme y en los últimos años de poder abrirme camino como entrenador”, afirma. Va camino de asentarse en el arquetipo de ‘hombre de la casa’, ya que su entrada se produjo justo después de su retirada de las pistas como ayudante de Luis Guil. Ya llevaba con la idea en la cabeza algún tipo, completando los sucesivos cursos de entrenador. “Es más difícil que ser jugador. Sobre todo, es muy diferente”, reflexiona, valorando mucho el hecho de haber sido profesional hasta hace poco. “Sabes cómo piensa y cómo siente el jugador y eso indudablemente te ayuda”, añade.

Una de sus tareas son los montajes de vídeo, algo que suele decir que poco menos que aburre a los jugadores. ¿También le pasaba a él? “Un poco quizás sí. Cuando eres jugador, no valoras todo el trabajo que hay detrás. Pero la única intención es mejorar, sacarle partido a cualquier aspecto del juego para los partidos. Cuando es así, te sientes muy recompensado”.