Joan Pera: Identificado con el ‘pío pío’

Joan Pera: Identificado con el ‘pío pío’
Como jugador.

Javier Ortiz Pérez

El puesto de delegado siempre me ha parecido muy difícil. Es uno de esos sitios en los que, si lo haces bien, no se nota absolutamente nada, pero si metes la ‘gamba’ te llueven palos por todos lados. No es de extrañar que normalmente sea gente de mucha confianza quien lo ocupe. Y Joan Pera se la ha ganado desde hace un cuarto de siglo en el Herbalife Gran Canaria, el equipo en el que pasó la buena parte de su carrera jugando.

No, no se trataba de una estrella, sino de más bien de un jugador de equipo, con una gran habilidad para el pase no siendo base, sino alero, a mitad de camino entre el ‘2’ y el ‘3’. Nacido en Calella y criado en la cantera del Cotonificio de Badalona, llegó a disputar la Liga Nacional, antes de que surgiese la organización ACB en 1983, cuando formó parte del Licor 43 que fue la gran revelación entonces y un año después descendió. Tras un año en el Español, en 1986 tomó una decisión trascendental en su vida: aceptar la oferta del Coronas Las Palmas, el actual Herbalife Gran Canaria, el Claret ‘de toda la vida’.

Sus seis últimas temporadas como profesional las pasó en aquel equipo, que por entonces ni siquiera vestía de amarillo, sino de blanco o de azul y que por entonces no era tan estable como ahora. En ese tiempo, Pera vivió en distintos papeles dos ascensos de Primera B a ACB y dos descensos de ACB a Primera B. En fin… el clásico equipo ascensor, un papel felizmente olvidado ahora en el Centro Insular de Deportes.

Tras retirarse en 1992 con 188 partidos ACB (6,5 puntos por partido), se quedó en el club… donde ahora tiene que estar un poco pendiente de todo como delegado, sobre todo de no fallar, claro. Y ahí sigue, asistiendo al enorme crecimiento del equipo en estos años. Clave fue que se casó con una chica canaria, Carmen García.

“Me quedo con que gracias al baloncesto he conocido a mucha gente que me ha ayudado a formarme como persona”, afirma, definiéndose como “un jugador inteligente dentro de la pista, que siempre jugaba para el bien del equipo”.

En estos 17 años como delegado del primer equipo ha seguido disfrutando del baloncesto. Según cuenta, “no me costó mucho la transición a la nueva vida, gracias a la familia y al Granca, pero eso no significa que no echase de menos jugar, claro”.

Si queréis conocer un poco más su historia y algunas anécdotas impagables que ha vivido como delegado, podéis acudir a esta entrevista que le hacen en una web llamada Tinta Amarilla.