Marcelo Nicola: Relámpago argentino

Marcelo Nicola: Relámpago argentino
Levantando la Recopa con el Tau (Foto: El Correo).

Javier Ortiz Pérez

Él dice que no merece mucho la pena plantearse las cosas que no tienen solución, pero estoy seguro de que a Marcelo Nicola le hubiese encantado nacer 5 o 6 años después. De haber sido así, hubiese formado parte de la ‘generación dorada’ de Argentina, un país del que me atrevo a decir que fue el mejor jugador durante algún tiempo, a principios de los años 90.

Nicola fue clave en los primeros éxitos del Baskonia: su presencia como español era un salto de calidad enorme, teniendo en cuenta además que lo hacía en una posición tan ‘golosa’ como la de ‘2-3’ alto. Y bien alto que era: estaba en 2.07, pero se movía con una rapidez enorme y hacía mucho daño con el tiro a media-larga distancia. Fue un gran descubrimiento de Alfredo Salazar y su gente. Vino de la mano de Walter Guiñazú, pero quien se asentó en Vitoria fue él.

Como jugador del entonces Taugrés estuvo siete temporadas, que incluyeron un antigua Recopa y una Copa del Rey. Sin embargo, a partir de 1996, cuando se marchó al Panathinaikos (después de promediar 17 puntos y 5 rebotes) y luego al Barcelona, no tuvo tanta regularidad, batallando con las lesiones. Sí volvió a atisbar un alto nivel en la Benetton, donde completó otra fase larga (1998-2004) y recopiló más títulos (otra Recopa, dos ligas y tres copas). Tras una temporada en Ucrania, regresó a Italia (Siena y Reggiana) y protagonizó un regreso frustrado al Tau, justo antes de la retirada.

Desde entonces (2007) ha estado haciendo una lenta traslación a los banquillos que le ha terminado trayendo de regreso a la Liga Endesa como ayudante de Óscar Quintana en el UCAM Murcia. Hasta llegar aquí ha colaborado en las categorías inferiores de la Benetton, en su cuadro técnico del primer equipo, y hasta entrenó en categoría regional también en Italia. En tierras pimentoneras se le abrió una oportunidad de la que, asegura, está disfrutando, aprendiendo. Buenos referentes no han faltado en su carrera, desde Manel Comas a Simone Pianigiani, pasando por León Najnudel, Julio Lamas, Ettore Messina, Zeljko Obradovic y hasta Mike D’Antoni. “Jugar es mucho más divertido, pero entrenar también lo es”, asegura.

Según cuenta, está “contentísimo” de su carrera, “de los títulos, de los sitios en los que estuve, de los compañeros, de los entrenadores”. Y, a pesar de, como dije al principio, haber nacido un poco ‘pronto’, también se muestra orgulloso de su aportación a la selección argentina, que defendió en todas las categorías. Estuvo en dos Mundiales y en unos Juegos Olímpicos. “También puedo pensar que pude haber llegado a la NBA, porque en mi época había muchas más barreras que ahora para un jugador como yo, pero eso ya no tiene remedio”, añade. De hecho, fue seleccionado por los Houston Rockets en 1993 con el número 50. Sus derechos fueron cedidos a otro equipo al que le gustaba mirar fuera como los Portland Trail Blazers, pero nunca se concretó nada.

Y… ¿cómo se ve él? “Creo que era un jugador diferente, porque con mi altura no era muy normal por entonces jugar de cara a la canasta”, afirma, dando por bueno el tópico de la extrema competitividad de los argentinos: “Es algo que no se puede enseñar y que está relacionada con la educación que tenemos allí, sobre todo los de mi generación, que hemos pasado mucho tiempo en la calle”.

Nicola tiene su propia explicación sobre por qué no son tan habituales los argentinos ahora en España. “La crisis es muy fuerte aquí. En la liga argentina quizás se cobre un poco menos, pero están más tranquilos, cerca de la familia”, explica.