Pedro Rodríguez: El auténtico ‘Carpanta’

Pedro Rodríguez: El auténtico ‘Carpanta’
Machacando (Foto: Gigantes)

Javier Ortiz Pérez

La primera vez que escuché a Andrés Montes ponerle el mote de ‘Carpanta de los rebotes’ a un jugador no fue referido a Dennis Rodman, sino a un pívot pequeño y rocoso llamado Pedro Rodríguez que era un auténtico fijo en el Estudiantes. En realidad, Montes no diría “fijo”, sino algo así como “standard” para referirse a jugadores clásicos identificados con un club. Era el caso claro de Rodríguez.

‘Pedrolo’ no era un virtuoso de cara al aro, pero era el rebote en sí mismo, un maestro de la colocación y de bloquear a su par. De escasos 2,02, llegó al ‘Estu’ en 1983, justo con la creación de la Liga ACB. Lo paradójico es que no era un producto del Ramiro de Maeztu: nacido en San Fernando de Henares, pasó primero por la cantera del Coslada y luego por la del Real Madrid, donde no encontró hueco en el primer equipo. Sí en Magariños, donde pasaría nada menos que nueve temporadas. Es fácil imaginar que sus ojos vieron el enorme progreso del club colegial, que pasó de luchar por la permanencia a ganar títulos como la Copa del Rey y hasta asomarse a la Final Four de la Euroliga.

Para ello se necesitaba gente comprometida como él. Y pívots nacionales que permitiesen la particular estructura de la plantilla, basada en gastar una de las plazas de norteamericano en un exterior que marcase diferencias, como fue primero David Russell y después Rickie Winslow. Él ya no conoció la etapa de Chandler Thompson, pero era un poco lo mismo. Gente como él, como Ion Rementería o más tarde Juan Antonio Orenga y Rafa Vecina ejercieron de perfectos escuderos interiores para John Pinone.

No fue su único club en ACB. Pasó tres temporadas en un creciente Pamesa Valencia (del 92 al 95) y otras tres en Girona (del 95 al 98). Quince temporadas consecutivas en la máxima categoría dan unas cifras globales espectaculares: 495 partidos, 9.683 minutos (20 por encuentro), 2.237 puntos (4,5) y 1.910 rebotes (3,9). Su carácter meramente defensivo y de trabajo duro lo explican dos datos: su récord de anotación en un partido es de ‘solo’ 22 puntos (temporada 86-87) y no llegó a anotar ningún triple en toda su carrera (lanzó 8). Sabía lo que tenía que hacer y lo hacía.

Su última campaña en activo fue la 98-99, cuando se repartió entre el Gijón de LEB y el Albacete de EBA. Desde entonces no se ha separado del todo de las canastas: tiene un hijo que juega en la cantera del Estudiantes y trabaja en el departamento comercial de Mondo Ibérico, una empresa que hace instalaciones deportivas y proporciona material como canastas, marcadores y demás.

Hace unas semanas tuve el placer de colaborar con la revista ‘Tú al Ramiro y yo a Badalona’, un interesante proyecto que pretende resaltar los paralelismos entre las dos canteras históricas del basket nacional, la del Joventut y la del Estudiantes. En su número 2 contenía una entrevista con Pedro que os recomiendo. En ella cuenta una anécdota espectacular sobre la Copa del Rey ganada en el 92: “el club nos hizo una réplica de la Copa, pequeñita, para cada uno… pero quería que la pagásemos y yo me negué. Yo ya había ganado la Copa, no necesitaba una réplica. Hace mucho me llamaron para decirme que todavía la tenían, que si la quería… a estas alturas”.

Seguro que cuando le dijeron que tenía que pagar por la réplica se cogió un buen… rebote.