Jorge León: Plantarle cara a un linfoma

Jorge León: Plantarle cara a un linfoma
En acción con el LAN Mobel (iraurgisb.com)

Javier Ortiz Pérez

Tengo debilidad por los jugadores que han disfrutado solamente de un partido en la ACB. Es un momento fugaz, casi siempre con el marcador decidido, que a todos les pasa inadvertido menos al propio protagonista. Jorge León cumple ese requisito: disputó 24 segundos en un Real Madrid-Lobos Cantabria de la temporada 98-99. Luego fue un pívot bastante protagonismo en EBA, pero su historia es mucho más: acaba de regresar a las pistas después de superar un linfoma, un tumor, un cáncer. Llamadlo como queráis: todas las palabras de este tipo son igual de terribles.

León, nacido en Suances (Cantabria) hace 31 años, prometía, como indica su presencia en el desaparecido Siglo XXI y en la selección española cadete. Mide 2,05, aunque él lamenta algo fundamental que marcó su trayectoria: “Quizás empecé demasiado tarde, con 15 años. La verdad es que no me gustaba mucho el baloncesto y no le puse verdadero interés hasta entonces. Si hubiese podido aprender y entrenar más tiempo, seguramente habría llegado más lejos en mi carrera. Esto es un poco suerte muchas veces”, cuenta.

El Cantabria le recuperó en 1998 y alternaba la participación en el filial de EBA con ayudar en los entrenamientos en ACB. Quino Salvo le dio cancha en algunos amistosos y también esos 24 segundos en la pista del Madrid. “Eso es algo que no se olvida. Fue mi mejor época, algo realmente increíble. Todo el mundo me trataba fenomenal y los compañeros me consideraban uno más. Aprendí muchas cosas con Marc Jackson, con el que me quedaba después de los entrenamientos, y también de Jackie Espinosa”, recuerda.

León no pudo asentarse en el primer equipo (“estuve a punto de dejarlo”) y empezó a buscarse la vida baloncestísticamente aquí y allá, casi siempre en EBA y algo en LEB-2. Pasó bastante tiempo en Extremadura (Doncel, Mérida, Badajoz) y también completó muy buenos números en Azpeitia con el LAN Mobel (ficha en feb.es). Hace cinco años regresó a su Cantabria natal, donde compatibilizó el basket con ayudar a su padre en la construcción.

En la temporada 2010-11 tuvo sus mejores estadísticas en el equipo de Torrelavega en el grupo A: 18,7 puntos y 11 rebotes. Pero justamente el día que cumplía 30 años, el 5 de septiembre del 2011, su vida cambió. “No soy muy presumido, pero me dio por mirarme al espejo y vi que tenía un bulto en el cuello. También notaba que tenía problemas haciendo pesca submarina, que es algo que me gusta mucho. Así es que me hice varios análisis y finalmente, tras la biopsia, se supo que era un linfoma”. Lo narra con una gran naturalidad, tengo que decirlo.

Increíblemente, en ese proceso continuó jugando hasta seis partidos. “En el último de ellos logré 14 puntos y 8 rebotes”, asegura. Luego fue operado y recibió las preceptivas sesiones de quimioterapia, lo que le apartó de las pistas durante el resto de la campaña. “Lo pasé muy mal. Perdí todo el músculo y dos de mis tíos murieron de cáncer durante esa época. Pero conseguí recuperarme y aquí estoy”, añade.

El “aquí estoy” está relacionado con el baloncesto. Los sucesivos análisis fueron dando cada vez mejores noticias y se vio con fuerzas para fichar por el Pas Piélagos, donde promedia 11,7 puntos y 7,6 rebotes jugando 29 minutos por encuentro, aunque diga que le “costó bastante”. “Creo que si estoy aquí es gracias a haber hecho deporte toda mi vida. Eso me ha dado fortaleza”, apunta. Hasta ha vuelto a bucear.