Óscar Moglia: Uruguayo con ADN de basket

Óscar Moglia: Uruguayo con ADN de basket
Ósky Moglia, en Granollers en 1991. (Don Basket).

Javier Ortiz Pérez

El apellido Moglia es fundamental en la historia del baloncesto uruguayo. Óscar Moglia ‘padre’ de hecho está considerado por muchos como el mejor jugador de la historia del país, incluso por delante de Tato López o del ex NBA y ACB Esteban Batista. Fue el líder de una selección que ganó el bronce en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Logro inimaginable ahora, claro. A su hijo, llamado igual, lo tuvimos por aquí unos años, pero con poco tiempo en las pistas. Por aquel entonces (finales de los 80), el proceso de las nacionalizaciones era, digamos, más lento que ahora, y apenas tuvo opciones para demostrar si era un jugador válido.

Moglia, conocido como ‘Osky’ en su país para distinguirle de su padre, fue fichado en 1989 por el Granollers. Tenía 23 años y era un alero con buena pinta (2,03). Internacional, por supuesto. La gracia con él, sin embargo, era buscar el salto de calidad pudiéndolo utilizar como español. Pero tenerle a la espera, entrenando y sin opción a competir, no le hizo mucho bien. Y tampoco daba el nivel para alinearle como extranjero: en la campaña 89-90 Claude Riley se lesionó y él fue dado de alta, pero solamente disputó un partido en el que no llegó a anotar. Inmediatamente llegó Carey Scurry para ese puesto.

La temporada siguiente fue cedido al Lagisa Gijón. Y, ya como español, regresó al Granollers en la 91-92, pero se vio que tampoco era su momento. Solo disputó dos encuentros más (11 puntos y 10 rebotes en total), lo que dejó en tres su carrera ACB. Regresó a Uruguay, donde jugó con mucho protagonismo en la siguiente década en los ‘grandes’ del país. Ahora es representante de jugadores, incluyendo al propio Esteban Batista y otros compatriotas que también vinieron en su momento a España como ‘Panchi’ Barrera.

En una entrevista en el diario El País uruguayo contaba varias cosas sobre su carrera:

"El balance es positivo. Jugué cosas muy importantes. Ser Campeón Sudamericano en un Cilindro con 15.000 personas es inolvidable, y repetir dos años después en Venezuela no tiene precio. Son cosas que se valoran con el tiempo. En el momento te sentís feliz, pero es después que lo valorás. Aunque también hay cosas de las otras, como cuando quedé afuera de un Mundial, en el 97, por cuatro segundos, o cuando perdí un quinquenio con Welcome en la última pelota que no entró".

"Estoy orgulloso de ser su hijo, viajo a cualquier lado y me hablan maravillas de él y se me abren puertas, pero en algunos aspectos me perjudicó. Siempre me comparaban con él o me pedían algo más por ser el hijo de Moglia. Si me hubiera llamado de otra manera, me hubieran juzgado sólo por lo que yo era. Además, mi viejo era muy frontal y muchas veces tuvo problemas por esa manera de ser. Me pasaron a mí facturas que eran de mi viejo (…). Era muy exigente conmigo. Quería la perfección. Me aconsejaba constantemente y yo pensaba: ‘que rompebolas’, pero hoy que tengo hijos, me encuentro diciéndoles las mismas cosas”.

"Dicen que en algunas cosas me parezco a mi padre. Por ejemplo, en el pase inesperado. A mí me gustaba tanto convertir como darle el pase a un compañero. Eso lo heredé de él, aunque nunca lo haya visto jugar. Sin comparar, claro, porque él fue un monstruo".

Y vienen más Moglias por detrás. Los hijos de Osky, Santiago y Martín, juegan ya en la máxima categoría de la liga uruguaya. Y es que los genes son los genes.