Santi Barreras: Producto cántabro

Santi Barreras: Producto cántabro
Luchando por la posición con Warren Kidd.

Javier Ortiz Pérez

Santi Barreras perteneció a aquella hornada de canteranos que defendió valientemente la suerte de su club, el Cantabria Lobos, en la máxima categoría del baloncesto español. No parece que aquellos tiempos vayan a volver a Torrelavega, pero fue precioso que durante una época una ciudad de mediano tamaño, habitualmente emsombrecida por la belleza de la cercana Santander, se codease con los mejores equipos del país.

Un poco hijo de ese pabellón ‘Vicente Trueba’ surgió Barreras, un pívot limitado técnicamente, aunque muy voluntarioso y que imponía con sus 2,04. Quino Salvo, Dani García y Moncho Monsalve, los dos entrenadores que tuvo en el Cantabria, no le pedían más que fuerza bajo los tableros y que los interiores del rival al menos no anotasen fácil. Puede presumir de haber jugado en tres campañas distintas en el equipo siendo bien joven (99-2000, 2000-01 y 2001-02 y seis, doce y seis partidos), aunque nunca llegó a anotar más de una canasta en un partido para un total de 10 puntos en esos 24 encuentros.

Después de aquello llegó su única experiencia profesional fuera de Cantabria, en El Ejido, en la entonces denominada LEB-2. En el 2003 regresó al norte y ha sido un habitual desde entonces en distintos equipos de Primera en la zona (Laredo, Santoña y Colindres, su pueblo natal)… Se llevó un buen susto durante una época, ya que problemas cardíacos le aconsejaban dejar el baloncesto y le apartaron de un mayor recorrido a nivel profesional, aunque, según cuenta, “finalmente he podido seguir jugando con mis amigos de toda la vida”.

“Recuerdo muchas cosas de la época en ACB, claro. Fue una una etapa muy bonita en la que aprendí muchas cosas de muy buenos compañeros, como Joaquín Ruiz Lorente, Richi González, Santi Abad, Manel Bosch... entre tantos otros buenos”, apunta. Por supuesto, estuvo el contraste de una milagrosa salvación en la 2000-01 en el último encuentro y la amargura del descenso la temporada siguiente. “Para un chico joven como era yo es algo impresionante”, destaca.

Respecto a su papel, asume que “era de un perfil más defensivo que ofensivo y que incluso teniendo alguna carencia la intentaba suplir con las ganas de hacer bien las cosas. Si había que meter la cabeza por una pared, la metía. Era el equipo de mi tierra y los colores tiraban mucho”, apostilla.

Pudo terminar los estudios y ahora trabaja en una empresa que se dedica a la fabricación de tubería plástica.