Jaume Comas: De Barris Nord a la Acrópolis

Jaume Comas: De Barris Nord a la Acrópolis
Con el Lleida.

Javier Ortiz Pérez

Hace un par de días hablamos sobre José Manuel Beirán, un jugador marcado por una inesperada presencia olímpica. Hoy toca alguien que apareció también en unos Juegos cuando nadie apostaba por ello: Jaume Comas.

Tiene mérito. Si uno se asoma por primera vez a la actual Liga Endesa con 25 años (un puñado de partidos en el Cantabria Lobos dentro de una cesión en la 99-2000), lo que menos espera es que, cuatro años después y con 29, Mario Pesquera te incluya entre los chicos que buscaron (y no encontraron) la gloria en Atenas-2004.

Comas era un ejemplo de cómo se pueden escalar peldaños poco a poco hasta llegar a codearse con los mejores. Era un base que en principio no llamaba mucho la atención: correcto manejador de balón, defensor voluntarioso y de un tiro exterior que podía hacer daño si entraba en racha. Tras hacerse un fijo en la LEB en sitios muy distintos (Aliguer, Badajoz, Melilla…) encontró su lugar en el mundo en Lleida, aunque no resultó tan fácil. El ascenso en el 2001 le abrió las puertas de la ACB, siempre con ese paréntesis en Torrelavega donde sus 2,6 puntos no destacaron para nada.

En la capital ilerdense se hizo grande, pero de un modo discreto: convirtiéndose en el perfecto segundo base de gente de mayor nombre como Nacho Rodilla o Lucas Victoriano. Pero él siempre estaba ahí, para meter el triple en el momento justo o hacerle llegar el balón perfecto al Johnny Rogers de turno. En el 2004 Pesquera le llamó para la preselección y se hizo con el hueco. Lo supo faltando apenas tres días para el viaje a Grecia.

“Está claro que es lo más importante que ha pasado en mi carrera. Es muy difícil cuando vienes de un equipo pequeño, tras un camino largo. Tuve que recorrerme todas las ligas, pero al final lo conseguí. Fue curioso hacerlo convertido en el mejor segundo base de la ACB, o eso al menos me decían”, explica. “Para mí fue un regalo. En la concentración era uno de los ‘nominados’ constantemente. Disfruté mucho intentando ganarme el puesto y al final lo conseguí. Ah, y con 29 años también tuve que hacer cosas de novato, como pagar una cena a los veteranos. Compartí gastos con Rudy Fernández y Fran Vázquez”, añade.

La renuncia de Raúl López acabaría ayudando. En Atenas, nuestro hombre era el único base puro junto a José Manuel Calderón, pero a la hora de la verdad Pesquera tampoco demostró una confianza suprema en él. 8,7 minutos en siete partidos y 2,1 puntos.

Aquel verano del 2004 fue el cénit de su carrera. La siguiente temporada, el Lleida bajó inesperadamente, pero él continuó en el club, en la LEB, renunciando a la posibilidad de seguir en la máxima categoría. Es el jugador que más veces ha vestido esa camiseta azul en la historia. En total, Comas jugó 144 partidos ACB, con 19 minutos de media y 7,4 puntos y 2,1 asistencias.

En el Lleida permaneció hasta el 2008, concluyendo su carrera entre Girona y el Prat, este último en LEB Plata y como monitor de jóvenes valores del Joventut. “Me encontraba bien físicamente y era otro filosofía”, dice. Eso se interconecta claramente con la que es su actividad actual: está en el gabinete técnico de la Federación Española, controlando a promesas y acudiendo los veranos a concentraciones de algunas selecciones, como la U17 y la U18. También entrena a los juniors de un pequeño club catalán, el Vilasar.

Sabemos cómo era Comas como jugador, pero… ¿cómo entrenador? ¿Cómo se define? “No soy muy duro, eh. Me gusta más bien hablar mucho con el jugador, convencerle de lo que queremos hacer. He tenido muchos entrenadores. Quizás el que más me ha influido sea Edu Torres, el que más tiempo me tuvo, aunque también hay cosas interesantes de gente como Aleksandar Petrovic, Andreu Casadevall y Martín Fariñas”.

No hay que descuidarse. Nunca se sabe cuándo los Juegos Olímpicos van a llamar a tu puerta.