Mario Butler: Dinosaurio panameño

Mario Butler: Dinosaurio panameño
Rodeado por los pívots del Collado Villalba (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

En un tiempo en el que no era nada habitual que los puestos de extranjeros los ocupasen no norteamericanos, el panameño Mario Butler dejó durante unos meses su impronta de calidad en España. Y en el Español. Fue en la temporada 87-88, cuando sustituyó al dominicano Alvin Scott, bajo el techo del Palacio de los Deportes barcelonés.

Fueron 28 partidos en los que Butler demostró una solidez enorme, confirmando las sensaciones que otro compatriota, Rolando Frazer, estaba ya desplegando desde hace tiempo en Manresa. 15,5 puntos y 9,2 rebotes, siendo esta última su gran especialidad: lideró la estadística de dos Mundiales, los de Colombia-82 y España-86, algo al alcance de muy pocos. Resultaba tremendo cómo cogía la posición y atrapaba los balones midiendo únicamente 2,01. Pero era un búfalo: ancho y obstinado. No tenía la finura de Frazer con el tiro a tabla, pero sí era un tipo súper rentable que sacó de muchos problemas al equipo de Lluis Cortés.

La del Español fue la única experiencia europea que tuvo junto con otros meses en Italia, porque por lo demás fue saltando de una liga a otra en Suramérica según convenía por el calendario: Puerto Rico, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México, Brasil… Incluso se asomó a la CBA estadounidense. Ya había estado en USA en la universidad de Briar Cliff, en Iowa, y fue seleccionado por los Warriors en la octava ronda de 1978. Todo un ‘mercenario’ (en el buen sentido) que estuvo jugando hasta pasados los 50 años. Impresionante.

Butler empezó entonces una carrera de entrenador en la que también ha dirigido en distintos países. En una entrevista que he encontrado en el blog de Ernesto McNally dice un par de cosas curiosas:

“Contrarresto el tamaño con la fuerza que tenía. Siempre me encontraba con un Tkachenko, un David Robinson, un Shaquille, a veces… Que son tipos con los que trataba de utilizar la velocidad y la fuerza”.

“Uno a veces se dedica nada más a trabajar y los frutos llegan. Si tú te concentras en cada cosa que haces, pues, pierdes la visión de lo que tienes que hacer. Todavía no me he sentado y mirado para atrás, por las cosas que he hecho, porque yo nunca he puesto una sola meta; sino, el trabajo siempre ha sido dar el 100 por ciento todos los días. Y cuando uno trabaja siempre salen cosas positivas”.