José Manuel Beirán: Plata en LA, muñeca y psicología

José Manuel Beirán: Plata en LA, muñeca y psicología
Beirán… y Villacampa (Foto: Nuevo Basket).

Javier Ortiz Pérez

José Manuel Beirán y la plata en Los Angeles en 1984. No, no es que este finísimo escolta leonés contribuyese decisivamente al éxito. Más bien fue el último alero de la rotación tras Epi, Margall, Iturriaga y Fernando Arcega. Pero dio mucho que hablar en su momento por qué entró por Jordi Villacampa, que había disputado el Preolímpico. Una decisión muy controvertida de ANTONIO Díaz Miguel.

Beirán, claro, tiene su propia opinión. Casi 30 años después reflexiona sobre aquella convocatoria que le llegó por carta, justo después de regresar de vacaciones de la India, donde no habían podido localizarle: “Había hecho una gran temporada con el Caja Madrid y seguramente me había merecido estar ya en el Preolímpico. Fue muy curioso que aquello me ocurriese a mí. Tenía 29 años y la vez anterior que había pasado por la selección fue a los 19”. Siempre se comentó que al seleccionador no le convencía la excesiva juventud de Villacampa, que Beirán era una alternativa más fiable en lo que era su gran especialidad, el tiro exterior. “Lo he comentado con él muchas veces, por supuesto. Para mí fue un inmenso honor estar en Los Angeles en la posición en la que había más competencia. Villacampa luego fue el mejor de España en su puesto”, agrega.

La mayor parte de su carrera estuvo vinculada al Real Madrid, que le reclutó en una de aquellas ‘operaciones altura’ cuando su deporte era más bien la natación. Lolo Sainz fue quien fundamentalmente apostó por él. Pero también encontró demasiada oposición entre los aleros (Brabender, Delipagic, Delibasic y, de nuevo, ‘Itu’). Tras un par de cesiones (Valladolid y un Inmobanco que ejercía casi de filial), acabó encontrando su sitio en el Caja Madrid. Aquella campaña 83-84, la primera tras la creación de la ACB, fue la de mayor media anotadora de su carrera, 17,6 puntos.

“Yo era un jugador que nunca dejaba de entrenar. A veces me decían que tiraba demasiado, eso sí. Pero también tuve mala suerte. En el Madrid, justo cuando estaba mejor, me lesioné en una rodilla. Estar en los Juegos Olímpicos acabó resultando un buen premio”, añade.

Sin duda vivió un momento amargo cuando en el 86 asistió al descenso del Caja Madrid, un proyecto que ya no se repondría. Un breve regreso a Valladolid y dos últimos años en Tenerife a buen nivel fueron sus dos últimas experiencias profesionales.

Después de eso ha tenido tiempo para todo. Fue el primer presidente de la ABP, el sindicato de jugadores, del que ahora es gerente. Y, como fue un chico aplicado, al tiempo que jugaba se sacó la carrera de Psicología, un campo que ha aplicado en el deporte con bastantes argumentos a favor, trabajando de nuevo para el Real Madrid, entre otros. Sacó el título de entrenador nacional, aunque no ha ejercido más allá de entrenamientos personales con profesionales durante los veranos para que mejorasen su tiro. Hasta hizo una segunda carrera: Historia del Arte.

Por todo eso, parece muy adecuado preguntarle por cómo debe afrontar un jugador su vida posterior al baloncesto. “Es paso muy complicado, muy duro. Lo que hay que hacer es irse preparando incluso desde antes de retirarte, porque si te llega de repente sí que te puedes llevar un buen golpe. Es difícil que en lo que hagas posteriormente al baloncesto puedas vivirlo con tanta pasión, con tanta intensidad”, dice.

Como sabréis la mayoría, José Manuel es padre de uno de los valores emergentes en la Liga Endesa, Javier Beirán, que ha terminado explotando en el Herbalife Gran Canaria tras formarse en la cantera del Real Madrid y debutar en el Estudiantes. Así define el padre al hijo: “Creo que su carrera va bien. No destacó mucho cuando era niño porque físicamente no era un portento, pero eso terminó siendo bueno para él, porque le hizo esforzarse más. No es un espectacular, pero sí un gran jugador de equipo, y si un entrenador como Pedro Martínez le está dando ese protagonismo, es que debe ir muy bien”.