Sergio Cortés: No fue profeta en la Alhambra

Sergio Cortés: No fue profeta en la Alhambra
Cromo en la temporada 95-96.

Javier Ortiz Pérez

A Sergio Cortés siempre le quedará la espina clavada de no haber podido triunfar en su ciudad de nacimiento, Granada. Con el Oximesa debutó en la ACB siendo muy joven, en la temporada 87-88, y tras un paso por Almería, volvió a tener la oportunidad de saltar a la cancha con el equipo en la 89-90, pero poco. Cinco encuentros. El caso es que años después sí se mostró como un pívot de aceptable nivel que se defendía bastante bien desde sus 2,04. Fue en Gijón, en la etapa de su carrera que recuerda con mayor cariño.

El ‘topicazo’ de que es difícil ser profeta en la tierra de uno se expresa bien con él. Cortés es granadino e imagino que para él tuvo que ser un gran momento estrenarse en la máxima categoría al lado de los hermanos Álvarez, Nacho Suárez, Tony Hartshorne o Joe Cooper, creo que de la mano de Rafael García Montes. Tenía 19 años. En su siguiente ocasión, metido más en la dinámica del primer equipo, apenas tuvo tiempo para desarrollar su juego. “No tuve suerte con los entrenadores”, se queja.

Pero eso lo compensó su cambio de lugar. En 1992 se fue a la otra punta de España, a Gijón, donde ya pudo crecer como jugador, al principio en Primera B y luego en su única campaña de participación más o menos constante en ACB, la 95-96, cuando jugó 24 partidos. No tenía mucha participación ofensiva (lanzó 18 tiros de dos y 7 triples en total), pero sí estaba integrado por completo. “Siempre le estaré agradecido a Bill McCammon. Confió en mí como profesional. Fueron años muy buenos. No tuve la suerte de tener entrenadores que me enseñaran antes”, añade.

En la actualidad es vigilante de seguridad en Gijón, donde se casó con una chica asturiana. Tiene dos hijos.