Walter Guiñazú: El 'corralito' nos lo devolvió

Walter Guiñazú: El 'corralito' nos lo devolvió
Con Ourense (92-93).

Javier Ortiz Pérez

Walter Guiñazú llegó desde Argentina al Taugrés Vitoria de la mano de Marcelo Nicola. Era 1989 y ambos llegaban con la misma etiqueta de jugadores de enorme futuro que, en un breve plazo, podían obtener el pasaporte español y ser muy valiosos. No hay que olvidar que entonces no era nada fácil alinear a extranjeros más allá de los dos que permitía la normativa. "Yo era un chico de 17 años y aquello fue una revolución. Con lo que pagaron por mí pudieron fichar a dos americanos aquella temporada", recuerda.

Guiñazú era bastante parecido a Nicola: un alero alto (2,02), potente, con capacidad para hacer un poco de todo. Ambos lideraron juntos al equipo vitoriano en el título nacional junior, pero en 1991, sin llegar a debutar en Vitoria porque el pasaporte se retrasaba, optó por marcharse al Mayoral Maristas en lo que fue el último año de existencia del club que entrenaba Javier Imbroda y movía en los despachos Jacinto Castillo. Esa 91-92 y la siguiente, 92-93, en Ourense, fueron sus únicas temporadas en la ACB, sin dejar mucha huella estadística (4,4 puntos y 1,2 rebotes en 12 minutos de media en 54 partidos).

Tras un fichaje frustrado por el Salamanca (no era seleccionable), volvió a su país, donde permaneció una larga década con bastante protagonismo en varios de los grandes, como Gimnasia y Esgrima, Olimpia Venado Tuerto, Ferro Carril o Peñarol Mar del Plata. Parecía asentado, pero en el 2002 el famoso 'corralito', con el desplome de la economía argentina y una inseguridad creciente le llevó, junto a su entonces pareja, a buscarse la vida de nuevo en España. Lo hizo durante unos años en LEB-2 (Guadalajara), LEB (Melilla) y EBA (Córdoba y Axarquía).

Lo dejó en el 2004 y se estableció en Melilla, donde conoció a su actual mujer y madre de sus "preciosos mellizos". Allí, en la ciudad autónoma, comenta que es feliz, gestionando una empresa de servicios deportivos (campus, eventos, actividades acuáticas...). También fue representante de jugadores durante una época. Cuando mira atrás, lamenta no haber tenido el éxito que, sin ir más lejos, disfrutó su compañero de viaje, Nicola, pero se lo toma con la clásica filosofía argentina. "¿Sabes? La suerte es el momento. No tiene que ver con el talento. He visto jugadores que les ha ido mejor que a mí siendo peores y a otros que eran peores que yo y llegaron menos lejos". En su opinión, le perjudicó ser un 'todoterreno' y no un especialista en algo concreto: "Podía jugar de 2, de 3 y de 4. Corría, tiraba, defendía... Hacía un poco de todo".

Lección particular: Esperemos que, si hay algo similar a un 'corralito' en España, no se nos vayan nuestras figuras nacionales.