Rimas Kurtinaitis: Triplista de la escuela lituana

Rimas Kurtinaitis: Triplista de la escuela lituana
Ahí le tenéis, abajo a la izquierda, tras ganar el oro en Seúl. Cuánto grande ahí. Curioso: tres de los de la fila de arriba están muertos.

Javier Ortiz Pérez

Ahí le tenéis, abajo a la izquierda, tras ganar el oro en Seúl. Cuánto grande ahí. Curioso: tres de los de la fila de arriba están muertos. Rimas Kurtinaitis es uno de esos nombres mitiquísimos de la infancia, formando parte de aquella selección de la URSS que lo ganó absolutamente todo. En España también le pudimos ver, primero un par de meses en Huesca sustituyendo a Valeri Tikhonenko (92-93) y después durante casi dos temporadas en el Real Madrid (93-95). En los últimos años ha reaparecido un poco en el paisaje del gran baloncesto, ya desde el banquillo: ganó la Eurocup con el Lietuvos Rytas y ahora dirige al Khimki en la Euroliga.

Kurtinatis era, sobre todo, un triplista, aunque también tenía una buena lectura del juego y no le hacía ascos a correr el contraataque. Fue pionero en dos cosas fundamentales: fue el primer jugar en salir de la antigua Unión Soviética a jugar fuera (al Brandt Hagen alemán, en 1989) y también rompió fronteras acudir como invitado al concurso de triples de la NBA en 1989, en el que, visiblemente nervioso, lo hizo bastante mal.

Jugador de la talentosa escuela lituana, por supuesto que firmó grandes equipos anotadores en la mayor parte de equipos en los que jugó. Alrededor de 20 puntos en el Zalgiris en los 80, sobre 30 en Alemania, 27 en una rara experiencia en Australia (fue el primer europeo en jugar allí)... En la ACB tenía otro papel y había rebasado la treintena ya: 13,1 en Huesca y 10,8 en cada de sus dos campañas en el Madrid.

Con la URSS logró la triple corona (Mundial, Europeo y Juegos Olímpicos, los del 88), aunque seguramente le hizo más ilusión el bronce en Barcelona-92 con Lituania, país en el que fue ministro de Deportes desde 1997 a 2001. Fue entonces cuando, superados los 40 años, volvió las pistas en Azerbayán en el papel de entrenador-jugador. También dirigió a esa selección.

Hace un par de años, los amigos de Tirando a Fallar, dirigidos por el gran Vicente Azpitarte, le hicieron una entrevista de la que he extraído algunas frases:

"Echo de menos mi vida como jugador. Ganas un buen salario haciendo lo que más te gusta. Entrenar es diferente, hay mucha presión".

"Para jugar tienes que ser inteligente. No creo que haya mucha diferencia entre el baloncesto de los 80 y el de ahora. El de ahora quizás es más rápido, pero sigues teniendo que meter los tiros libres de dos en dos. Hay jugadores que cobran un millón de dólares y fallan muchísimos".

"Jugué en muchos, pero el país donde más me gustó hacerlo fue España. Madrid es una ciudad perfecta. Y el Real Madrid, el mejor equipo. También en fútbol".

"La experiencia en el All Star fue muy difícil. Ahora no importa de dónde seas para jugar en la NBA. Eres brasileño o español y te tratan igual que a los de allí. Pero en aquel entonces fui yo solo. Había mucha presión, todo el mundo pendiente de mí.

Decían 'ahí viene el chico ruso que cree que puede ganarle a los nuestros'. Tampoco tuve tiempo para prepararlo y el triple está allí más lejos. Yo estaba allí solo y había 20.000 personas allí mirándome como si fuese un extraterrestre. No lo hice también como podía haberlo hecho".

Según contó, y esto creo que no se sabía hasta ahora, también se invitó a Oscar Schmidt y Drazen Petrovic, pero sus equipos no les dejaron acudir.

En su amplísimo currículum falta una Euroliga. La de 1985 la perdió en la final Cibona-Zalgiris. También estaba en la plantilla del Madrid que ganó la del 95, pero entonces solo podían jugar dos extranjeros en competición continental y fue el descartado por lógica: los otros eran Arvydas Sabonis y Joe Arlauckas: "Fue una decisión acertada de Zeljko Obradovic. Ganamos".

Sin bigote, sin greñas... Se hacen entrenadores y se vuelven seriotes.