Michael Young: De Houston y Pucela a la Copa de Europa

Michael Young: De Houston y Pucela a la Copa de Europa
Con el Fórum, machacando ante Wayne Robinson. (Foto: Gigantes del Basket)

Javier Ortiz Pérez

Michael Young vivió un punto de inflexión en su carrera deportiva en Valladolid, donde estuvo dos temporadas (87-88 y 88-89). Seguramente a orillas del Pisuerga consiguió la fuerza y la confianza suficientes como para protagonizar un lustro después una de las sorpresas más grandes de la historia del basket continental: la Copa de Europa que ganó el Limoges en 1993.

A Young le recordamos en España, sí, como un gran jugador ofensivo. Pero cuando llegó aquí estaba, se supone, lleno de dudas: había tenido una brillante carrera universitaria con la Universidad de Houston, llegando a dos finales consecutivas (y perdiéndolas) con un equipo de gente como Akeem (todavía sin h) Olajuwon, Clyde Drexler o 'nuestro' Larry Micheaux. Por lo que leo, ha sido el único 'Cougar' en la historia en jugar de titular los cuatro años de universitario.

Sin embargo, y tras ser elegido el 24 por los Celtics en 1984, en su periplo hasta Valladolid solamente consiguió jugar dos partidos con los Suns (84-85) y otros dos con los Sixers (85-86). Hasta dio con sus huesos en los Detroit Spirits de la CBA, donde empezó a recuperar su portentosa mano (26 puntos por partido).

Eligió bien yendo a Valladolid en 1987. Entrenado por Mario Pequera, era aquel un equipo en crecimiento, con una inteligente mezcla de veteranos (Mike Phillips, Juanito de la Cruz, Quino Salvo, Samuel Puente) y jóvenes (Miguel Angel Reyes, Silvano Bustos), con un gran (e infravalorado) base como Alonso dirigiendo las operaciones. Young creció bien en ese ecosistema, en un perfecto papel de ejecutor. Tenía un gran tiro tras bote, penetraba con fuerza y podía, con esa estatura mágica de 2,00, jugar tanto de '2' como de '3' de forma muy competitiva.

Sus dos campañas en el Forum fueron casi exactas en cuanto a números: 23,4 y 23,9 puntos de promedio, 5,2 y 5,0 rebotes. Eso le dio fuerzas para intentar en 1989 de nuevo la aventura NBA. Esta vez sí consiguió jugar la temporada entera con los Clippers, aunque su papel no fuese muy relevante (4,9 puntos por partido). Su sitio estaba en Europa.

En Francia, en concreto. Tras pasar un año en Reggio Calabria, en 1992 desembarcó en el Limoges de Maljkovic. Con un equipo discretísimo en cuanto a nombres (bueno, vale, Dacoury y tal..., pero vamos...), se metió en la Final Four y derrotó sucesivamente al Madrid de Sabonis y a la Benetton de Toni Kukoc. Allí todo Dios defendía obsesivamente y alargaba las posesiones hasta el infinito. Y, cuando no sabían qué hacer, la bola llegaba a Young, que resolvía.

"Para mí la semifinal contra el Real Madrid fue el punto culminante de la Final Four. Era un gigante, un mito frente a nosotros. Pero lo hicimos y todo se hizo posible. (...) El entrenador fue capaz de hacernos creer que la Benetton no era tan fuerte como elos. ¡El Kukoc-Benetton! ¿Es que se puede imaginar eso? Y lo creimos. En la primera mitad, tuvimos la presión y jugamos mal. En el vestuario, nos dimos cuenta de que si queríamos, podíamos. El resto es historia. Sólo tengo una pena: ese año, el trofeo era feo. Yo soñaba con tener el viejo en mis manos. Se cambió de nuevo el año siguiente", recuerda.

Estuvo tres años en el Limoges (por debajo de los 20 puntos de media por partido, qué rareza, pero es que a aquel ritmo...) y uno en el Lyon, retirándose a los 35 en 1996.

Volvió a Houston, donde casi inmediatamente se puso a trabajar de nuevo con los Cougars en distintas funciones. Desde hace siete años es el director deportivo de la sección de baloncesto, con plenos poderes para en ese ámbito. Anteriormente había sido un año entrenador asistente y otros cinco preparador físico. Tiene cinco hijos. Entre ellos, Joseph está en el equipo, mientras que una de las chicas, Mayorca, está en el de atletismo.

Le envié un mail que me respondió corta, pero entusiásticamente: "Mis recuerdos de Valladolid son buenos. La gente fue muy amigable y es un gran sitio para jugar baloncesto. Tengo amigos a los que me gustaría ver. Me gustaría saber qué tal les va al entrenador y a los compañeros que tuve. Diel a todo el mundo 'hola' de mi parte y que añoro aquellos estupendos tiempos. Me encantaría volver pronto para hacer una visita".