Miguel Luna: El sueño del Maristas desde dentro

Miguel Luna: El sueño del Maristas desde dentro
Defendiendo a Arvydas Sabonis.

Javier Ortiz Pérez

Son miles las anécdotas que atesoro de aquella época… las comidas de hermandad después del entrenamiento de los viernes. El presupuesto era exiguo, las ganas de diversión muchas… así que con un pollo asado y una coca cola de litro, convocábamos semanalmente nuestras “polladas” en casa de José Pedro García, Enrique Fernández o Carlos Elejabeitia que podían prolongarse hasta altas horas de la madrugada (¿esto no lo leerá Javier, no? Que en cualquier caso el delito ya ha prescrito)

De la vida de color de rosa que viví en Málaga pasé a un año difícil, profesionalmente hablando, en Caja Madrid. Sólo con el tiempo he podido apreciar a los grandes amigos que hice allí y con los que todavía guardo el contacto.

Regresé a Mayoral antes de terminar la temporada pero el equipo ya no era el mismo. Todos nos habíamos hecho un poco mayores y el grupo se había disuelto.

Mi siguiente destino fue Melilla, mi ciudad natal, allí dónde todo el mundo se conoce, dónde sabe de quién eres hijo, dónde la gente te para por la calle para decirte que has jugado bien o MUY MAL. Sin reparos, sin complejos.

Terminé mi carrera en El Ejido (Almería) en liga EBA, luego 2º , 3º Y MAS , allí estuve unos años en los que comencé a abrirme paso laboralmente en otras facetas ajenas al baloncesto desde una tienda de ropa para gente joven, hasta la gestión de un gimnasio de hotel (¿alguien sabe lo que es hacer gimnasia con alemanes de 75 años de edad?).

Es una transición dura. Muy dura. Seguramente todos los que han sido deportistas profesionales saben de qué estoy hablando, de ver cómo tus sueños se esfuman, que crees que vas a poder vivir muchos años haciendo lo que más te gusta y, de repente, una lesión, el paso de los años… te hacen darte cuenta de que ya no rindes en la cancha como antes y que tienes que tomar una decisión… que ha llegado el momento de decir adiós.

Todo lo que viví como jugador profesional, las enseñanzas que me dejaron toda la gente que conocí, las experiencias… Absolutamente todo me ha servido en mi vida. El trabajo en equipo, la capacidad de sufrimiento, los sinsabores, la adversidad… cada uno de los momentos vividos ha sumado para que mi vida actual sea la que es.

En la actualidad trabajo en una distribuidora de música clásica como responsable de logística y almacenes. Nunca he podido desligarme del todo del deporte de la canasta y, junto a los partidillos que jugamos los amigos, he montado junto al que fue mi compañero en El Ejido, Juan Carlos Paradinas, una escuela de baloncesto en la que enseñamos a los niños a jugar, a comprender y a amar este deporte. ¿Quién sabe? Igual en un futuro una de mis dos hijas o cualquiera de los niños que hoy viven con tanta ilusión sus primeros pasos en este deporte, pueden llegar a ser futuras estrellas, pero sobre todo a comprender todo lo que el baloncesto puede darles, a hacerles mejores personas. Con eso ya habré cumplido mi objetivo".

Encantandor el tío, ¿no?