DELICIAS TURCAS

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El Real Madrid brindó con un excepcional triunfo en Estambul ante el actual camp

Antonio Rodríguez

El Real Madrid brindó con un excepcional triunfo en Estambul ante el actual campeón de Europa, Fenerbahçe (77-79), la cuarta victoria consecutiva en Euroliga a su club y a escena, su inquebrantable fe por la victoria.

            La calma del tercer cuarto del Real Madrid en el Ulker Sports llamaba la atención a los buenos paladares baloncestistas. El inicio y el 17-6 con la canasta de James Nunnally en los compases iniciales, vaticinaban un ambiente hostil y adverso, que a base de mucha, pero que mucha defensa, los blancos fueron reduciendo hasta la mínima expresión la anotación colectiva al descanso (36-37). Y es que, tras la salida del vestuario nuevamente, es como si ellos marcaran el ritmo al partido, que se apropiaran de ello. Podían perderlo –faltaría más. Es el Fenerbahçe-. Sin embargo, era como entrar en sus tierras pantanosas. Difícilmente transitables, pero las suyas. Una enorme fe por saber que en Estambul también se podía ganar, no lo empañaba ni tan siquiera tiros errados en momentos importantes, porque jugaban muy bien, porque eran imprevistos ya consabidos sobre la ruta marcada. En eso consistía su calma.

(Euroleague / Getty)
(Euroleague / Getty)

Rudy Fernández, viéndolo por televisión, les animaba con un tuit al descanso. Un lesionado más, un Real Madrid en cuadro y Walter Tavares, en una de las acciones más inocentonas de toda la jornada, se auto expulsa, dejando desguarnecido –más todavía- el juego interior. Inquebrantables, ya lo hemos dicho. Este Real Madrid ha construido en su competición más fuerte, la Euroliga, una base de compromiso entre todos con el bloque disponible, sin límites. Ahora mismo es como si fuese el plantel perfecto, con todas sus bajas y todos sus defectos, pero tan minimizados hasta tal extremo, que ganan, que son superiores, que se acercan a la perfección de lo que pueden dar los que hoy pueden jugar. Por supuesto que llegarán los momentos en los que se necesite la suspensión de Randolph, el corte contundente de Ayón y la cabalgada de Llull, que allá por mayo cualquier ayuda será poca. Pero ahora mismo, lo que muestran al resto, es una realidad de triunfo basado en un juego para el triunfo, perfecto.

            Porque Luka Doncic domina el uno contra uno, arma con el que cimentaron los de Pablo Laso el éxito de ayer. Y cuando da su terrible primer paso penetrando, así responda su defensor, así contrarréplica la joya eslovena. Y entra hasta canasta, o da el paso atrás para la suspensión o dobla el balón. Y lo más notable: cuando Laso sentó a un Felipe Reyes exhausto a falta de seis minutos para el final, con sólo Thompkins como declarado hombre interior, protegió su aro y capturó rebotes o impidió que las torres rivales –Vesely y Thompson, no lo olviden- los capturasen. Por eso llegó a los 20 puntos, y a sus ocho rebotes y 10 asistencias.

            Brad Wanamaker no se explica cómo pudo fallar la última suspensión, la de forzar la prórroga. Quizás le faltó esa fe final que en los blancos existía. La de una combinación sin fisuras, la de aunarse para ganar. La de escribir un capítulo más, en esta ocasión, en Estambul. La cuarta victoria consecutiva, la guinda de estas delicias turcas. 

(Euroleague / Getty)
(Euroleague / Getty)