INVIERNO EN LITUANIA

INVIERNO EN LITUANIA
¿Qué buscan los hermanos Ball, LiAngelo y LaMelo, en Lituania? El penúltimo clas

Antonio Rodríguez

¿Qué buscan los hermanos Ball, LiAngelo y LaMelo, en Lituania? El penúltimo clasificado, el Vytautas es un destino para crear la incertidumbre entre todos. ¿Menos a ellos?

Intentemos dejar a LaVar Ball por unos momentos al margen. Si en Lituania lo intentarán –aunque dudo que lo consigan-, ¿por qué no nosotros, aficionados españoles alejados de aquellas latitudes? Olvidemos por un momento el resoplido de alivio de los rectores de UCLA al ver que el mediano de la saga, LiAngelo, no jugará para su programa de baloncesto y se evitará no solamente un jugador –dicen que- mediocre, sino también las exigencias y mandatos de su progenitor. Centrémonos en eso que es tan difícil de hablar cuando salta a la palestra la familia Ball: de baloncesto. 

Los hermanos Ball, firmando el contrato con Vytautas (Foto: Vytautas).
Los hermanos Ball, firmando el contrato con Vytautas (Foto: Vytautas).

Se presentan los hermanos Ball, LiAngelo y LaMelo, 19 y 16 años respectivamente -no lo olvidemos- a jugar ‘overseas’. Más concretamente en Lituania, en el penúltimo clasificado de su liga, el Vytautas. Comencemos intentando limpiar el grano de la paja, ¿quién es LiAngelo? Pues sin haberle visto, dicen que bastante poca cosa como jugador. Alero bajito, musculado, por lo que su desarrollo físico parece completo, con poco tiro y poco…de todo ¿Y quién es LaMelo? Pues al margen de vídeos casi grotescos, lo que hemos podido ver es a un chico estilizado, que salía en los descansos de los partidos de su hermano en ligas de verano a realizar un show de tiro con el espectador galardonado de turno y el chaval tenía un lanzamiento increíble. Deduzco que algo calentaría en otro recinto anexo, pero era coger un balón y anotar a la primera desde seis metros, desde siete y desde ocho, daba igual. Era sombroso. Y eso no lo podemos negar, porque lo hemos visto con nuestros propios ojitos. Cuerpecillo de niño aún por formar, entre los de su generación lo etiquetan en Estados Unidos como el nº 7 de tan hipotético ranking. O sea, un puede-llegar-a-ser-estrella.

¿Qué es el Vytautas? Pues un club que juega tanto la Liga báltica como la doméstica de poco nivel, con una plantilla en la que todos son lituanos, con más que correctos tiradores, sobre todo –y curiosamente- los hombres interiores, en los que brilla el pívot Justas Sinica por su tiro de tres. Ya paseó sus talentos hace dos temporadas en San Pablo Burgos, con un promedio de 7.5 puntos en 20 minutos. Hombre de rotación en el líder de la LEB, líder actual de su equipo. Este es el paralelismo. Eso sí, buscan proyección en su pívot de 21 años, Regimantas Miniotas, por su movilidad para sus 2.06 de estatura. Plantel poco esforzados en defensa, de los que saben los conceptos, los cambios de asignación defensivos y demás tretas, pero cuya intensidad mínima pudiera significar que recibiesen 120 puntos de cualquier club de Liga Endesa. De cualquiera. Por eso van penúltimos en la liga lituana.

LiAngelo y LaMelo Ball (Leonard Ortiz / Orange County Register-SCNG)
LiAngelo y LaMelo Ball (Leonard Ortiz / Orange County Register-SCNG)

Una vez hechas las presentaciones… ¿por qué el Vytautas? ¿Por qué Lituania? Pues su liga en general puede ofrecer pocas prisas y paciencia para el desarrollo de ambos jugadores, aparte de una apuesta decidida por sus jugadores con proyección. No hay presiones en una competición donde al joven con talento, se le deja hacer con toda la calma. Como ha declarado recientemente Jonas Valanciunas, “es una gran oportunidad para ellos. Es el país perfecto para su desarrollo”. Y no le falta razón, porque Lituania es una de las cunas del baloncesto. Una cuestión: ¿ellos lo saben?

No deja de ser curioso que no sea otro el destino. Lógicamente –y por razones traviesas y obvias-, China no podía ser. Leo en la prensa estadounidense que buscan las comparaciones con otros chicos que tras el instituto, probaron ‘overseas’ antes de su intento de aterrizar en la NBA, sean Emmanuel Mudiay en China, Jeremy Tyler en Israel o Brandon Jennings en Roma. Nada que ver en ninguno de los casos. Las estadísticas de Mudiay en China no deben fascinar, viendo las facilidades que se ofrecen a los que llegan por aquellos lares a base de talonario, Tyler fichó por una liga de perfil bajo porque luego el tiempo demostró que su perfil, aunque el físico imponía, también era bajo. Y Jennings, estrella nacional de high school, poco sabía de este juego y se presentó en la Lottomatica Roma, equipo entonces de Euroliga, donde Jasmin Repesa se encontró con una gran atención mediática sobre un chico que, de táctica individual sabía más bien poco o nada. “Mi entrenador me usaba para defender y como tirador” declaraba el jugador años después a modo de afrenta. “Además, tuve problemas y retrasos a la hora de cobrar”. Ojo, que se llevó 1.2 millones por aquella temporada, que a los magnates romanos les tuvo que doler en el alma soltar cada fin de mes tal montante. En Euroliga hay que decidir. No se puede ir a desarrollarse nadie. Él no concebía eso y ahí le tienen hoy, que sigue con el mismo poco o nada conocimiento de táctica individual.

Vamos ahora a analizar el pack completo de los hermanos. Y repetimos: ¿por qué Lituania? ¿Por qué el Vytautas? ¿Estos chicos vienen a formarse? La circunstancia es que a LaMelo le faltan aún tres años para entrar en la NBA. Tres años, que son un mundo. ¿Su pretensión es progresar en Europa? ¿Progresar en qué? ¿En su juego o en su brillo? La jugada más cortoplacista de LiAngelo puede estar bien, pues su experiencia puede ser un escaparate para futuros equipos europeos, donde parece estar su lugar. Pero ¿LaMelo? Toda esta fama y el hype que acarrea puede enfriarse entre las nieves del invierno de Lituania y trabajar en un entorno totalmente desconocido para un angelino que no ha residido nunca en un lugar donde nieve. Unan otro idioma, otra comida y la búsqueda entre un mundo globalizado de aquello que le sea familiar. Pero podrá trabajar si quiere, y bien…si tiene la humildad de saber dónde aterriza. 

Elgirdas Zukauskas, una de las estrellas de Vytautas (fotodiena.it)
Elgirdas Zukauskas, una de las estrellas de Vytautas (fotodiena.it)

Y luego estará el padre. El tipo que todos damos por sentado que todo lo que haya a su alrededor serán tres o cuatro peldaños por debajo de “su baloncesto”. Y exigirá minutos en pista para sus chicos y marchamo de protagonistas en esa vanidad del personaje sin límites. Si este es el escenario, volvemos a preguntar de manera incesante, ¿y por qué Lituania? Este Lavar Ball ha enseñado a jugar a su hijo Lonzo y muy bien. Y Lonzo es la antítesis del egoísmo. Algo bueno tiene. ¿Y si de momento, el señor para por allí, les entrena y se empapa de un entorno propicio del que le habrán aconsejado? Que viendo jugar al Vytautas, créannos que no es la panacea ni un grial baloncestista como club. Que a nada que LaMelo muestre un pelín de actitud defensiva –que ahora será profesional-, se igualará a sus compañeros. Suponemos que se impondrá en cosas y dejará otras. Las reivindicaciones más importantes, las tendrá: minutos y tiros para sus hijos, sobre todo para un chaval de 16 años. Porque si hubiese decidido seguir con un aprendizaje de élite, se hubiesen ido a Belgrado. Claro, allí no jugarían todavía ni un segundo. Y la pretensión desde que aterrizan en tierras bálticas en enero, será que la estela de su brillo siga iluminando. Que sus triples (desde ya decimos que LaMelo se convierte en el mejor tirador de la plantilla) y sus highlights se encargarán de ello.

Pues toca esperar. Lavar, LiAngelo, LaMelo. O por orden de importancia cuando se les recuerde dentro de unos años, LaMelo, Lavar y LiAngelo. El invierno en Lituania tiene mucho poder de embrujo. Lo que no sabemos si el suficiente como para guiar los designios de la familia Ball.