Y AHORA…¿CÓMO ESTAMOS?

Y AHORA…¿CÓMO ESTAMOS?
Todos los medios han sido uniformes en calificar a nuestra Selección Nacional en

Antonio Rodríguez

Todos los medios han sido uniformes en calificar a nuestra Selección Nacional en la primera “ventana FIBA” de fieros competidores que nunca merecieron dudas sobre ellos. Tras recibir alabanzas por parte de todos, del que supuestamente pudiera ser un combinado “C”, ¿nos atrevemos a calificar ahora el nivel del jugador español?

        Tras una larga estancia en la zona mixta, atendiendo a todos los medios, un exultante Sergi Vidal se retiraba del pabellón, dispuesto a afrontar su regreso a Badalona, en la fría noche de domingo en Burgos. Casi una hora después de finalizar el encuentro, de sus 6 de 7 en triples y la victoria ante Eslovenia (92-84), con las botas en la mano, aún no había perdido la sonrisa. “Que sí, que metí 6 triples” vuelve a reivindicar en voz alta ante el periodista de Onda Cero, David Camps, al que ve en los pupitres de prensa. Y es que momentos antes le confesó que en un partido de Euroliga también anotó 6 triples, que esta locura con la Selección no había sido la única vez. Y buscando, efectivamente, en la temporada 08/09 ante Olimpia Milán logró el preciso y exacto porcentaje que frente a Eslovenia: 6 de 7. 

Relevo generacional: Sergi Vidal y Oriol Paulí (Foto FIBA).
Relevo generacional: Sergi Vidal y Oriol Paulí (Foto FIBA).

Un día estelar y un ejemplo más de cómo los componentes del Equipo Nacional regresaban a su vida rutinaria exultantes. Y se lo han ganado. Sobre todo los más veteranos. Fran Vázquez (34 años), Sergi Vidal (36 años) y Albert Oliver (39 años) han conseguido un nivel tal de compromiso, esfuerzo y competitividad en cada partido, que tienen toda nuestra admiración. Los gestos de rabia de Sergi a cada triple no salen de postín. Que Fran aguantase golpes y acometidas de Vidmar desde el poste bajo de manera estoica y continuada sin queja alguna o la sofocante presión al balón, al zarpazo sobre la posesión rival de Albert Oliver, son la explicación sobre la pista del orgullo reinante en todos nosotros por nuestros colores. Y créannos que no es escribir bonito para un artículo. Créanlo, porque en muchos aficionados, sí escucho ahora eso de “es injusto que a este grupo se les aparte cuando llegue el Mundial de verdad”. Porque nos han cautivado. Por todos y cada uno de los adjetivos descritos.

 

            Los jóvenes y los no-tan-veteranos han ofrecido disciplina y su capacidad física en pos del esfuerzo colectivo. Xavi Rabaseda, Javi Vega, Xavi López Arostegui, Jonathan Barreiro, Edgar Vicedo, Nacho Llovet, Sergi García, Sebas Sáiz o Víctor Arteaga pusieron fe en todas sus acciones y ensancharon el caparazón de nuestra fortaleza. Enorme fe y mucho oficio. Un gran líder en Quino Colom, que con su agresividad entrando a canasta y dividiendo defensas, encontró la conexión idónea con Fran Vázquez y la vida más fácil al resto. Pere Tomàs y Jaime Fernández, su clase y el qué-fácil-parece, a veces diluida durante los nueve meses de temporada, entre números más destacados de las estrellas en la Liga Endesa.

 

¿Diluida? ¿Cuánto más nos deslumbran las estadísticas de otros jugadores? ¿Cuánto valen estos jugadores? Asumiendo que no son estrellas –nos engañaríamos si dijéramos lo contrario, porque no todos están en la obligación de serlo-, forman parte del verdadero músculo de una liga: su clase media. Repetimos entonces: ¿Cuánto valen estos jugadores? Y más importante, ¿cuántos hay de ellos?

            Recientemente, Lucas Sáez Bravo publicó un estudio en el diario “El Mundo” en el que, con frías cifras, mostraba a las claras que el 71% de los jugadores de la Liga Endesa son extranjeros o más preciso sería decir, no seleccionables. Nos quedamos con un 29% de jugadores como los que nos hicieron vibrar en Burgos. Escaso, muy escaso. Tan poco, que es la que menos “producto nacional” ofrece entre las ligas más potentes del Viejo Continente.

La eterna pregunta: ¿son estos jugadores españoles de menor categoría que los de otras nacionalidades que pueblan las plantillas de nuestros equipos del alma? Definitivamente, no. Más baratos sí son, porque el club se ahorra su formación. Incluso en chicos de los llamados así, los de “formación”, los clubes se ahorran un puñado de años –y euros- en el desarrollo del chaval si llega a España con catorce, quince o dieciséis años. Pero haciendo un promedio, no son mejores.

Fran Vázquez, producto gallego, históricamente prolífica zona en talentos (Foto FIBA).
Fran Vázquez, producto gallego, históricamente prolífica zona en talentos (Foto FIBA).

O sea, que no se duda de la calidad de ese 29% y menos por parte del aficionado, al que les tienen un cariño especial. Ahora, ¿cuántos hay de esa calidad? ¿Más de ese 29%? Pues no podemos dar una respuesta precisa, pero tememos que si acaso, pocos más. Quino Colom ha conseguido un nombre y status importante fuera de nuestras fronteras. Pero su caso es especial. Los emigrados se cuentan con los dedos de la mano, porque como bien dice Sergi Vidal, para qué van a irse a otras ligas cuando aquí está la mejor –mientras haya hueco-. Si ahora tuviésemos que crear un Supermanager a imagen y semejanza del baloncesto español en su año previo a ser ACB, o sea, 14 equipos –sólo 14, ¿eh?- con 10 plazas más los dos junior de rigor, en la que solamente habría cabida para un extranjero, nos las veríamos y desearíamos. Habría que apuntar muchos de liga LEB, que tampoco está invadida precisamente de “producto nacional”. Pues esta es la realidad. Medallas de nuestro ‘escuadrón de élite’, el que nos representa en Mundiales, Eurobasket y Juegos, una llamémosla Selección “C” que nos ha hecho sacar pecho, pero un gigante con pies de barro.

No creemos que sea ninguna panacea el hecho de tener como en otros países, seis seleccionables por plantel y otros seis de cualquier nacionalidad. Incluso pudiera ser más contraproducente que el combo actual. Precisamente si hablamos de identidad en el juego, es más que probable se diese una tendencia a fichar seis americanos de un nivel medio, absolutos protagonistas en clubs que no sean ‘euroligos’, cuya predisposición del juego global sea la que ellos dispongan, con entrenadores claudicando a su comodidad y acoplamiento en la pista, que sería lo más rentable y hasta sensato. Nada que ver con nuestro sello de juego europeo que reconozcámoslo, gusta al aficionado que llena nuestras gradas. Italia lleva muchos años marchitada, entre otras poderosas razones, por su profuso desfile de americanos en sus rosters.

¿Y nuestros jóvenes internacionales, esos que rascan medalla cada verano? Su éxito es indiscutible. Es cierto que estas nuevas generaciones han aprendido a competir y el siguiente paso, el más difícil, ganar. Algo que hace 20 ó 30 años, no se daba. Pues poco más de un 30% de ellos, llegan a nuestra máxima categoría, a la ACB, si echamos un vistazo a las últimas selecciones nacionales sub-18. De las jóvenes aguas de la sierra, no llega abundante caudal. Y es que la proporción entre tal éxito internacional en formación con selecciones y la cantidad de jugadores para nutrir a los clubes ACB no es directamente proporcional. Durante el mayor boom del baloncesto conocido en nuestro país, el de los 80, acrecentado con la medalla de plata de Los Angeles’84, sí pudiéramos decir que había más cantidad de jugadores de calidad que se presentaban en edad junior en los siguientes 10 años, aunque no se llevasen medallas con la Selección en formación. Los triunfos no eran coto exclusivo de F.C. Barcelona y Real Madrid, sino que formaron grandes equipos juniors con éxitos y títulos el Joventut de Badalona, Estudiantes, CAI Zaragoza, Espanyol, Unicaja o el OAR Ferrol, diversificando el ramillete de campeones. Y los que no llegaban a élite, te soltaban un Pablo Laso con unas excelentes maneras. El músculo nacional que provocó en la clase media de la liga esa riada, fue enorme. Y ellos han sido la diferencia siempre. Porque estrellas habrá siempre. Si salen excelsos, asumimos que acabarán en la NBA. Pero el nivel de los que actualmente juegan en Euroliga, seguirá siendo parejo en un futuro. ¿El salto de calidad? Esta clase media.

Señalando al futuro, buscando la reafirmación (Foto FIBA).
Señalando al futuro, buscando la reafirmación (Foto FIBA).

¿Cuál es la asignatura entonces para incrementar su número? Pues pensamos que volver a empezar desde abajo, en los primeros pasos de los niños. Si no se puede con capital público (aunque, ojo, que aquí el cuento es diferente que el existente durante la bonanza económica. No se pueden exigir esfuerzos a entidades públicas para dilapidarlos en fichajes de mejores jugadores como flor de un día, sino por el trabajo y desarrollo con los más benjamines), pues a buscar sponsors. Nos enteramos que en Alemania, algunos clubes quieren apostar fuerte por poblar los colegios de canastas de mini basket. ¿Qué mejor escaparate hay a la hora de encontrar patrocinador, que el patio de un colegio? Pues a morir con una vertiente semejante. Nada nuevo en nuestro país, por cierto, de lo que se hizo en los años sesenta de la mano de Anselmo López.

Lo que queremos es la diversidad geográfica de nuevo entre una amplia expansión de las canastas a 2.60 de altura. Por tal motivo, nos parece fascinante a invasión en los colegios. Entendemos que las inversiones en cantera de los clubes, no son las mismas que hace unos lustros. Y que sin inversión, no hay resultados. Son matemáticas fáciles. También sabemos que en muchos clubes de la Liga Endesa se trabaja muy bien y se obtienen resultados. Nos resultan escasos. ¿Desde hace cuánto no salen jugadores de la talla de Fran Vázquez desde la provincia de Lugo o un José Manuel Calderón desde tierras extremeñas? ¿O salmantinas, o manchegas? Aunque con posterioridad a los 13 ó 14 años, sean “adoptados” por clubes de élite. Pero que haya una formación en cantidad hasta categoría infantil al menos, que el germen empiece a crecer. Cantidad y entre ella, buscar la calidad. Y esta apuesta depende de todos los estamentos, con preferencia a la Federación Española. En la mano de todos está tanto ‘plantar’ canastas en los colegios como más importante aún, una red de monitores y entrenadores de nivel básico, tan extendida como los buenos restaurantes en nuestra geografía, que formen de manera correcta a los niños desde sus primeros pasos.

Y con este paso, a pensar posteriormente en la asignatura en la que siempre suspendemos: ¿qué hacemos con el jugador desde los 19 a los 21 años? Tres de los años con mayor importancia en su proyección y que si no se es estrella, manejamos tan mal. Pero primero queremos un ejército de chavales empujando. Como reconocía el gran Zeljko Obradovic en una entrevista reciente a José Manuel Puestas para “Tirando a Fallar”, si la NBA se lleva muchos jugadores europeos, será cuestión de sacar más. Dejándonos de gimoteos. Tan simple como eso. Pues extrapolémoslo a España. Que salgan jugadores, los más posibles, que para ponerles etiquetas, tiempo habrá.

Pues esto es lo que hay. Que esta fantástica Selección Española de las “ventanas FIBA” nos haya hecho pensar en ellos y plantearnos cuestiones, es terriblemente saludable. Que en Badalona esperan un nuevo Vives y prefieren la apuesta por Sans, antes que un Mavra o un Vasiliauskas. ¿Qué no llegan al primer equipo? Pues a seguir creando.