ESPAÑA LO BORDA

ESPAÑA LO BORDA
La Selección Española se trajo dos victorias desde Podgorica y Burgos, logrando

Antonio Rodríguez

La Selección Española se trajo dos victorias desde Podgorica y Burgos, logrando crear unas sensaciones entre los aficionados españoles tan marcadas, que sin pensar en otros jugadores ni las circunstancias, a este grupo se les denomine Selección Española. Tal cual. Sin más.

Un equipo para enorgullecernos (Foto FIBA).
Un equipo para enorgullecernos (Foto FIBA).

Tenían que ver la cara de Sergio Scariolo a la finalización del segundo partido en Burgos, tras vencer a Eslovenia (92-84). Haciendo declaraciones a los medios, estaba realmente emocionado con el grupo que ha tenido entre manos. “No olvidaré nunca esta semana”. Y no era una pose. Dos victorias, unida a la conseguida en Montenegro (66-79) que han puesto en la palestra muchas sensaciones: la del propio seleccionador, orgulloso hasta la remarcada emoción de un grupo que apenas han jugado juntos y han puesto todo su compromiso en sus órdenes. La de unos jugadores que llegaron para defender el altivo nombre de nuestro Equipo Nacional y que venían, como decía Fran Vázquez, tras haber estudiado los sistemas que les fueron enviando a través del móvil. Y la de un deseo de todos de querer hacer bien las cosas, de esforzarse porque todo salga perfecto como única salida a la diversión, a que esta experiencia se única. Lo ha sido.

            Y es que el recibimiento en Burgos ayudó a acrecentar este compromiso (cuántas veces se ha repetido esta palabra durante el fin de semana entre tantos medios). Y llegaban los eslovenos. En Endesa Basket Lover no queremos decir tampoco que eran estos los vigentes campeones de Europa –aunque por nombre lo sean-. Sin embargo y a diferencia de los españoles, los balcánicos sí tenían hasta siete integrantes del grupo que alcanzó la gloria del oro en septiembre. Y de repente, empieza el partido. Y Jaime Fernández se encarga de marcar a la gran amenaza rival, Klemen Prepelic. Y Gasper Vidmar supera con relativa facilidad en uno contra uno a Fran Vázquez en poste bajo para abrir el marcador (0-2). Comenzó la batalla.

            Sergio Scariolo tenía claro que pretendía poner en cancha el quinteto más atlético del que pudiera disponer. Y con Quino Colom, Jaime Fernández, Xavi Rabaseda, Edgar Vicedo y Fran Vázquez, esto se conseguía. Era como la identidad de este combinado. Y lo primero que vemos es que gracias a sus privilegios, se asegura el rebote defensivo, porque los capturan muy, muy alto. Y ante nuestros ojos se abre la sintonía entre Colom y Fran Vázquez. Se entienden perfectamente en el pick&roll, como dos maestros que son de la jugada. Y cuando se repite una vez y otra vez y otra vez y se saca rendimiento, el seleccionador Radovan Trifunovic debe solicitar tiempo muerto a falta de 05:31 para la finalización del primer cuarto (11-8), porque su defensa no funcionaba frente el reiterado acierto que estaba presenciando.

            En esos momentos, el único problema español existía en la figura de Gasper Vidmar, que ponía a Vázquez contra las cuerdas en poste bajo. Gana la posición y le supera por fuerza. Desde el banquillo se pone a prueba la juventud y fuerza de Sebas Sáiz, pero seguimos en las mismas. El rocoso pívot esloveno sigue sacando puntos (8 en el primer cuarto sin fallar ninguno de sus cuatro tiros), esta vez por sus tablas ante el joven que debe aprender todavía. Toca cambio de guion: Vidmar se sienta y en España muestra veteranía con Albert Oliver y Sergi Vidal. Y de lo que se trata es de tener tablas, se sacan. 

Quino Colom fue muy agresivo hacia canasta (Foto FIBA).
Quino Colom fue muy agresivo hacia canasta (Foto FIBA).

Tras la finalización del primer cuarto, con un 20-21 en contra, el segundo cuarto marca otra nota nueva en la sinfonía, más chillona e histriónica: no se anota. Ni unos ni otros (hasta que no pasaron tres minutos y cuatro segundos en que Sergi Vidal anotó su primer triple). Y ante el desacierto, España defiende hasta la extenuación y muestra casta. Como juveniles, Vidal (36 años) y Oliver (39 años) realizan una excelsa presión al balón y los eslovenos no se sienten cómodos…menos Prepelic. El escolta tira de recursos propios, de inspiración ante unos sistemas que no encajan ni con calzador, para anotar 14 puntos en el segundo cuarto (y un total de 27). A su borrachera anotadora condensada en 7 minutos, se responde, pero cuesta. Si la defensa sigue a un nivel de sacrificio más que notable, en ataque no se ve aro (7/19 en tiros de campo en el segundo período). Vuelve Quino Colom y vuelve a su baloncesto vertical, el de forzar entradas a canasta donde salen cosas buenas. Y salpicaduras de los pujantes jóvenes que explican que la Selección es un equipo: el joven Sergi García actúa en la marca de Prepelic y donde antes su defensor se quedaba en el bloqueo, ahora recibe un tapón. Y añade coraje y apretón de dientes cuando pierde un balón en ataque por una indecisión, para que en la siguiente defensa lo robe tirándose al suelo y haciéndose con su posesión y logre una bandeja. Estallido en las gradas. Se llega al descanso con la ventaja esta vez: 44-38.

            El tercer cuarto fue de sacar pecho, de dejar fluir todo el orgullo que nos hacía sentir nuestro equipo, que ni intención teníamos de ocultar. Resulta que ahora por Eslovenia entra en escena el talentoso Vlatko Cancar (11 puntos en el tercer cuarto), como recurso donde ya no está Vidmar, porque Fran Vázquez decide que lo suyo con el pívot rival es ya una cuestión personal. Y emociona ver cómo se entrega. Un jugador que se había hecho daño en el tobillo en los primeros minutos, que ya ha visto éxitos y decepciones en su larga carrera en lógica cuesta abajo física, asume que si está jugando las ventanas FIBA, es para entregar todo. Y eso significó intentar minimizar a Vidmar ( a pesar de sus 24 puntos y 10/13 en tiros de campo). Y tuvo que sentarse extenuado y Scariolo pone en cancha a Sáiz y Llovet al mismo tiempo en tal cruzada como recambio. 

La rabia del triunfo de Sergi Vidal (Foto FIBA).
La rabia del triunfo de Sergi Vidal (Foto FIBA).

Y aquí llegó la verdadera lucha. En la zona y fuera de ella atiza todo el mundo, no hay miramientos en los dos contra uno. Bruscos choques en los bloqueos, batallas al límite por los rebotes, Llovet se encara con un rival y se monta la tangana, porque todos iban al límite de intensidad y pulsaciones. Aparecen un puñado de manos alrededor de la canasta mientras el balón baila y una de ellas se agarra del aro, sacando el balón. ¿Eran españolas o eslovenas? Los árbitros, con el ambiente muy candente hablan, deciden en rectificación que el infractor es un esloveno y Trifunovic monta en cólera hasta que se le señaliza una falta técnica. Y enciende más los ánimos.

Y ahí, cuando todo eran nervios sobre un marcador igualadísimo, España muestra temple, enfriar la caldera cuando más se necesita y más complicado parecía. Y se meten balones interiores y el quinteto que parecía escasear de acierto ofensivo en la primera parte, ahora por obra y gracia de Sergi Vidal, se reivindica. Porque anotó dos triples sin fallo, que se añadían al 2/3 de la primera parte. Y Oliver da pases interiores, los que daban la seguridad, porque en esos instantes no se estaba para riesgos. Y todo el cúmulo, junto con unos eslovenos fuera de sí, mirando más a los árbitros que al marcador, ven cómo el tercer cuarto finaliza con 73-65 con todo el coliseo burgalés en un clamor.

Si los acordes eran violentos antes del parón, tras los dos minutos de descanso, siguen igual. Y España sigue la senda de Vidal y todos se apuntan (8/14 en tiros de campo en el último cuarto), hasta romper el choque con un 15-0 de parcial por primera vez: 82-65. Trifunovic solicitó su segundo tiempo muerto del cuarto en poco más de un minuto, a falta de 07:04 para la finalización. El desconcierto tiene su reflejo en un mate fallado por Vidmar cuando estaba solo. Y aunque Eslovenia recuperó la cara al enfrentamiento con un parcial de 0-7 (y tiempo muerto de Scariolo), Sergi Vidal -¿quién si no?- anota su sexto triple de una serie de siete intentos (19 puntos), bajando a defender sonriendo y con el puño en alto. Sensatez, más frialdad, muchas tablas y una agresividad atrás que no cejaba en su empeño de anular la poca fe de los eslovenos, que habían visto su canto del cisne bastantes minutos antes. Y así se llegó al definitivo 92-84 entre un ambiente de extrema satisfacción. 

La alegría de nuestra Selección (Foto FIBA).
La alegría de nuestra Selección (Foto FIBA).

Todos se abrazan, se felicitan, ovacionan al público desde el centro de la cancha y no reparan en las declaraciones a los medios que sean necesarias. El tumulto en zona mixta se convierte en un baño de gloria, en un reconocimiento a un equipo que mostró un gran esfuerzo en cada acción y mucho orden –sin entrenamientos apenas- para poder tener esa sincronización. Y deseos de querer ganar, de divertirse y enorgullecerse de ellos mismos. Y nosotros con ellos. Bordarlo de esta manera es para que Scariolo llegara a emocionarse con tal muestra de sacrificio: “Gracias a mis jugadores. No tengo palabras, sinceramente”.

 

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