SATURACIÓN

SATURACIÓN
Primera derrota del Real Madrid en Euroliga ante Khimki

Antonio Rodríguez

El Real Madrid perdió anoche su primer partido de Euroliga ante el Khimki (80-86), saturados mentalmente tras una travesía de victorias que hacían olvidar su plaga de lesiones.

Y es normal, hasta humano tener un encuentro así. Todo el choque se vio impregnado por posesiones madridistas en las que a falta de 5 segundos para su finalización, no habían sacado ventaja de la jugada y debían crear algo bajo la premura del electrónico, una y otra vez. Agotamiento mental en unos jugadores que han sabido reponerse a las bajas de Randolph, de Thompkins, de Kuzmic, ganando a Unicaja, al Olimpia Milán, Zalgiris, San Pablo Burgos. Anoche, en la quinta jornada de la Euroleague Turkish Airlines, sucumbió por primera vez ante los moscovitas -o casi- del Khimki (80-86).

(Euroleague / Getty).
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También cuenta que el cuadro dirigido por Georgios Bartzokas hizo un magnífico planteamiento del partido. Sin importarle la estatura de sus jugadores (sobre todo de los altos, más bien “bajos”), pero sí su movilidad, una excelsa defensa en las líneas de pase, obligó que la típica circulación de los hombres de Pablo Laso no se produjese. Y así, tenían que decidir en unos contra uno…y ya no estaban tan cómodos. Esa incomodidad la evidenciaron incluso en tiros en los que conseguían estar abiertos, pero sin la premisa previa de ‘recibo el pase, movimiento y decido’. No, había mucho de trabajo individual previo, de botes, de fintas, de pasos atrás. Y esto hace que los porcentajes no fuesen buenos. Ofuscación y más fallos. 7/25 en triples extraño y más inusual era el 27/70 en tiros de campo (paupérrimo 38.6%).

Debutó Anthony Randolph tras su lesión. Y entre su baja forma y envuelto en esa vorágine de fallos de sus compañeros, sus 12 minutos valieron 6 puntos y 2/6 en tiros de campo. A falta de 04:33 para el descanso, las alarmas empiezan a sonar, por un 28-40 en el marcador, que gracias a dos triples consecutivos fue de 39-45 cuando se retiraron a los vestuarios.

 

(Euroleague / Getty).
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Khimki gustó. Tipos que saben jugar dentro, oscuros pero con un trabajo encomiable, como Anthony Gill y el afamado Thomas Robinson, polivalencia en Malcolm Thomas y James Anderson (como Gill y Robinson, con aureola universitaria de notables jugadores en Michigan State y Oklahoma State, respectivamente), que siendo desde fuera o entrando, hacían daño, más ese Alexei Shved que anotó un triple que cortó la respiración en los últimos minutos en el Wizink Center. Pero que como también es habitual en él, fallo dos tiros forzadísimos, que si no hubiese sido por una extraña falta señalada en ataque a Gustavo Ayón en los últimos minutos o el triple definitorio de Luka Doncic errado, hubiese sido este choque uno más en la larga lista del hacelotodo ruso que parece que decide ganando, pero que luego hace perder. No fue así. Y los lamentos de Doncic tras ver cómo su triple final era escupido por el aro, dolió a los doce mil espectadores allí congregados.

Facundo Campazzo creemos que era el mayor ejemplo del exhausto estado mental del Real Madrid. Pocas ideas, porfiando en bloqueos y continuaciones centrales, que hacían perder más balones de la cuenta cuando intentaba doblarlos, con escasas gotas de brillantez que él suele regalar a la parroquia. Posiblemente se echó de menos a Jaycee Carroll, aunque solamente fuese por el tipo de juego que pide, de bloqueos y carretones hacia las bandas para recibir, hubiesen podido abrir ese cerrojazo defensivo que había en la zona. Claro, que es fácil elucubrar a todo pasado.

No fue el día de los madridistas y los rusos, cuando había que anotar un par de canastas para tomar ventajas, lo hicieron. Serio y compacto, llegando a muchos sitios y tocando muchos palos el conjunto de Bartzokas, que se llevó un brillante triunfo del feudo blanco (¿cuántos más lograrán esta gesta?). El Real Madrid si miró anoche al espejo y lo que encontró fueron ojeras y un resoplido. Toda la voluntad, pero en deporte de élite no es suficiente. Por eso es deporte de élite, donde la exigencia es mayúscula, máxime si hablamos de la cruel Euroliga.

Mientras siguen los rumores de algún refuerzo, Anthony Randolph ya vuelve a las pistas. Es una bocanada de aire fresco para un conjunto que ayer demostró, tras una más que notable racha de triunfos, que necesita un paseo por verdes prados para desconectar. El problema es que el calendario no contempla nada de eso. 

(Euroleague / Getty).
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