HACE 30 AÑOS… (Cap.02)

HACE 30 AÑOS… (Cap.02)
Capítulo 2: “Nace el Open McDonald’s”

Antonio Rodríguez

·         Domingo, 11 de octubre: El F.C. Barcelona vuelve a caer derrotado en la 4ª jornada liguera, esta vez ante el CAI Zaragoza (83-75), con la nueva incorporación caísta, José “Piculín” Ortiz como nuevo baluarte (25 puntos y 11/14 en tiros de campo). Tras la derrota en la jornada inaugural ante Fórum Filatélico (81-73), los azulgranas acumulan un récord de 2-2. Audie Norris sigue tratándose sus rodillas en Portland.

·         Quien cortó oreja al fin, fue el Caja de Ronda, venciendo en pista del Cacaolat la noche anterior (87-88), lo que suponía su primera victoria en un más que irregular inicio. Rafa Vecina (24 puntos y 9/10 en tiros de campo) amargó la existencia a los de Guillermo Eldracher. A la finalización del encuentro, lo que ninguno de los equipos sabía que sería el último partido dirigido por Eldracher a los vallesanos y que Caja de Ronda disfrutaría de esta victoria como la única a lo largo de toda la liga –regular-.

·          Lunes, 12 de octubre: El IFA Espanyol decide sustituir a su joven entrenador, Martín Benito, tras un arranque de cuatro derrotas consecutivas, decidiendo el general manager, Josep Lluis Cortés, hacerse con las riendas de la plantilla. En una situación totalmente atípica, era el cuarto entrenador destituido en las primeras 4 jornadas. Rafa García Montes en Oximesa, Arturo Ortega en Caja de Ronda, junto a los mencionados Guillermo Eldracher y Martín Benito, conformaron la lista. Nada menos que un 25% de ellos en una liga de 16. Faltaba aún mucho por trabajar en nuestro baloncesto español. 

·         Martes, 13 de octubre. Se confirma que el nuevo entrenador del Cacaolat será Manel Comas, hombre tentado en pretemporada y con el que no se llegó a un acuerdo. Ahora que parecía que las urgencias de los de Granollers sí eran mayores y limaron asperezas con Manel, que había entrenado al CAI Zaragoza la campaña anterior.

·         En la NBA seguían las negociaciones en firma de un nuevo convenio con el lockout vigente y el temor que la liga no se iniciase en los últimos días de octubre, como estaba previsto. Los mayores puntos de discusión eran los agentes libres y restringidos, junto a que los jugadores seguían viendo una auténtica sobrada las siete rondas del draft, que obligaba a estar esclavos de las franquicias que les elegía si decidían retener sus derechos, aunque supieran que nunca jugarían tan siquiera en la NBA. En una reunión de urgencia el 22 de octubre, se solventaron los últimos problemas. Todo volvía a su cauce.

·         Jueves, 15 de octubre. El seleccionador nacional, Antonio Díaz Miguel, daba la lista de 10 nombres para la próxima convocatoria. ¿Saben para qué? Para algo que todo el mundo veía absurdo y descabellado. ¡Sí, señores! Aparecían en nuestras vidas las “ventanas FIBA”. En esta ocasión, se trataba para la clasificación del próximo Eurobasket de Zagreb’89, que veía reducido su número de participantes a 8 selecciones. Sevilla, 29 de octubre y Palma de Mallorca el 5 de noviembre, serían testigos de los choques ante Hungría y Suiza respectivamente (pueden hacerse una idea del nivel). Italia era el otro combinado nacional del grupo, en el que se clasificarían dos. Los 10 nombrados serían: José Ángel Arcega (CAI Zaragoza) y Nacho Solozábal (F.C. Barcelona) como bases. Jordi Villacampa (Ram Joventut), José Luis Díaz (CAI Zaragoza), Juan Antonio San Epifanio (F.C. Barcelona) y “Chicho” Sibilio (F.C. Barcelona) como aleros. Andrés Jiménez (F.C. Barcelona), Fernando Romay (Real Madrid), Ferrán Martínez (F.C. Barcelona) y la gran novedad, Antonio Martín (Real Madrid), serían los pívots.

TDK Manresa, eliminado de la Copa Korac a manos del Manchester City.
TDK Manresa, eliminado de la Copa Korac a manos del Manchester City.

·         El F.C. Barcelona, que volvía a competir en Copa de Europa -4 temporadas después-, debutaba en la ronda previa a la liguilla final ante el Slask Wroclaw polaco, al que apalizó en el partido de ida (65-129). Lo curioso es que el choque se disputó en Mataró (¿?). Al día siguiente, la vuelta en el Palau, donde nuevamente los centroeuropeos, sin su estrella Zelig –ni extranjeros, por supuesto. El Telón de acero seguía vigente, ya saben-, remató la faena (140-69).

·         Domingo, 18 de octubre. Donde las dan, las tomas. Y si “Piculín” Ortiz fue encumbrado en nuestra Liga tras ser el artífice de la victoria del CAI ante el Barça una semana antes, en esta ocasión fue avasallado por el americano del Oximesa, Joe Cooper, en Albolote (84-78). Cooper, americano al que costaba motivar, a nada que supo que el partido se televisaría a nivel nacional (emitido por TVE el domingo por la mañana) y que su rival era un primera ronda del draft, mostró una agresividad poco habitual (26 puntos, 10/11 en tiros de campo y 12 rebotes). Oximesa venció 84-78.

·         Miércoles, 21 de octubre: TDK Manresa quedó eliminado de Europa, al no superar los 14 puntos de desventaja que traía de la ida ante el Manchester United británico. Forzó la prórroga (89-75), sin embargo, los 37 puntos de Kenny Simpson no fueron suficientes (97-84 final). Quien dio la nota positiva fue el CAI Zaragoza al superar nada menos que 24 puntos de Charlottenburg berlinés en la ida, para imponerse 99-65. Exhibición maña.

·         Jueves, 22 de octubre: El mítico Zoran Slavnic llegó a Málaga para hacerse cargo del Caja de Ronda. El problema es no teniendo título de entrenador, se le haría ficha de delegado para que pueda dirigir los partidos. Por otra parte, Iñaki Iriarte dirigiría desde el banquillo al Oximesa granadino.

·         Sábado, 24 de octubre. Para acabar, hacer notar la nueva victoria de Estudiantes Todagrés (94-85) ante CAI Zaragoza, dándoles un arranque liguero de 5 victorias y tan sólo una derrota. Un sobresaliente inicio que homenajeamos en la portada de hoy con el mate de Carlitos Montes.

El sueño de la FIBA se hace realidad: nace el Open McDonald’s.

Era el evento de los contrastes. USA-Europa. NBA-FIBA. Las barras y estrellas frente al comunismo, muy venido a menos, pero régimen comunista al fin y al cabo. Durante el entrenamiento de la Unión Soviética en el recinto donde horas después se jugaría el partido, el seleccionador Alexander Gomelski pegó cuatro gritos a la algarabía de prensa allí reunida, pidiendo silencio. En el centro de la pista, notas en mano, necesitaba un momento de paz mientras sus jugadores estaban tumbados en el suelo, con los brazos y piernas extendidas y los ojos cerrados, relajándose con el nulo ruido al final de la sesión. Hasta el vocinglero y afamado comentarista televisivo Dick Vitale, que estaba en ese momento por allí, comenzó a susurrar a sus colegas. Sin embargo, Del Harris, el nuevo entrenador de Milwaukee Bucks, ante un torneo que en Estados Unidos no había levantado especial atención –algo de curiosidad en la ciudad sí, ha de reconocerse-, exigió el entrenamiento a puerta cerrada. 

Jack Sikma defendido por Rickey Brown (ACB Photo).
Jack Sikma defendido por Rickey Brown (ACB Photo).

Los Bucks seguían preparando su pretemporada, con las notorias bajas de una de sus estrellas, Sidney Moncrief, por una reciente cirugía en su rodilla, junto a las de Ricky Pierce, Craig Hodges y John Lucas. Estos dos enfrentamientos formaban parte de tal proceso hasta el inicio de temporada (ya confirmada y solventados los problemas sindicales tras una reunión el día antes). Vuelta a la rutina. Para los soviéticos, sin embargo, volvía a ser toda una experiencia en tierras estadounidenses. Llevados a la sala de cine de la academia de West Point, a ver la película del momento, “Atracción fatal” (¿se enterarían de ella? El idioma no era uno de sus fuertes), siendo invitados a los restaurantes del patrocinador, McDonald’s, a comer eso tan impropio de su país y teniendo la oportunidad de comprar música en la tienda de discos, los afamados stores “Radio Doctors” ubicado uno de ellos frente a su hotel, esa novedad resultaba una excitación permanente. Porque en el fondo, a pesar de las nuevas ideas aperturistas de su actual presidente Mikhail Gorbachov, seguían siendo los mismos soviéticos de siempre (en el rótulo del marcador del partido en la realización televisiva, ponía “Milwaukee” frente a “Soviets”). Esa mezcla cada vez más rancia, de aversión social junto a venganza deportiva, esa sed de eterna vendetta desde la afrenta de los Juegos Olímpicos de Munich’72 (aún no tomada, pues no se habían vuelto a enfrentar en unos Juegos todavía), estaba siendo el fuel de este evento. Incluso para no olvidarlo, uno de los componentes de aquella selección de Munich, Ivan Edeshko, era el principal asistente de Gomelski en este McDonald’s. 

Terry Cummings lanzando tiros libres (ACB Photo).
Terry Cummings lanzando tiros libres (ACB Photo).

Ya ven. La estrategia de la FIBA ya era un hecho. Olvidando aquellas eventualidades del Maccabi Tel Aviv viajando en pretemporada a Estados Unidos para enfrentarse a los Bullets y Lakers, o las giras en tierras soviéticas que forzaba Ted Turner, propietario de Atlanta Hawks, el secretario general de la FIBA, el inefable Boris Stankovic, logró cuajar junto a David Stern, comisionado de la NBA, su gran sueño: celebrar un torneo oficial entre estos dos mundos. Que clubes y selecciones europeos pudiesen medirse a franquicias NBA. “La única manera de progresar es jugar contra los mejores” explicaba durante la celebración de un partido, al micrófono de una jovencísima Cheryl Miller, ya en tareas audiovisuales. Y es que este era un primer capítulo fundamental y decisivo en la travesía que debía finalizar en la aceptación de profesionales (recuerden que el baloncesto FIBA era considerado aún amateur) en campeonatos internacionales. “Espero que en el congreso extraordinario que celebrará la FIBA en 1989, se apruebe la entrada de jugadores de NBA en este organismo. Necesitamos mayoría simple en las 172 federaciones que hay inscritas para aprobar el nuevo status: que ya en el Mundial de 1990 puedan disputarlo jugadores de la NBA”. Curiosamente, Estados Unidos (en su organismo, la ABAUSA) y la URSS, eran dos países contrarios a tal medida. Pero David Stern, que había firmado sustanciosos contratos con televisiones de todo el mundo en los meses previos (España fue uno de los 75 países que empezaría a emitir NBA regularmente en su programación), estaba encantado con este hermanamiento. Su producto se expandiría hasta el infinito.

Aspecto exterior de la Mecca, con las banderas representativas (Foto EFE).
Aspecto exterior de la Mecca, con las banderas representativas (Foto EFE).

El caso es que durante los días 23, 24 y 25 de octubre de 1987, justo treinta años por estas fechas, se mostró al mundo el abrelatas de lo que hoy día va de la mano: la comunión entre la mejor liga del mundo con el baloncesto del resto del planeta, hasta el punto que éste sea parte fundamental en las plantillas NBA hoy. Y tuvo su punto de partida aquí: en el Open McDonald’s. El campeón de Europa de clubes, Tracer de Milán, la selección de la Unión Soviética, siempre de enorme atractivo en tierras yankees y Milwaukee Bucks, uno de los equipos de élite en la década de los 80, sus primeros participantes. Rehusando de grandes urbes donde la atención sería mucho menor, la ciudad del estado de Wisconsin parecía perfecta para acoger el evento. Organizado a modo y manera de la NBA. O sea, perfecto. Con todas las atenciones de David Stern a los medios de comunicación desplazados allí, a los que se les brindó un acto de acogida y en el pabellón más pequeño de toda la NBA, pero uno de los más coquetos, “The Mecca”, se aseguraban que para los encuentros de los Bucks, sus 11.052 asientos se llenarían (y algo más de siete mil espectadores, el día del enfrentamiento entre soviéticos y milaneses). 

Tracer Milán, “los otros”

Los italianos de la Tracer parecían ser ‘los otros’, el tercero en discordia, algo que asumía su histórico jugador de 37 años, Dino Meneghin, al que en los programas del evento vendían como “nombrado por FIBA el mejor jugador amateur de 1983 tras Michael Jordan”. Ya ven que todo estaba mirado al detalle. “Los Bucks son los Bucks, por supuesto. Y tenemos claro que aquí todos quieren ver a los soviéticos. Así que nosotros estamos encantados de estar aquí. Es como un sueño hecho realidad”. El eterno Dino, que buscaba cercanía contando a la prensa local que él se había enfrentado en amistosos en varias ocasiones a Moses Malone “habla poco. Pero él es algo grande”, hacía ver que la NBA era algo muy cercano a la gente en Italia. “Hasta mi hijo Andrea, de 13 años, me dice que quiere parecerse en el tiro a Jack Sikma”.

Los milaneses, cuyo quinteto era veteranísimo (Meneghin, 37 años. Bob McAdoo y Mike D’Antoni, 36 años. Roberto Premier y Rickey Brown, 29), apenas disponían de banquillo de calidad. Con lo que cuando tenían que tirar de ello en atípicos encuentros de 48 minutos de duración, no estaban acostumbrados y bajaban mucho el nivel. Aun así, cuando el tempo de partido era lento, D’Antoni mandaba y las ganas de lucirse de Bob McAdoo en su país, le auparon a alzarse como el mejor jugador y máximo anotador (¡39 puntos de promedio!). Encomiable fue la lucha de Rickey Brown bajo tableros ante tipos más altos que él (¡19 rebotes de promedio!, junto a 28 puntos), sobre todo ante los Bucks. Y es que Del Harris, que acababa de sustituir a Don Nelson en el banquillo, tenía la idea que había que reforzar el juego interior, pues habían sido el peor equipo reboteador de toda la NBA la campaña anterior. Y dio una nueva oportunidad a su torre de 2.21, Randy Breuer, saltando a la titularidad, desplazando a Jack Sikma a la posición de ala-pívot y ésta, que estaba ocupada por Terry Cummings, hacía que pasase al alero. Breuer y Sikma eran demasiado para cualquier club europeo, aunque el bueno de Rickey se fajó como un campeón.

Los jugadores soviéticos, en un McDonald's.
Los jugadores soviéticos, en un McDonald's.

Ante Milwaukee el primer día, tras un parcial en contra de 37-15 en el primer cuarto, desarbolados por la velocidad de Jerry Reynolds sobre todo, Tracer Milán se afianzó y dio tan buena imagen que incluso Del Harris debió solicitar tiempo cuando el electrónico marcaba un sorprendente 107-97, restando tan sólo 06:07 para la conclusión. Los locales debieron volver a sacar a sus titulares (muchos jugadores de prueba disfrutaron de minutos, sin tener asegurado su puesto en el roster que iniciase la temporada), finalizando con el 123-111. Lo que les resultaba imposible era frenar las carreras y transiciones iniciadas por el base titular Paul Pressey (padre de actual jugador del F.C. Barcelona, Phil). Un tipo de uno noventa y tantos y con esa capacidad atlética, no había pócima pócima para contrarrestarle.

Didier Le Corre, corresponsal de la revista mensual Maxi Basket, quería hacer ver a sus colegas americanos “mañana por la mañana, cuando los parisinos abran los periódicos y vean el resultado, no se lo van a creer. Allí creemos que les iban a ganar por 40”. Como Sixto Miguel Serrano, enviado español al evento confesaba, “si no lo hicieron, era porque no quisieron. La piedad de Milwaukee les salvó del desastre a los italianos”. La URSS les avasalló el segundo día (135-108) en un baloncesto inédito y algo extraño para los siete mil aficionados que se congregaron en The Mecca. Y así se llegaba al día final, al partido que todos esperaban: la pugna de los Bucks ante la Unión Soviética. ¿Lo peor de todo? La lesión en el tobillo de Alexander Belostenny en el minuto 2 de partido, que le impidió continuar en el torneo.

Milwaukee Bucks, dejar las cosas claras

Presionar, fortísimas defensas de uno contra uno en las que los atacantes no se podían ir de sus pares, intimidación en las torres Breuer y Sikma…todo para correr. Y correr como el baloncesto USA lo hacía: marcando las calles claramente, con pase, pase, pase. Una delicia que bien agradecían sus aficionados ansiosos por ver cómo apalizaban a los soviéticos. Inicialmente, la presión que sufrió Del Harris por el hecho de conseguir no estar en la historia negra del baloncesto en ser el primer entrenador que perdía ante los soviéticos –en competición oficial-, máxime llevando un equipo profesional, se disipó en el segundo y sobre todo en el tercer cuarto. ¿Qué me dicen de un 101-54 a falta de 02:42 para su finalización? Rotundo, ¿verdad? Pues esas eran sus pretensiones. “Había momentos en los que ni siquiera podíamos tirar a canasta”. Confesión de Sharunas Marchulenis (Marciulionis. Pero lo dejaremos en “Marchulenis”, porque incluso el grafismo USA era como lo escribía entonces). “No podíamos superar su defensa. Como es lógico, nos superaron, porque son mucho mejores”.

El público estaba más expectante y encendido que nunca e incluso protestaron unos posibles pasos que no señalizaron a Alexander Volkov (algo muy inusual en el basket USA). Y a los 20 de diferencia, querían 30. A los 30, 40 y a los 40, 50 puntos. Y así fue marcándose el guion. La velocidad de piernas y de ejecución, marcaban unas distancias inmensas respecto al baloncesto que estábamos acostumbrados a ver. Frente a tipos que les habíamos visto en nuestras canchas, las evoluciones de Terry Cummings nos parecían de otra galaxia. ¿Cómo era capaz de lanzar suspensiones con el defensor totalmente pegado? Es que ni podría ver la canasta con la manaza que punteaba. Pues los tiros entraban. El tío botaba, se cuadraba y sacando el balón desde tan atrás, sus suspensiones aun estando pegadísimo a la línea de fondo, donde apenas tenía ángulo de tiro, entraban.

“¿Simpatía? Tú no puedes tener simpatía por nadie y menos en esta liga” declaraba Jerry Reynolds en un intento de explicar/ocultar la motivación extra de enfrentarse a los soviéticos. Titular a causa de la baja de Ricky Pierce, Reynolds es de ese tipo de atletas que se importaban en el baloncesto europeo, si su calidad no daba para la NBA. Y que en nuestro continente marcan diferencias. Porque si tienen calidad, sale un Paul Pressey, cuyo dominio de balón y su potencia para entrar a canasta –apenas tiraba en suspensión- eran impensables para defensores europeos. De sus manos salían los mejores pases. Y es que una de las grandes diferencias de aquellos estadounidenses comparándolos con los actuales, era su rapidez y perfección de movimiento de balón. Lo que a veces vemos en los Celtics, en los Spurs, era mucho más habitual en conjuntos con la experiencia y la capacidad de los Bucks. Rápidos y sobre todo, medidos. Nadie les podía detener. Estrellas como Jack Sikma dieron buen nivel, pero dejaron el testigo a hombres como John Stroeder (futuro jugador del Caja San Fernando sevillano), que intentaba labrarse un futuro en la mejor liga del mundo (14 puntos y 6 rebotes en 16 minutos de juego), como ejemplo de ese puñado de aspirantes a quedarse en el roster final. En definitiva, los Cummings, Pressey, Reynolds o Sikma era a lo que se aspiraba. Pero cuando se les tenía enfrente, se era consecuente: era impensable llegar a esas cualidades y calidad a corto o medio plazo. “Llevo cinco días en Estados Unidos y he aprendido más baloncesto que en cinco años en la URSS”. Un 127-100 final reflejó que Gomelski puso a sus titulares al final, mientras Harris lo hacía con su más profundo banquillo, dándole un poco de maquillaje al resultado.

Alexander Volkov, en una tienda de discos, delante del último éxito de Michael Jackson.
Alexander Volkov, en una tienda de discos, delante del último éxito de Michael Jackson.

URSS: Gomelski sabía lo que tenía entre manos

 “Es imposible. Es imposible. No se puede hacer nada contra los profesionales. Son los mejores el mundo y están muy por encima de nosotros. Son más rápidos, más grandes y más técnicos. Hemos venido a Estados Unidos a aprender”. Estas eran las palabras de Alexander Gomelski que no tenía ninguna muestra de decepción en su rostro. Él tenía claro cuál es su posición. Tras apalizar a Milán en la segunda jornada, cuando la Tracer tan sólo cedió por 12 puntos ante los anfitriones el primer día, los aficionados tomaron esa regla de tres como probable. Él sabía que no podían plantar cara a Milwaukee Bucks. Pero pudiéramos decir que se fue satisfecho. Había dejado exactamente el mensaje que él quería. Si los medios se hacían eco de casi los 50 puntos de diferencia que llegó a haber en el electrónico, los entrenadores estadounidenses veían algo que no les cuadraba, que les preocupaba, en definitiva.

Para el resto del mundo, soviéticos incluido, el baloncesto practicado en la URSS era la técnica depurada, el talento y el tiro exterior como bases en su juego. Kurtinaitis, Tarakanov, Valters, Homicius, el propio Pankrashkin (al que los americanos lo definían como “el peor cuerpo que jamás hayamos visto jugando al baloncesto”), eran los valores físicos y técnicos en los que se había cimentado su baloncesto. Por supuesto que les faltaba Sabonis y Tkachenko, con graves lesiones. Ahora, en cambio, Gomelski venía con otra cosa. Sokk, Marchulenis, Tikhonenko, Volkov y Goborov, eran otra cosa. Eran unos cuantos peldaños más en capacidades físicas con los mismos fundamentos, para mirar al futuro por brillante perspectiva. El primer cuarto entre los Bucks y la URSS fue una de las maravillas que dio este torneo y un adelanto para quienes quisieran verlo. Ese 38-26 mostraba que había que dar un vuelco a la mentalidad defensiva para aspirar a llegar al nivel NBA, mientras que en ataque, Sokk podía entrar a canasta, Volkov era condenadamente rápido, Goborov casi un siete pies de extremada habilidad y Marchulenis tenía un uno contra uno de jugador NBA casi de élite. Y eso sí que les resultaba inexplicable. La URSS tuvo un día horrible en el lanzamiento exterior, incluso en tiros abiertos (un horrendo 3/25 en un triple más alejado del FIBA). Eso es una cosa. Otra muy diferente que hubiese un europeo que les superase por piernas, que les dejase atrás en el uno contra uno y que aun tuviese la potencia inclusive para encarar a los interiores y forzarles faltas (les martilleó con 16 tiros libres).

 David Stern en la presentación, junto a Homicius y D'Antoni.
David Stern en la presentación, junto a Homicius y D'Antoni.

La ambición de los norteamericanos no tenía límites y apretaron el acelerador hasta el extremo. Ellos querían mandar ese mensaje, claramente. Sin embargo, scouts NBA veían a un ya conocido Marchulenis competir frente a jugadores de la mejor liga del mundo. Y lo hacía mirándoles a los ojos. Y Volkov correr contragolpe con una rapidez inusitada, como Goborov. Y Sokk tenía una movilidad atípica en el círculo soviético. Y Gomelski fue a quienes dio protagonismo, que vieran que en su país también se progresaba. Teniendo los Juegos Olímpicos de Seúl en el horizonte, eso contaba. El epílogo de esto, ya lo conocen. La mirada de un Mitch Richmond a su banquillo, aturdido, en las semifinales, buscando preguntas a su frustración al no poder parar a Marchulenis, era lo que Gomelski soñaba. O mejor dicho, intuía que sucedería.

Los Bucks quedaron campeones y la organización quedó muy satisfecha de esta primera experiencia Open McDonald’s. Pero claramente este era un evento para exportarlo a otros países. Se aseguraron que bajo el cobijo NBA, la organización fuese perfecta. A Milán le entusiasmó y pretendía organizar uno. Pero ya David Stern se adelantó: “El próximo McDonald’s Open, se celebrará en España”.

Próximo capítulo: “CERCA DE LAS ESTRELLAS”.

“HACE 30 AÑOS…” (Prólogo).

“HACE 30 AÑOS…” (Capítulo 1).