HACE 30 AÑOS… (Cap. 01)

HACE 30 AÑOS… (Cap. 01)
Capítulo 1: “Americanos para una Liga en alza”.

Antonio Rodríguez

Capítulo 1: “Americanos para una Liga en alza”.

Muchos años atrás, aún en la década de los 70, Ramón Trecet, desde el viejo pabellón de San Sebastián donde jugaba Askatuak (el hoy llamado Pabellón José Antonio Gasca), fue testigo de una de esas vivencias celestiales que nuestro deporte le ha dado y que aún 30 años después, me contaba sobre una acción de Essie Hollis con la misma excitación del momento: “Y el tío remonta línea de fondo botando el balón y cuando salta para anotar, se encuentra aquel americano del Manresa, Bob Fullarton, que le tapaba el camino. Le vemos volando justo detrás del tablero, con Fullarton tapándole cualquier opción de tiro y casi de pase y de repente, a aro pasado, ¡juas! consigue un mate que nos dejó atónitos a todos. ¿Pero qué ha hecho este tío?”.

Desde la vuelta a la aceptación del jugador extranjero en nuestra liga de manera oficial (uno por club a partir de la temporada 73/74), el americano de turno se convertía casi en la mitad de las estadísticas del equipo. Hablamos del máximo anotador del plantel, el que se suponía que debía coger la mayor parte de los rebotes, intimidar y pusiese el espectáculo en las gradas. Lo que se adquiría era el tipo grande, ante la escasez de centímetros en nuestro baloncesto e importado de USA (aún con la Guerra Fría, los deportistas yugoslavos no podían salir de su país hasta los 28 años y para los soviéticos, terminantemente prohibido). Por ello, Essie Hollis en su llegada al Askatuak donostiarra, era un “rara avis”: alero, dos metros pelados y de raza negra. Pero un fenómeno. Prueben a coger una crónica al azar y lean.  En partido ante el Hospitalet, en 1977, “el entrenador del equipo catalán, Moncho Monsalve, puso a su americano Davis a marcarle. Hollis, con 43 puntos, fallando tan sólo 6 lanzamientos a canasta, obligó a Monsalve a cambiar a su jugador”. Cualquier treta era inútil. Sin embargo, en aquellos años, se prefería la sobriedad del hombre de raza blanca, pues los de raza negra tenían el cartel de problemáticos fuera de la pista. Además, cuanto más ‘armarios’ fuesen, mejor. Por ello, los Essie Hollis o Nate Davis (ambos traídos por Gasca), eran una bendición para el aficionado. Dentro y fuera de las canchas, por supuesto.

Ya ven que la raza importaba y pudiéramos decir que limitaba. Un ejemplo: de los 12 extranjeros que iniciaron la División de Honor de nuestro baloncesto en la temporada 79/80, uno por cada uno de los 12 equipos que la componían, tan sólo Nate Davis en Miñón Valladolid y el estudiantil Larry Gibson, eran afroamericanos. Los otros diez, Randy Meister (Real Madrid), Bob Guyette (F.C. Barcelona), Al Carlsson (Joventut), Malcolm Cesare (Baskonia), Webb Williams (Helios), Jack Schrader (Cotonificio), Charles Simon (Tempus), Bob Fullarton (Manresa), Mike Phillips (Mollet) y Mark Young (Areslux), de raza blanca. Como también importaba, pero en sentido contrario, cuando pasaron unos años. Anecdótico es el arranque de un magnate que presidía un equipo novel en ACB en la década de los 90 (obviaremos su nombre), exigiendo a su entrenador que eligiera los americanos que quisiera, pero como único requisito “que sean negros, ¿eh? Eso sí”. Un remarcado sentido empresarial, pues queriendo llenar las gradas del recinto, tenía el convencimiento que la raza negra era equivalente a espectáculo y llamamiento a las masas de la ciudad. Como pueden apreciar en este vídeo realizado en 2012 que abarca los últimos años pre-ACB, el americano tenía su enorme importancia en nuestra liga doméstica. Y en los años posteriores, aumentó.

Muchas esperanzas y ampollas levantaron con el nacimiento de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), su normativa de dos extranjeros por equipo, o lo que venía siendo un habitual, ‘la pareja de americanos’. Junto a nuestros ídolos nacionales, aquellos que meses más tarde se colgaban una medalla de plata olímpica en la idílica Los Angeles’84, los americanos eran la esencia, el atractivo de vender entradas, los que forraban carpetas de adolescentes (impensable hoy es confesar que de la NBA, algunas fotos en blanco y negro caían en nuestras manos. Y ya). “Con el nacimiento de la ACB, ya no pasábamos por el aro de americanos de cuarta o quinta ronda del draft. A partir de ahí, comenzamos a exigir jugadores de segunda o tercera ronda a los agentes” recuerda un orgulloso José Luis Rubio de aquella nueva órbita que se tomó en nuestra competición. “Americanos de mucha más calidad”. Y él fue claro ejemplo, presidiendo el CAI Zaragoza, pues entre las parejas de americanos más excitantes que llegaban a nuestras fronteras, estaban las suyas. “Había esa teoría ‘manelcomasiana’ de contratar dos pívots grandes”, comenta Miguel Ángel Paniagua, uno de los agentes que más hizo por el baloncesto español en su tarea de alcanzar yankees de calidad a España, rememorando con mucho cariño todo aquello. La mayoría pívots, algún alero y bases, esos, para otros países. Por aquí no rondaban.

Wendell Alexis, nueva incorporación del Real Madrid (Foto: Mariano Pozo).
Wendell Alexis, nueva incorporación del Real Madrid (Foto: Mariano Pozo).

Cada año se batían récords en desembolsos a la hora de su contratación y por supuesto, hace 30 años concretamente, no podía ser menos. Eso sí, luego había que acertar. ¿Lo hacían? Pues hubo de todo, oigan. Vean el cuadro de los que iniciaron esta 87/88 y lo que costaban entonces (un dólar, cuya cotización rondaba al del euro actual, unas 160 pesetas).

Cada vez nos parecíamos más a Italia, trayendo en equipos de menos relevancia, jugadores con amplias experiencias NBA. Como había más dinero en los clubes y el dólar había bajado algo más de un 10% su valor respecto a la peseta, les costaba menos sustituir al americano que flojeaba. Ya no era necesario aguantarle toda la temporada. De hecho, el enorme peso que tenían en sus conjuntos, les hacía que estuviesen en el disparadero en más ocasiones de las debidas, aun realizando un trabajo honesto, ilógico por otra parte. Anicet Lavodrama, uno de los extranjeros que más años ha permanecido jugando en la Liga Endesa, recuerda las quejas de algunos colegas en las que “ellos, haciendo incluso una buena tarea, se veían perjudicados si el bloque nacional era el que flojeaba, porque el remedio de muchos directivos era sustituir al americano”. Se buscaba como misión que entre ellos dos taparan todas las deficiencias de las plantillas y algunas tenían muchas, sobre todo las que luchaban por eludir el descenso. Por tal motivo, no cabía tener un americano que fuese defensivo e intimidador, honesto y sacrificado para los demás, pero sin facilidad anotadora. Tipos como Les Craft en el Claret de Las Palmas o Jeff Cross en Caja de Ronda, duraban poco, a pesar que este último realizara trabajos muy agradecidos, como recuerda Quique Villalobos: “Jeff me ponía unos bloqueos… Es que me daba todo el tiempo del mundo para tirar”. Pero en definitiva no eran valoradas por entrenadores, directiva y aficionados. El boom del baloncesto seguía de modo imparable. Sin embargo, la misma velocidad de su fama y demanda no era acompasado por la modernización de sus estructuras, su mentalidad y su cultura. 

El curioso reencuentro de Audie Norris con su hermano, Silvester, en el Prat (ACB Photo).
El curioso reencuentro de Audie Norris con su hermano, Silvester, en el Prat (ACB Photo).

Hace 30 años, en la temporada 87/88, estos fueron los americanos sustituidos y sus sustitutos: 

Historias para todos los gustos

- Audie Norris llegó a España por dos razones. El interés de Aíto de contratar un grande con mucha calidad y porque Wallace Bryant, al que tenían intención de renovarle, se subió a la parra, pidiendo casi 300.000 dólares por temporada. Norris fue ofrecido junto a la élite italiana (recalcamos que ya nos codeábamos con ellos), dicen que junto a Rickey Brown, Dan Gay e incluso Joe Bryant, padre de Kobe. A su llegada, a Audie le llamaba muchísimo la atención la manera de entrenar aquí. Con la rémora de unas rodillas muy delicadas, no entendía el por qué de correr por los Pirineos en pretemporada subiendo cuestas, cuando el baloncesto se practica sobre una pista de 28 metros. Entre el calor –se cubría la cabeza con una toalla y una gorra- y sus rodillas, lo pasó mal en sus primeros días como azulgrana, hasta el punto que en sus primeros choques en la Lliga Catalana, se tuvo que retirar en el minuto 6 de su segundo partido con enormes dolores, obligado a viajar a Estados Unidos a que le hiciesen artroscopias en sendas rodillas. No empezó la liga.

- El CAI Zaragoza, como siempre, supo sacar buena tajada. Tras fichar a un súper clase como era Lemone Lampley, herencia mejorada incluso de Claude Riley, se decidió temporalmente por Tony Brown, procedente de la Liga Comercial CBA, firmándole mes a mes esperando a los descartes NBA. Tras la primera jornada y llegando a octubre, fue sustituido por todo un bombazo en nuestra competición: José “Piculín” Ortiz, flamante nº 15 de la 1ª ronda del draft de aquel verano, elegido por Utah Jazz. Viendo que tras la renovación de Karl Malone junto a Thurl Bailey y Marc Iavaroni en su misma posición, disfrutaría de escasísimos minutos, fue aconsejado que jugase un año en España. Y allí estaba José Luis Rubio para hacer feliz a la parroquia maña con una nueva estrella. 

Alvin Scott y Jack Haley, la pareja yankee del IFA Espanyol, que no cuajó (ACB Photo).
Alvin Scott y Jack Haley, la pareja yankee del IFA Espanyol, que no cuajó (ACB Photo).

- Sin embargo, el CAI Zaragoza no fue el único en el que pudo recalar el gran “Piculín”, sino quien movió hilos inicialmente, fue el IFA Espanyol. El club blanquiazul, ejemplo de los quebraderos de cabeza que suponía la aventura de fichar americanos, había atravesado una montaña rusa desde su ascenso a la Liga Endesa en 1984. Fue capaz de acabar sexto clasificado en 1986 y a la siguiente temporada, eludir el descenso en el playoff de manera agónica. Así que con menos dinero y nombrando como general manager al perenne asistente de Antonio Díaz Miguel en la Selección Española, Lluis Cortés, tuvieron la ardua tarea de buscar americanos, en un verano donde estaba todo el mercado yankee congelado por el lockout de la NBA (ya hablaremos de él). Inicialmente se interesaron por el veterano Alvin Scott, aunque sus castigadas rodillas le llevaban a mal traer. Gustaban sus tablas jugando, pero siempre había dudas. En un campamento USA vieron en directo a Silvester Norris, hermano de Audie, algo más alto que él, pero con mucho menos talento (jugaba en la liga húngara). Tras las pruebas realizadas en Barcelona, no convenció. Fue curiosa la imagen en la que coincidió en el aeropuerto del Prat con su hermano Audie, cuando uno regresaba a su país descartado y el otro aterrizaba para firmar. A finales de agosto tampoco les cuadró Andrew Moore tras varios entrenamientos, quien en teoría iba a hacer pareja con “Piculín” Ortiz, cuya llegada cada vez se iba cristalizando más. Hubiese sido la salvación para el club españolista, de no ser porque medió entre ambos intereses una clausula en la que Ortiz debía regresar de inmediato a la NBA en caso de requerimiento de Utah en cualquier momento. Un mes más tarde, en la gerencia de los Jazz tenían claro que no contaban con él y el CAI estuvo listo.

Entra septiembre y aún no se habían decidido por ningún jugador. Tal era la desesperación que Lluis, junto a su entrenador, Martín Benito, viajaban por la geografía española a ver jugar a aquellos combinados de buscavidas americanos “All Stars”, que apañaban las pretemporadas de todos los clubes, por si pudiera haber algo interesante. Así que recurren finalmente a Alvin Scott, con claúsula de poder ser cortado en cualquier momento. Y Lluis Cortés, tirando de consejos de influencias y amistades, le hablan que en UCLA había un pívot muy trabajador, con 2.08 de estatura y muy fuerte, que a pesar de ser limitado en ataque, tiene hambre y puede labrarse un buen futuro en nuestro país. No era barato, pero… Así, sobre la campana, a mediados de septiembre, Jack Haley firmó su rúbrica por el IFA Espanyol, con su atractiva novia, una actriz que decían había participado en algunos capítulos de la famosa serie “Dinastía”. A Scott se le cortó tras la primera jornada, peor físicamente de lo que se esperaba y Haley, que tuvo un nefasto inicio y al que se le dio un voto más de confianza, aguantó unos meses más sin acabar la temporada.

 

- Algunos clubes preferían mantener lo que ya conocían y les funcionaba. Así, el Magia Huesca, que aún seguía dando palmas por contar en sus filas con una pareja tan sobresaliente como Brian Jackson y Granger Hall, hicieron todo lo posible por renovarles y no pocos esfuerzos económicos suponía. Su temporada transcurrió con bastantes alegrías y ningún sobresalto. Estudiantes (con su nuevo patrocinador Todagrés), contaba por cuarta temporada consecutiva con su pareja John Pinone y David Russell. “La Demencia” ya no entendía un Magariños sin ellos dos. El milagro de Cajabilbao un año antes, sirvió para que repitieran pareja: Darrell Lockhart y Joe Kopicki. Y Cajacanarias hizo lo mismo con los espectaculares Eddie Phillips y Mike Harper, aunque ya verán que no conocían del todo lo que eran capaces de hacer.

Lemone Lampley y Tony Brown, una pareja que duró una jornada en Zaragoza (ACB Photo).
Lemone Lampley y Tony Brown, una pareja que duró una jornada en Zaragoza (ACB Photo).

·        La tortura la sufrió Caja de Ronda. Vean en el cuadro las sustituciones. El caso es que Adrian Branch, un escolta zurdo de excelsa clase, procedente de la universidad de Maryland y campeón de la NBA con los Lakers, aterrizó en Málaga en el último tercio de la temporada, intentando emular a Magic y Jordan juntos. ¿Resultado? Que se las tiraba todas. Pero cuando decimos todas, es todas. Rafa Vecina cuenta en tono jocoso una anécdota que muestra el hartazgo del resto de compañeros. “Y sacamos de fondo tras canasta y él ya hasta subía el balón. Y les digo a mis otros tres compañeros que no pasásemos del medio campo, que nos quedásemos en el nuestro. Cuando segundos después se percata, nos hace gestos que subamos y ataquemos con él. “No, ¡tú, tú!” Le hacíamos señas de “si te la vas a tirar tú, pues juega tú solo”. Los resultados mostraron lo que fue un año que no tuvo ni pies ni cabeza. Ya les contaremos, pero batieron un récord aún vigente: una victoria en toda la liga (no contamos playoff, que antes existía el Playoff por la permanencia).

·        Unos que funcionaron bien, porque sabían dónde invertir. Fórum Filatélico pagó a nivel de estrella al consagrado Mike Phillips para que les llevara a lo más alto, tras salvar un descenso meses antes al que se veían abocados. Tras Norris, Brad Branson y Reggie Johnson, era el americano más caro de la competición. Y les valió la pena, clasificados entre los cuatro primeros en el ecuador de la competición para el corte de la Copa del Rey. Posteriormente, cuando –dicen- que los pagos dejaron de ser regulares cada mes, su rendimiento fue bajando. Profesionalidad hasta el límite.

·        Y acabamos con la pareja canaria Eddie Phillips-Mike Harper. Auténticos ídolos en el pabellón Juan Ríos Tejera de La Laguna, ya fueron causantes de problemas y objeto de multas en pretemporada. En el torneo de Lanzarote, Phillips, harto del arbitraje, dio un balonazo en toda la espalda a uno de los colegiados, siendo descalificado. En el torneo de casa, el “Torneo La Laguna”, el pasotismo de ambos para jugar e incluso su negativa a salir a pista en cierto momento, les valieron de más multas. Pero la que todos recuerdan fue la historia de los tiros. Celebrando Eddie su cumpleaños junto a su novia y su compatriota Mike Harper en un pub llamado Bobby’s, en el centro comercial Verónica, en Playa de las Américas, por lo visto le negaron servirle una copa sobre las tres de la madrugada por su condición racial. Se montó tumulto y tras ciertos altercados, salieron del local muy encendidos. Harper tomó su coche y se fue, mientras que Eddie, aún muy enojado, sacó una pistola y se puso a disparar a la fachada del local, abandonando con su coche el lugar instantes después. Testigos contaron los hechos y Eddie fue arrestado por la Guardia Civil y puesto a disposición judicial, pasando esa noche en prisión hasta que el club le liberó bajo una fianza de dos millones de pesetas, con una reputación muy dañada. Los problemas personales durante los tres meses siguientes se acrecentaron con el resto de la plantilla, hasta que su poca disposición en la Copa del Rey en Valladolid a finales de diciembre, fueron la gota para que el club tomase la decisión unilateral de despedir fulminantemente a ambos.

El Fórum Filatélico pagó a Mike Phillips a precio de oro. Lo valía (ACB Photo).
El Fórum Filatélico pagó a Mike Phillips a precio de oro. Lo valía (ACB Photo).

La liga iba a dar para mucho, no lo duden. Pero todo bajo el prisma, la brújula y los designios de estos extranjeros, auténtico aval de nuestra competición, que valían gran parte de los dineros pagados por una entrada. Fueron la sal y pimienta antes de la Ley Bosman y la libre circulación de jugadores. Fueron quienes hoy recordamos con más nitidez, 30 años después.

 

Próximo capítulo 2: Nace el Open McDonald’s.

 

“HACE 30 AÑOS… (prólogo)