‘HALL OF FAMER’ MOURNING

‘HALL OF FAMER’ MOURNING
El nuevo Hall of Famer Alonzo Mourning.

Antonio Rodríguez

La pasada semana, Alonzo Mourning fue declarado componente del Salón de la Fama de la NBA, tras una carrera seguida con lupa desde el primer día. Hasta España llegaron sus primeras evoluciones.

Era una época sin internet. Lo que desde hace unos 20 años aproximadamente es una herramienta tan usada como la cuchara en nuestra vida cotidiana, sin ella el mundo ahora parece otro. Y lo es en muchos aspectos. Muy marcado en ciertos ámbitos y mucho menos en otros. La apertura a la información, uno de ellos. En el ejercicio periodístico, el río de noticias que siempre ha supuesto el deporte estadounidense, a finales de los 80 llegaba en modo y forma de unas suscripciones a ciertas revistas USA, enormemente documentadas y que marcaban una pauta de lo que era –y debiera- ser el periodismo, cargadas de reportajes y noticias, que siempre decoraban nuestras redacciones deportivas. Fuente de aquello, en el verano de 1988 se colaba en los diarios españoles una de aquellas piezas que nos adelantaba un nuevo fenómeno en el mundo del baloncesto. Su nombre: Alonzo Mourning.

Un pequeño recuadro en la contraportada del diario “Marca” (primera imagen) que nos dejaba fascinados. No solamente por quién pudiera llegar a ser ese chaval, sino porque en nuestros periódicos del día a día, los que cubrían las diabluras de Emilio Butragueño y Paolo Futre, tenían amplia cabida las andanzas de nuestros baloncestistas y cada vez más, esa NBA que había pegado el bombazo con un impacto inaudito aquella temporada con su “Cerca de las estrellas” por TVE. Así que ya lo ven, hasta los chavales de 18 años, previo a cursar sus cuatro añitos universitarios –algo que la gran mayoría respetaban-, eran noticia ‘overseas’. Los ‘overseas’ españoles, concretamente.

Luego apareció un combinado USA por Bilbao, el embrión de lo que sería la Selección de Estados Unidos en los futuros Juegos Olímpicos de Seúl, con caras conocidas y este Alonzo Mourning todavía en high school, para poder verles en directo ante la Selección Española, vestida del amarillo de “Cola Cao”, por ser el partido recaudatorio para la Asociación de Jugadores. Y otra vez volvieron a florecer los ecos de la criatura (segunda imagen). “El mejor hombre alto desde Lew Alcindor”. “Sabe estar en cancha como un auténtico veterano”. Con los mismos 2.08 de estatura que Moses Malone, no solamente era comparado con éste, sino con Ewing, Jabbar o Bill Russell, valorando su capacidad defensiva e intimidatoria. De hecho, junto a Brian Shaw, fue el último descarte de John Thompson para tales Juegos. Su futuro pupilo sería moldeado en Georgetown por el propio Thompson durante los siguientes cuatro cursos.

Alonzo Mourning era un jugador tan intenso (demasiado en ocasiones), como elegante. Muy elegante. Felino y rápido en defensa, era capaz de lanzar certeras suspensiones con la sutileza de un alero y tenía un gancho en suspensión, sacado desde muy arriba y culminado con un toque de muñeca final con tal maestría, que parecían gestos sacados del propio Jabbar. Y el chico tenía hambre. Mucha. Excéntrico en ocasiones, ganador e ignorante del baloncesto FIBA, lo vimos con la Selección USA en el Mundial de Argentina’90, donde pensó que junto a Kenny Anderson montarían el circo. Y se equivocó, porque el circo lo montaron los yugoslavos en un espectáculo sin parangón. Se peleó con más de uno en las canchas (cruenta fue su pelea con Ramón Rivas en los Goodwill Games de Seattle un mes antes), rompió una mesa de cristal en el hall del hotel de Buenos Aires (hay testigos españoles) en estúpidos arrebatos infantiles, pero su elegancia era un hecho palpable. Y con todo ese cocktail, tras Shaquille O’Neal –por supuesto-, fue nº 2 del draft en 1992.

De su carrera completa NBA nos quedamos con un par de puntos. Su primer momento estelar, que ha quedado para la historia de la liga, esa canasta sobre la bocina tras paso atrás en su año rookie, eliminando en primera ronda de playoffs a los Celtics y presentando con un “ya estamos aquí” a los Charlotte Hornets como una clara alternativa de futuro que las lesiones truncaron. Él era capaz de anotar esas suspensiones.

 

Y posteriormente, su periplo en Miami Heat. No solamente Mourning fue de la mano en la época más ruda y agresiva de la NBA, el segundo lustro de los 90 (recuerden que para la temporada 94/95, David Stern decidió acercar la línea de 3 puntos a la distancia FIBA actual, con el fin de romper la guerra de trincheras en la zona), sino que él fue uno de sus abanderados. Su prominente musculatura, casi un “cuerpo nuevo” a lo que recordamos de su tiempo en Georgetown, ya apenas permitía suspensiones y sí juego físico e intentar reinar en las zonas con sus ganchos y tiros cortos. Bajo la tutela de Pat Riley, los Heat supusieron un enemigo de enorme desgaste para los Bulls de Jordan. Alegrías, las justas. Hasta enormes talentos como Masburn o Tim Hardaway se disfrazaron de tipos duros para acompañar a los Voshon Lenard, P.J. Brown y Dan Majerle. Y la estampa de todo aquello, Alonzo Mourning. No llegaron a final NBA alguna, pero los “Bad Boys” de la época, fueron ellos.

Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sidney’00, tan ignorantes aún del baloncesto FIBA como lo fueron diez años antes, pero oro al fin y al cabo, sus problemas renales truncaron ya su carrera con futuras incursiones en los Nets con poca presencia. Ahora, la estampa del crío maleducado de Argentina, se transforma en alguien con porte de intelectual, analizando en platós televisivos el baloncesto de hoy. Y Hall of Fame.

Fue bonito disfrutarle. Fue fantástico que aquellos aventurados reporteros españoles buscasen hueco en sus periódicos para que ahora, 29 años después, seamos conscientes de lo que supuso que los aficionados pudiésemos seguir la carrera del jugador desde el primer momento, aunque sea con unas fotos. Pero ya le pusimos cara, que en una época sin internet (ni ensoñación de tener algo así), eso ya era mucho.