MARCHA TURCA

MARCHA TURCA
La "Marcha turca" de la Selección Española.

Antonio Rodríguez

Como la armoniosidad de los acordes de la famosa “Marcha turca” de Amadeus Mozart, la Selección Española supo sacar adelante un difícil compromiso en Sinan Erdem Arena de Estambul.

Y llegaron los acordes de piano a modo de triples de Ricky Rubio. Dos casi consecutivos para sumar 12 puntos a su excelente último cuarto (3/3 en tiros de campo y 4/4 en tiros libres) y pegar el cerrojazo final en el encuentro en el que España logró el pasaporte para cuartos (56-73), el más difícil en su historia en una eliminatoria de octavos. Y es que el primero fue directo al corazón (50-59) y el segundo desangró (52-66) a unos anfitriones que pusieron todo de su parte seguir aspirando a su propia historia, la que dice que en torneo organizado por ellos, al menos, han alcanzado la final. Insuficiente.

Ricky Rubio se erigió en el protagonista del partido (FIBA Photo).
Ricky Rubio se erigió en el protagonista del partido (FIBA Photo).

Y bien que lo intentaron y volvieron locos a los hombres de Sergio Scariolo por momentos. Y éste, testigo desde el banquillo, vio tal descoloque defensivo que ordenó una defensa de zona en el segundo cuarto en la que al menos cada uno supiera dónde situarse, dónde estaba. Era la explicación de por qué los locales estuvieron siempre amenazando en el electrónico, a pesar que siguieran arrastrando su ya clásica orfandad en el juego interior. El sistema impuesto por el seleccionador turco, Ufuk Sarica, rememorando sus gloriosos tiempos como jugador de Efes Pilsen, resultó ser ‘puñetero’ y muy difícil de defender. Jugadores muy abiertos, todos con habilidades exteriores que se bloqueaban, buscaban triples de manera incesante o el recurso de la suspensión un paso más cerca. Y si no entraban sus tiros (un terrible 3/20 en triples les sentenció, finalizando con un 38% en tiros de campo), al menos los rechaces a tales tiros salían largos y los rebotes ofensivos caían en sus manos. Desconcierto defensivo español.

Comenzaron los nuestros con unos conceptos muy claros de juego y excelente defensa, en el que en la marca del uno contra uno se involucraba a un compañero y se convertían en asignaciones permanentes de dos contra dos (cuando la defensa sale bien, repetimos que es la mejor que hemos visto en los últimos campeonatos). Sin embargo, para buscar el dominio del martillo pilón de los Gasol, el balón se movía poco y lento. Salen Juancho Hernangómez y Pierre Oriola a pista y se pisa el acelerador defensivo, como para finalizar el cuarto con 10-19 a favor. 

La defensa tan cerrada de los turcos, colapsó nuestros ataques (FIBA Photo).
La defensa tan cerrada de los turcos, colapsó nuestros ataques (FIBA Photo).

Y en esto que aparece el alero Furkan Korkmaz (20 de los 56 puntos de su equipo para un chico que ni hace dos meses entró en la veintena, es muy meritorio) y sostiene a los suyos en ataque. Su gran manejo de balón y la soltura para tirar tras bote, es complicado de detener. Y el público comienza a soñar, a convertir el recinto en una atmósfera cada vez más irrespirable –topicazo ya de las canchas turcas. Lo sabemos-. Un incierto 25-33 refleja el electrónico cuando ambos equipos se retiran al descanso.

Más rudeza aún en el tercer cuarto. España comete dos errores para romper una defensa que sabe a estas alturas, agria y apelmazada: por un lado y como bien dijo Pepu Hernández en los comentarios televisivos, el hombre-balón no saca ventaja de los bloqueos que le ponen y por otro lado, los nuestros se emperran en pasar a las continuaciones de los bloqueos –o sea, a los hermanos Gasol- como único final, cuando se adentraban en una pintura excesivamente colapsada. Vamos, que se nos hizo bola. Menos mal al triplazo del Chacho sobre la bocina del tercer período, que finalizó el cuarto con un 43-49, porque esos 3 puntos tan sólo de ventaja para afrontar los últimos diez minutos, barruntaban nubarrones. 

Triples de Ricky Rubio que finiquitaron el partido (FIBA Photo).
Triples de Ricky Rubio que finiquitaron el partido (FIBA Photo).

Sin embargo, en el último cuarto, es como si los acordes de piano de Mozart retumbaran en todo el Sinan Erdem Arena, por encima incluso de los gritos y silbidos del público. Es el himno al talento de los españoles. Porque primero Juancho Hernangómez con un triple y una canasta en contragolpe, de esas que se vieron poquísimas, nos dejaron tomar aliento (45-56). Y luego llegó Ricky Rubio, aprovechando el mencionado colapso en la zona para tirar con comodidad. Y la sinfonía, esta “Marcha turca” en la que la Selección Española parece predestinada a continuar hasta su conquista del oro, se elevó por encima de todos. El público ya callaba como resignado al “pues escuchemos la música”.

Nuestro Equipo Nacional posee muchas armas. Es cierto que sufre, hablan entre ellos y miran al banquillo, al sabio Scariolo, cuando se encuentran con un equipo que juega muy abierto, que amenazan desde fuera y hacen acrecentar el campo. Ya nos pasó frente a Croacia y se repitió ayer ante Turquía. Pero repetimos lo mismo que dijimos ante los croatas, los Gasol son capaces de crear de la desventaja, virtud y saber entre todos quiénes y en qué momento encuentran la solución. Porque hay paciencia. Ayer, aun en los minutos de mayor desacierto, hubo paciencia. Puestos a errar, preferimos que se agote la posesión de balón como sucedió en alguna ocasión en el choque de ayer, si con ello se puede leer lo que se está atacando. Nada de forzar con ansiedad.

España continúa orgullosa su marcha hacia el título (FIBA Photo).
España continúa orgullosa su marcha hacia el título (FIBA Photo).

Y ahora, a por Alemania en cuartos. Aquellos con los que enfrentándonos en cruces en un Eurobasket, hemos tenido de todo. Así que ahora entre ese “de todo”, toca ganar. Porque la “marcha turca” continúa. Y esa es nuestra.