¡SAL EL PRIMERO!

¡SAL EL PRIMERO!
Descubriendo Cluj-Napoca

Antonio Rodríguez

Cluj-Napoca (Rumanía), ciudad de contrastes y rincones a descubrir. Eso sí, intenta salir con el coche el primero en un semáforo. No lo conseguirás.

 Bienvenidos al Eurobasket 2017 en Cluj-Napoca.
Bienvenidos al Eurobasket 2017 en Cluj-Napoca.

En Cluj-Napoca digamos que las fachadas no cuentan. En un arrebato de honestidad máxima, como si fueran fieles seguidores del lema “la belleza está en el interior”, ni se les ocurra hacer un tour en coche por esta ciudad rumana ubicada a 450 kilómetros al norte de Bucarest y decir que ya la conocen. Ni tan siquiera un transeúnte que camine con paso ligero por sus calles lo hará. Cluj es para ser curioso, pararse, husmear y descubrirla. Las más de sus viejas fachadas, tan faltas de encanto como de una manita de pintura, cuentan con un viejo portalón abierto de par en par. No se preocupen, que no es privado. Y si lo es, tampoco pasará nada porque metan las narices. Probablemente se encontrarán con un patio cuidadísimo, repleto de macetas, mimadas flores y vegetación, que adornan la terraza de un restaurante. Es asombroso la cantidad de secretos que guardan estas tan-poco-atractivas fachadas: librerías, coquetas cafeterías o pequeñas exposiciones a la disposición del cliente.

Ciudad con muchos atractivos.
Ciudad con muchos atractivos.

Cluj-Napoca es una ciudad de estudiantes y eso se nota. Multitud de terrazas en su núcleo central donde se bebe, se come algo rápido y barato de un solo plato (la cada vez más incipiente cultura yankee en gastronomía) y pequeños pubs donde se toman cervezas y chupitos (más que las copas, que como en gran parte de centro-Europa, se estilan poco). ¡Ah! Aquí, a diferencias de otros países que puedan tener alrededor, ¡sí hay hielos! Y eso, no crean, que por estos lares es casi un lujo. Sus múltiples limonadas, que se las ‘curran’ mucho, están generosamente mezcladas con cubitos (los que estuvimos en Polonia 2009, recordamos que aquello era un lujo casi prohibido).

Pepu Hernández nos confirma que aquí hay unas de las mejores bibliotecas de Europa. Matiza que una de las escasas cosas buenas que se supone hizo el antiguo dictador Nicolae Ceaucescu, fue implantar bibliotecas a lo largo y ancho del país. Y la inquietud cultural, a nivel general, se nota. El pasado sábado por la noche, justo enfrente de la impresionante catedral ortodoxa de la Catedral de la Dormición de la Virgen, nos topamos con un espectacular concierto de una orquesta filarmónica con un amplio coro de voces, en mitad de la plaza. Y como la oferta familiar no es excesivamente amplia, optimizan mucho tales saraos. 

El indescifrable cableado en las calles. Una locura.
El indescifrable cableado en las calles. Una locura.

Venga, algo de crítica. ¡El móvil mientras conducen! Aquí no está nada claro eso de la peligrosidad de hablar por teléfono con el volante a las manos. Pero es una constante, oigan. Hace unos días tomamos un taxi, donde el tío no colgó el teléfono ni cuando nos montamos y estuvo charlando durante los 10 minutos de trayecto hasta el pabellón. ¿Saben cuándo colgó? Cuando hubo de contar los billetitos de la tarifa. En los conductores de vehículos privados, el uso de tal aparato llega a la exageración y ante numerosos despistes, se regalan buenos y sonoros bocinazos. “De esta, se pegan” pudiéramos pensar. Nada, como si tal cosa, tiran para adelante. Y el colmo fue el chófer de un autobús público, de una línea regular por la ciudad, maniobrando sin soltar con una mano el teléfono.

Otra de cal. La armonía entre la población que pasea por sus parques, algo que parece más utilizado que en nuestro país. Se sientan agrupados en bancos o en su descuidado césped alrededor de unas pizzas y bebidas y que los disfrutan realmente. Su estadio de fútbol y el pabellón donde se está disputando el campeonato, la Sala Polivalente, se encuentran flanqueados por llamativos parques con bonitos lagos. Son tranquilos y de carácter ‘disfrutón’. Por eso, una buena zona verde como ésta, puede colmar las necesidades de una tarde libre de sábado.

Alguien me contará algún día, eso sí, el desfile incesante de ambulancias con la sirena dando su aviso de alarma, circulando en modo emergencia. Es un no parar. Paseando uno puede estar acostumbrado a verlas cada escasos minutos mientras se busca en sus tiendas. Aquí, lo de los centros comerciales, no los hemos visto y da la sensación que no se estilan. Son más de tienda pequeñita, de la de barrio en una ciudad que pueda mantener esa curiosa autenticidad. 

Viejos portalones que pueden encerrar auténticos tesoros.
Viejos portalones que pueden encerrar auténticos tesoros.

El pabellón, la mencionada Sala Polivalente, es bastante ‘currete’. Un escenario para algo más de nueve mil espectadores, moderno, aunque su decoración exterior muestre algo diferente, que cuenta con todas las comodidades para trabajar, sobre todo con un wifi potente, algo que, por desgracia, no siempre ocurre en los pabellones. Nos cuidan bien comiendo en la sala para periodistas: desde algún plato de pasta pasando por pequeñas hamburguesas o costillas de cerdo, es mucho más de lo que nos hemos encontrado en otros escenarios (preguntad sobre la Copa del Mundo de España 2014).

Desconozco la razón, cuervos hay bastantes. Y palomas que desde las cornisas de las viviendas se lanzan en picado al vacío para acabar planeando a escasos metros del suelo (palomas tan aventuradas como los chóferes de la ciudad), son matices que llaman la atención mirando por la ventana mientras se desayuna con la calma que da este lugar ubicado en Transilvania. ¿Matices? Los cables de la luz. De la cantidad de conexiones y amasijo de cables que se pueden llegar a ver en los postes, tenéis testimonio fotográfico de ello. Suponemos que hubo un día que ante una nueva construcción, el “no te preocupes, que mientras haya cable, ya empalmaremos” estaba a la orden del día. Que lo de comer fuera, pues muy barato. Aquí la moneda es el leu (pronunciado “lei”), aunque como manda la tradición entre los periodistas, cualquier otra moneda que no sean euros o dólares, se les califica de ‘pichurros’. Un euro equivale a cuatro ‘pichurros’ aproximadamente. Y comer o cenar en una atractiva terraza, de 10 a 15 euros. No más. Bueno, 15 euros es ya ponerte fino.

Pequeños y atractivos museos en locales de copas, amplias fábricas de cerveza con unas enormes lámparas en su restaurante creada a base de botellas, monográficos de Charles Chaplin, del Che Guevara, de la etapa Soviet como de Julio Verne, son sitios distinguidos en los que conversar entre camareros con chaquetas de la revolución cubana o en una biblioteca con estantes tras de ti de las obras completas de Lenin (¿?). Terrazas de comidas ahora en verano –porque en invierno sus nevadas son importantes-, para comer sus innumerables sopas, como sus carnes y pasta, que vertebran básicamente su alimentación. Y bien a gusto. 

Claros vestigios de una etapa anterior, en medio de un tráfico de locos.
Claros vestigios de una etapa anterior, en medio de un tráfico de locos.

Y todo ello, andandito, que se disfruta el entorno y está muy bien (en ningún momento hemos sentido inseguridad ciudadana), porque alquilar un coche, se nos quitaron pronto las ganas. Callejear motorizado ni remotamente se nos ocurrió viendo el percal aquí. Como viandantes, no te descuides en la señalización de los semáforos, sé prudente circulando por las aceras, porque las calzadas son auténtico territorio comanche. La velocidad con la que de repente ves circular un coche que aparece de la nada, es para tener claro este concepto. Y es un espectáculo pararse en los semáforos. En rojo (para los vehículos) significa la competición del quién sale antes. Te puedes aventurar, lo puedes intentar, pero no conseguirás nada: nunca saldrás el primero. Auténticos expertos en dejarse unos cuantos ‘pichurros’ en neumáticos en cada reprís, para mantener el caché del primero en la parrilla de salida. Un espectáculo.