TARDES NEGRAS

TARDES NEGRAS
Repaso a las lesiones en la Selección Española

Antonio Rodríguez

Con el triste percance en la rodilla de Sergio Llull, nos viene a la memoria tardes funestas con de nuestros internacionales con la Selección Española, en las que el destino les esperaba con el reverso de las lesiones.

La mala suerte de Sergio Llull (Foto FEB).
La mala suerte de Sergio Llull (Foto FEB).

Sus gritos de dolor estremecen, primer síntoma de la gravedad de la situación. Se confía en que tan sólo quede en un susto…hasta que la realización televisiva muestra que, encogiéndonos el alma, efectivamente, la peor cara del deporte asoma la cabeza una vez más en su macabra ruleta de las lesiones. Hace días le tocó a Sergio Llull en un gesto que hemos visto desgraciadamente en más ocasiones: el inocuo y casi imperceptible gesto de ver estallar una rodilla. Como otro jugador que la sufrió, me contó en una ocasión, “tú exiges al cuerpo el impulso de dar otro salto, otra zancada, pidiendo ese nuevo esfuerzo a la pierna que aún no se ha plantado fijamente en el parquet”. Ordenado de manera prematura, cuando el pie no tiene el apoyo suficiente como para iniciarlo, produce esa malfunción en la rodilla, cuyos ligamentos estallan. Y es cuando ésta parece torcerse ante la nula sujeción de esos hilillos cruzados tan importantes.

Ese jugador que tan fríamente me lo contaba, era el mítico Wayne Brabender, que en su tercer partido con la Selección Española tras adquirir su nacionalización, sufrió el mismo percance que Sergio LLull, con el añadido de rotura de menisco. 45 segundos transcurridos tan sólo, un 15 de mayo de 1969 en Mataró, recibiendo un pase de contragolpe (ver vídeo) y querer saltar antes de plantar con firmeza los pies sobre el suelo, hizo que también su rodilla derecha tomase ‘las de villadiego’ y la obligación forzosa de tomarse una baja por un año (que los tiempos, sobre todo en medicina, han cambiado).

La segunda y grave lesión de Raül López en su rodilla (Foto EFE).
La segunda y grave lesión de Raül López en su rodilla (Foto EFE).

Si Llull estaba en medio de la preparación de cara al próximo Eurobasket’2017, como Wayne Brabender anhelaba el Eurobasket de Turín’69, el gran Raül López buscaba su primer Mundobasket a sus 22 años, en Indianapolis, tras haber vivido ya la experiencia de unos Juegos Olímpicos y un Eurobasket. Era un 19 de agosto del 2002, en la población malagueña de Estepona, en amistoso ante Rusia, cuando al base de Vic se le cruzó –y nunca mejor dicho- la tragedia: lo suyo no era una rotura de ligamentos cruzados, sino una rotura de su ligamentoplastia. Esto es, para subsanar quirúrgicamente la gravísima primera rotura de ligamentos de su rodilla en el invierno del 2001 en Valladolid, se recurrió a hacer un injerto con ligamentos de cadáveres. Pues tales ligamentos injertados, volvieron a estallar esa infausta tarde que pareció lesionar a todo el baloncesto español. Aquella llorada baja propició las primeras internacionalidades con la absoluta de aquel chico que decían que no era base, José Manuel Calderón.

¿Quién no recuerda esta imagen de Pau Gasol? (Foto EFE).
¿Quién no recuerda esta imagen de Pau Gasol? (Foto EFE).

Dolorosos gritos también oímos en el suelo a Juan Antonio Morales, una de nuestras esperanzas en la posición de pívot en nuestro baloncesto español, durante la celebración del Preolímpico de Holanda en 1988. La España de los “baby-pívots”, ¿se acuerdan? Sin Fernando Romay (que curiosamente se destrozó también la rodilla en las semifinales ligueras y bien sabe del dolor padecido por Llull en Tenerife, al que tenía a escasos metros), ni Fernando Martín (que por su condición de ex NBA, no podía jugar con la Selección), ni Juan Domingo de La Cruz (que había anunciado su retirada dos años antes), nos avocamos a jugarnos el pasaporte a los Juegos de Seúl’88 en un Preolímpico con tan sólo tres plazas europeas. Y hacer cábalas estando la URSS, Yugoslavia, la vigente campeona de Europa, Grecia y la siempre irritante Italia. Y allá que íbamos con los “baby-pívots”. A saber: Antonio Martín, 22 años; Ferrán Martínez, 20 años y Juan Antonio Morales, 19 años. A las trincheras con ellos. Y eso sí: todas las esperanzas y sueños de clasificación. Pues un día después de su gran actuación ante Francia, la que nos hacía sacar pecho con eso de que había futuro en Juanan Morales, ante Italia, pisar a un rival tras la captura de un rebote y sufrir uno de los esguinces de tobillo más escalofriantes y dolorosos que hayamos visto. Rotura de ligamentos de su tobillo, directo al quirófano. Sí, nos clasificamos para Seúl, afortunadamente, pero no se podía tener más mala suerte. Hasta se dio la circunstancia que Antonio Díaz Miguel, en un hecho sin precedentes, tuvo que buscar pívot sustituto …¡en la LEB! O lo que era entonces, la 1ª B. Quique Andreu, jugador del Lliria, recién fichado por el CAI Zaragoza, fue el elegido. 

La dolorosísima lesión de Juan Antonio Morales en el Preolímpico de Rotterdam'88.
La dolorosísima lesión de Juan Antonio Morales en el Preolímpico de Rotterdam'88.

Hay frases que quedarán para la historia. El “¡cambio ya! ¡cambio ya!” de Pau Gasol previo a lanzar los tiros libres ante Argentina en semifinales del Mundial, fue el culmen a la gesta y épica de aquel Mundial japonés, un 1 de septiembre de 2006, que siempre estará en nuestros corazones. Unas muletas y una camiseta de “Pau también juega” fueron su repertorio saltando a la pista, mejor dicho al banquillo, en una final perfecta en la que llegando a ese umbral, lo lógico es que el rival acabe anotando 47 puntos. El baloncesto es así. 

Fernando Romay en el desgraciado Mundobasket Argentina'90 (ACB Photo).
Fernando Romay en el desgraciado Mundobasket Argentina'90 (ACB Photo).

Entre medias, pequeñas lesiones como las de José Calderón, que le impidieron jugar finales olímpicas –Pekín’08- o directamente, torneos enteros (el Mundobasket 2010, por una pequeña lesión días antes de su inicio). Aquel pisotón de Juan Antonio San Epifanio a su rival checo cuando dio un paso adelante para arrebatarle el balón de un zarpazo, torciéndose el tobillo y con su baja, lo que nos arrebataron ellos fue la medalla de bronce en el Eurobasket de Checoslovaquia en 1981. La fractura en la mano de Fernando Romay en otra infausta tarde ante Grecia en el Mundial de Argentina’90, aditivo más para viajar hasta el infierno de Salta días después, o los constantes problemas de Juan Carlos Navarro a lo largo de su tortuosa travesía durante los Juegos Olímpicos de Londres’2012, recayendo tras el debut con una fascitis, como podía haber sido cualquier otra cosa, producto de unos pies muy castigados, han ido engordando la plaga de lesiones durante el periplo veraniego en la Selección Española. 

Ahora toca lidiar con la baja de Sergio Llull. Como dicen sus compañeros, por él se traerán el campeonato a casa. A su casa. Ojalá sea cierto.