“EN LAS VEGAS” Capítulo 10

“EN LAS VEGAS” Capítulo 10
"Leaving Las Vegas".

Antonio Rodríguez

Leaving Las Vegas”

Para acabar, aunque tenía este artículo en el tintero, no quería despedir este serial sin publicarlo. En qué se ha convertido este Summer League en Las Vegas, cómo ha llegado a ser el absoluto gigante veraniego de la NBA en la que todos se pasan, se dejan ver y tratan de hacer negocios en el mercado de jugadores más grande del planeta. Y sobre todo, cómo se ha convertido en un foco de atención para los fans, ávidos de ver baloncesto. Todo aficionado al deporte en Las Vegas, resida o esté de vacaciones, tienen su parada por el campus de la Universidad de Nevada Las Vegas, para vivir las primeras evoluciones de sus futuros ídolos.

Esta fue la primera medida que nos sorprendió: la absoluta locura/fiebre colectiva por Lonzo Ball. Como entre los españoles bromeábamos, es la primera vez que en el pabellón grande, el Thomas & Mack Center, no hemos pasado frío, debido a las 17.500 plazas ocupadas en su totalidad. Pasarse por las taquillas en la primera jornada y ver que para el día siguiente, sábado, estaba todo vendido (por un apetitoso Lakers-Celtics), era algo impensable en cualquier otra ocasión. Y allá que nos tuvimos que ir, al  gallinero para poder verlo, en medio de aficionados de los Lakers que invadieron las gradas con todo tipo de camisetas con motivos angelinos. Desde la del logo de Lakers con el nombre de “Lonzo”, hasta las oficiales de juego, por encima de todo. Camisetas de Kobe Bryant como para montar un mercadillo (más la primera que vistió con el nº 8 que la de los anillos, con el nº 24), de Shaquille y tirando más retro aún: el 32 de Magic y el 33 de Abdul Jabbar, el 10 de Norm Nixon, el 31 de Kurt Rambis, el 52 de Jamaal Wilkes, puestos a ver rarezas que causaban nuestro asombro.

 

Jack Cooley (Agencia EFE).
Jack Cooley (Agencia EFE).

Y todos en la boca, con la palabra “Lonzoball”. Porque nadie le llamaba Ball en ocasiones. No, era todo del tirón: “Lonzoball”. Entre los aromas permanentes a comida en las gradas, allí alucinaban totalmente con las acciones –o los errores- del nuevo base de los Lakers. El primer día, con su mala sesión en tiro, los fans dentro de su exageración, tal y como lo expresan allí, se lamentaban, se echaban las manos en la cabeza, vibraban con alguna acción positiva… pero en el fondo, cuando finalizaba el partido, lo curioso es que nadie se sentía decepcionado, a pesar de su mal partido. En definitiva, habían visto a su ídolo. Imaginen cómo fue la locura de sus grandes actuaciones.

Por otra parte, siempre es llamativo qué cosas les llama más la atención, el concepto de baloncesto tan diferente que tienen respecto al europeo. No solamente que se levanten de sus asientos y salten ante los mates (sobre todo si son de “alley-oop”), como si hubiesen visto una aparición mariana, sino que cuando veían un cambio de dirección, el típico cross-over y el rival caía en el suelo, ya fuese por un resbalón, por toparse con la zapatilla rival, porque el parquet estuviese mojado en esa zona… daba igual, aquello era un estallido. El ¡oooooh! a voces era como si hubiesen visto algo mágico, al margen que la jugada acabase en un tiro fallado o en un pase sin mayor trascendencia, cosa secundaria. Eso era el acabose para ellos. En verdad, mirar alrededor y es difícil creerlo. Son sus baremos de fantasía, suponemos.

Pero es un público honesto. No es como en Europa, cada vez más frecuentes los exabruptos hacia los árbitros. Una decisión de un balón que sale fuera de banda, palmeado –en teoría- por un jugador rival al de Lakers, otorgando la posesión en su contra, provoca las protestas. Como son bastante civilizados en ese aspecto, tienen el privilegio de ver la repetición a través del videomarcador. Y cuando el público ve cómo es el rival inicialmente quien toca el balón el último, gritan “Come oooon!!!!”, hasta que instantes después, fue Thomas Bryant quien roza el esférico antes de salir por línea de fondo y acaban con una exclamación de desánimo, un “ooooh!”, reconociendo su error. Son fantásticos.

De los tiempos muertos, ¿qué les voy a contar? El videomarcador para ellos significa una presencia mágica si llegan a salir, aunque solamente sea unos segundos, en sus enormes pantallones. Y si toca para ello bailar, pues no hay ninguna vergüenza ni pudor: bailan. El “dab dance” es lo que más les gusta y los niños tienen un dominio asombroso. Sobre sus atracciones ya conocidas de los tiempos muertos (vimos menos imaginación que en la anterior ocasión), es cierto que nos hizo soltar una carcajada lo que ellos llaman la “Simba Cam”. Es algo semejante a la Kiss Cam, pero en versión bebé. En un evento tan familiar como un partido de baloncesto, donde van hasta los bebés, la “Simba Cam” es recrear en las gradas el gesto del “Rey León”, alzarle a lo alto con los brazos extendidos, aunque el querubín tenga meses. Hay peques que siguen el juego y la sonrisa a su padre, porque dentro de su intuición, si a su papi les parece divertido, a ellos también. Pero los hay que se ven arriba, alucinados, sin entender  a qué demonios les llevan sus padres, al margen exhibirles como un trofeo.

El speaker. Merece un capítulo aparte. Muchos nombres, muchos equipos y jugadores de nacionalidades muy diferentes. Vale que le chivaron lo del chino Zhou Qi (que leía como “sou chi”), y lo de los europeos, lo llevaba regular (Juancho, aun llevando ya una temporada en la NBA, lo de “Hernangómez”, le costaba). Sin embargo, lo que más gracia nos hacía era la pronunciación del rookie de los Celtics, Semi Ojeleye. Viendo comentaristas de NCAA locales (en nuestro juicio, los más fiables y correctos), allí lo pronuncian “Oyelei”. Pues al speaker del pabellón le escuchamos “Oleyeye”, “Yelelei”, “Oyali…la”, dejándolo ya por imposible. Y el bueno de Ojeleye venga a meter triples, para la ojeriza que le pudiera coger el bueno del speaker.

Alex Caruso (Agencia EFE).
Alex Caruso (Agencia EFE).

Y todo esto, entre el hervidero de agentes, scouts, entrenadores NBA que van a ver a sus futuros chavales en primera fila, a pie de pista, tipos como Larry Brown que son saludados por todos y cada uno de los conocidos que pasaban por allí y por encima de todo, el mercado europeo. Españoles, había un puñado, sean entrenadores, directores deportivos o simplemente dentro del organigrama de los equipos de la Liga Endesa. Incluso fuera de nuestra liga, como el gran Himar Ojeda, actual general manager del Alba berlinés. “Me gusta mucho Jack Cooley” oíamos en tal hervidero. “Pero necesito alguien que también las meta de fuera. Prefiero a (fulanito)”. Resulta que Cooley se marca unos partidos extraordinarios y es abrazado, tanto por el entrenador de los Kings como por todos sus compañeros, tras una soberbia actuación en el rebote. No olvidemos que en la plantilla de los Kings había casi la mitad del roster que lucirá en Noviembre. Visto lo visto, “pues a mí me da que este se queda”, por lo que se tacha de la lista. Por el ‘fulanito’ se va a hablar con su agente. Y ojeas en los graderíos, puedes ver tipos conversando de manera permanente. De vez en cuando echan un vistazo al juego, pero ellos tienen una misión allí. “A mí me queda por fichar el base, dos aleros y el cinco”, es el mapa de muchos de estos directores deportivos. Y se apresuran a negociar estos días. Resulta que Alex Caruso, el base de los Lakers, se le ve con un desparpajo jugando como a uno de los buenos y consagrados (estaba probando para Lakers). “¡Qué cabrón! Ahora va y se sale. Mira que le hicimos una oferta este invierno y la rechazó. Tenía esperanzas que este verano pudiera echarle mano. Claro, si aquí juega así, no tengo ninguna opción”. Todos siguen mirando al escolta Spencer Butterfield, que se hizo muy famoso en Europa este invierno, jugando para el Nanterre, estando en boca de innumerables rumores. “Desde que saltaron todos esos rumores, empezó a jugar algo peor” aclara otro director deportivo. Pero se le ve en la pinta y en la agresividad que pone en cancha, que sigue siendo tremendamente atractivo.

Es cada vez más difícil para clubes de la Liga Endesa fichar en Las Vegas, como sucedía hace 5 o 10 años. En España se paga menos, ahora, las plantillas NBA han aumentado el número de jugadores. Por otro lado, la D-League (o G-League que se llama ahora) pagan algo más, en torno a los 100.000 dólares, y como un agente comentaba “¿tú crees que muchos, cuando les ofrecen 150.000, están dispuestos a abandonar su país y tener que estar aguantando a un tipo que les grita toda la temporada?”. Existe China con sus grandes dineros y existe Turquía, “éste cobrará 250.000 dólares por toda la campaña, ¡de un recién ascendido a 1ª división turca!”. La tarea se complica.

Y los NBA, pues a ver a sus pupilos. Ese segunda ronda que muestra grandes habilidades y sobre todo, temple y éste o aquel se quedan cortos de estatura para jugar en su posición habitual en NCAA y hacerles pasar por un base o un alero, cuando eran escoltas o ala-pívots. Se trata de una transición por la que no están algunos preparados.

Un gran circo, perfectamente organizado. En esa faceta, de chapeau. Un gran espectáculo donde uno se sumerge en lo más superficial del baloncesto, con los gritos de los aficionados por el gran pase de Lonzo Ball, como en las entrañas del monstruo, negocios y tratos que darán algunas de las estrellas de nuestra Liga Endesa.