“EN LAS VEGAS” Cap.1

“EN LAS VEGAS” Cap.1
La locura por Lonzo Ball

Antonio Rodríguez

La locura por Lonzo Ball

Para un estadounidense, Las Vegas está de Los Angeles a tiro de piedra. Mapa en ristre y con sus distancias geográficas, ahí al lado. Si a sus casinos llegan ciudadanos de todos los rincones del país, piensen que por tal proximidad, un gran porcentaje serán californianos. Y californianos de los Lakers. O aquí en Las Vegas hay mucho nativo simpatizante Laker –que los debe haber- o todo el turisteo a pasar unos diítas vacacionales, se ha traído su camiseta del equipo del Showtime y unas ganas locas por ver baloncesto en la Liga de verano.

(Agencia EFE).
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Y oigan, que hay que echarle variedad, porque nos hemos podido encontrar camisetas Lakers de todo tipo. Hablando de las oficiales de juego, la de Kobe Bryant se lleva la palma. Pero no el número  24 que lució la mayor parte de su carrera, no, sino la del 8 de sus primeros años, con el diseño anterior, parece ser la preferida. El mismo que lucen otras que hemos visto desfilar, como la del 32 de Magic Johnson, el 33 de Jabbar, el 44 de Jerry West, el 13 de Wilt Chamberlain… ¡hasta el 31 de Kurt Rambis! En la diversidad está el encanto, ya ven.

Pues entre todas ellas, colándose como la nueva fuerza y moda emergente de los Lakers, camisetas con cientos de diseños con el motivo entrelazado de Lonzo Ball&Lakers, son el nuevo reclamo. Hasta una con el logo en grande del equipo donde en vez de leerse “Lakers”, se leía “Lonzo”. Una locura.

Tal locura ya la intuimos el primer día de Summer League, cuando en las taquillas del pabellón Thomas&Mack Center, colgaron el cartel del “Sold out” para el domingo, día siguiente en el que se enfrentaban Lakers y Celtics, o sea, Lonzo Ball contra Jayson Tatum. ¿Todo vendido? ¿En serio? 17.500 espectadores tiene por capacidad el pabellón donde habitualmente juega sus partidos la universidad de Nevada Las Vegas. Todo vendido.

(Agencia EFE).
(Agencia EFE).

La Summer League es un caramelito que encanta. Lo primero, porque es la primera ocasión de poder ver a los afamados recién elegidos en el draft, proyectados a la calidad de estrellas, en un entorno NBA. No son plantillas NBA, pero se les parece. Otro grupo de jugadores dirimen gran parte de sus posibilidades, porque es la oportunidad de firmar su próximo contrato, sea en NBA o en el resto del mundo, con lo que la intensidad es muy alta. Por otra parte, poder ver la progresión del rookie que no ha hecho más que chupar banquillo, lo convierten en un escenario formidable. Tienen libertad para tomar responsabilidades y capacidad para mostrar su talento. Y uno, se sienta en sus gradas y empieza a ver un partido y otro y otro…y así hasta cuatro consecutivos, quedando embrujado de tal manera que parezca que el ritmo habitual de un partido de baloncesto es este. Claro, la flojera viene después cuando comparamos. Lo que viene siendo en boca de un aficionado, “estos tíos se ponen a correr y…”. Y eso gusta.

Pues este baloncesto tan atrayente y dinámico, lo veían habitualmente un puñado de aficionados. Tan puñado eran, que en el Cox Pavillion, el pabellón pequeño donde originalmente arrancó esta Summer League, obligan aún a los aficionados a entrar por una segunda puerta que da a la grada justo enfrente a las cámaras de televisión, para que se vayan acumulando allí y al menos, desde la tele, veamos que hay algo de ambiente en sus asientos. Cruzando el pasillo, en el pabellón de los diecisiete mil y pico espectadores, el Thomas&Mack, se colgaba del techo una inmensa cortina negra para ocultar las gradas de uno de los fondos y así no dar sensación de estar tan vacío. En los buenos partidos, había entre cuatro mil y cinco mil espectadores. Bien, todo eso ha cambiado con la llegada de Lonzo Ball.

 

            Podrán entender ahora el impacto del cartel en las taquillas. Es complicado pensar que esté todo vendido…y lo estaba. Como decía un agente español, “es la primera vez que no paso frío dentro del recinto”. Esto, dicho en el país del aire acondicionado, máxime en Las Vegas y los 47 grados que nos regala cada día durante este mes de Julio, es algo casi impensable. Más de diecisiete mil espectadores, todos ávidos por ver a Lonzo Ball, coreando su nombre incluso en el encuentro anterior, gritando y celebrando con verdadera pasión sus canastas desde la rueda de calentamiento… Absoluta fiebre. Era curioso cómo la participación de Brandon Ingram, otro atractivo del primer encuentro ante Los Angeles Clippers, sin duda, pasaba a un plano más secundario. Y es que el circo está planteado en torno al apellido Ball y eso se sabe.

Se sabe hasta el extremo que, a su hermano Lamelo se le exhibe en uno de los concursos de tiro durante los tiempos muertos. En los partidos de los Lakers, el reto entre dos rivales de quién anota primero desde bajo el aro, desde el tiro libre, desde el triple y para acabar, desde medio campo, los aficionados elegidos compiten contra Lamelo Ball. Y sobre el chaval podemos arrastrar toda nuestra inquina por los vídeos de esta temporada, los 92 puntos de aquella manera… lo que quieran. Pero aquí, la bandeja, el tiro libre y el triple, partiendo del reposo, los mete siempre a la primera, con lo complicado que es eso. Es un virtuoso en el tiro…a diferencia de su hermano. Y es que Lonzo, en su aclamado debut, tuvo 2/15 en lanzamientos de tiros de campo. Desde las gradas, todo Lakers, vivían frustrados cada uno de sus fallos. Y el circo seguía, puesto que en la prórroga y con tras la lesión de Brandon Ingram, tomó la responsabilidad de jugársela en los instantes decisivos y la colección de fallos seguía aumentando, entre algún abucheo que otro. Abucheos que se incrementaron cuando las pantallas enfocaron a LaVar Ball, padre de Lonzo, que con una abierta sonrisa, asentía con la cabeza. 

El increíble ambiente del pabellón (Foto vía Twitter TonyStoryGNBA).
El increíble ambiente del pabellón (Foto vía Twitter TonyStoryGNBA).

Lonzo Ball se quedó en 5 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias, con el 2/15 ya mencionado. En verdad que no fue su partido, entre otras razones porque apenas tuvo ocasión de correr. Se vio envuelto en un ritmo extremadamente lento para él, en el que el que cuando pasaba el balón, el entorno le pedía que tirase. Y cuando tiraba, forzaba y fallaba. No seleccionó bien y ante tanto error, volvieron las críticas del no sabe tirar, que su mecánica es mala. Y es cierto. No tiene seguridad en su suspensión aún (sí toda la confianza, porque no se corta en lanzar tiros muy alejados) y se ve que prefiere pasar el balón. Tanto afán tenía por pasarlo que a veces no elegía bien la opción de a quién darla.  

Hay algo que gusta mucho de Lonzo Ball. Desde que recibe el primer pase del pívot como arranque de jugada, él lo pone en movimiento rápidamente. Sabe dónde están y hacia dónde corren sus compañeros, para darles el balón al momento, más allá de medio campo. El baloncesto es un deporte rápido y dinámico y él lo entiende así. Eso de tardar siete segundos en pasar la línea de medio campo, no va con él. Y tienen gran habilidad para pasarlo desde cualquier posición. A nada que estuvo más acertado de cara al aro en el siguiente partido ante los Celtics, su encuentro lució un poco más con los 11 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias. No vamos a vender aquí triples-dobles ni estadísticas, que al fin y al cabo, esto es una liga de verano. Pero ya tenía otra cara su juego. Que volvieran a perder los Lakers ante sus archirrivales Celtics, tenía el desencanto de la grada, pero poco más. Ball había mostrado que podía anotar más desde fuera, que sabe postear, que puede superar a su rival en uno contra uno y penetrar hasta canasta (otro gesto que hizo muy poco el primer día) y que en definitiva, todos los aspectos del baloncesto, los conoce. Incluso en defensa, aunque sea más bien rácano en sus esfuerzos, pero sabe situarse perfectamente para cerrar líneas de pase o caminos hacia el aro del rival.

A Lonzo Ball le han enseñado a jugar al baloncesto y él lo ha aprendido. Que se nos hiela la sangre cuando le vemos tirar de esa manera en suspensión, cierto es. Sin embargo, está aprendiendo todas las lecciones y tiene ganas de aplicarlas en un futuro próximo. En un futuro, sí. Porque en definitiva, cuando uno le ve en persona, lo que uno se encuentra, es un chaval. Un chaval que por circunstancias familiares y personales, ha creado demasiada expectación sobre él, como para tener que ver sus partidos desde el gallinero. Y eso debe pesar lo suyo sobre los hombros.