EL RASTRO DEL ORO

EL RASTRO DEL ORO
La Selección Española femenina, campeonas de Europa otra vez.

Antonio Rodríguez

La Selección Española femenina volvió a proclamarse CAMPEONAS DE EUROPA en la cita checa, dejando tras de sí un rastro de éxitos, que se sigue allá donde haya huellas de oro. Porque es la estela que dejan

Dicen que cuando se juega tan perfecto, no hay igualdades que valgan, porque no hay rival que alcance esa cota. En España sabemos de eso. La final del Mundial de Japón’06, como la final del Eurobasket lituano del 2011 en categoría masculina, nos mostraron con toda su magnificencia -con toda su crueldad para el oponente-, que eso es así y que no quita ni un ápice de mérito de coronarse como los mejores. Y por eso, el 71-55 que marcaba anoche el electrónico en el Praga Arena, dejaba muy a las claras que nuestra Selección Española femenina son las CAMPEONAS DE EUROPA por tal motivo. 

Campeonas de Europa (Foto: FIBA)
Campeonas de Europa (Foto: FIBA)

Sin tener que acudir a la épica como hace 4 años, cuando a las anfitirionas francesas se les arrebató por un punto la final en su feudo (69-70), ayer, en el terreno neutral checo, se dominó de principio a fin como para jugarse los últimos minutos con esa mágica balsa de 20 puntos de diferencia. ¡20 puntos! (71-51 a falta de 01:30 para el final). Las chicas entrenadas por Lucas Mondelo lo bordaron durante los 40 minutos, desde que la entrenadora francesa Valerie Garnier vio las primeras carreras de las españolas y los primeros parciales en su contra (15-10), pidiendo tiempos muertos ineficaces ante los triples de Alba Torrens desde su casa y a los poderosos rebotes de Sancho Lyttle, muestrario de sus errores. Llegó un momento en que las pívots mastodónticas, las jugadoras atléticas, las que prohibían acercarse a la zona, eran las nuestras. Así jugaron al baloncesto.

El broche psicológico que acabó decantando la final fue hacer creer a las francesas que sus pívots, jugadoras muy peligrosas de gran estatura y poderío físico (Helena Ciak, 1.97, Diandra Tchatchouang, 1.89 y Alexia Chartereau, 1.90), acabasen jugando por fuera, convencidas que era la única forma de ganar. Así fue la defensa española para lograr su inoperancia.  Un rosario de suspensiones en jugadores que dominan el trabajo bajo el aro, totalmente fuera de sitio y ansiosas. Unas agresivas jugadoras exteriores que no encontraban ningún resquicio para llegar hasta el aro, salvo en ocasiones puntuales. El trabajo de Sancho Lyttle (19 puntos y 8 rebotes) como mayor respuesta física a sus contrincantes, así como el juego de ayudas y fintas constantes de Torrens y Laura Gil, les hicieron sumergirse en esa angustia vital que fue para las francesas toda la segunda mitad. 

Laia Palau, la mejor despedida posible (Foto: FIBA).
Laia Palau, la mejor despedida posible (Foto: FIBA).

Que Laia Palau anotó una canasta a la media vuelta en suspensión para finiquitar el tercer cuarto (56-40), no dejaba de ser ultimar el lazo del regalo que se estaba preparando entre todas. Laia, como ya anunciamos en este web, se retira de la Selección, siendo la jugadora que más veces ha defendido su elástica. Y al igual que sucedió con la gran Amaya Valdemoro cuatro años atrás, parece que hubo una confabulación para que su retirada fuese lo más brillante posible: con una medalla de oro. Puso el temple y el empuje cuando tocaba hilar fino y cuando tocaba asestar el golpe, a modo de lectura perfecta de una final que no se podía escapar. Ella se merecía su medalla de oro para decir adiós. Y la tuvo.

Pero por encima de parciales, de actuaciones individuales, de “pío-pío” y estrategias, englobamos en un todo el juego de nuestra Selección Nacional. Es un orgullo para todos nosotros ver cómo juegan estas chicas. La ejecución del trabajo en los entrenamientos para lograr esa sincronización, movimiento constante de las 5 jugadoras en pista, donde nadie queda desasistida en ningún momento, donde el esfuerzo es máximo precisamente para evitar ser socorridas, pero con las espaldas cubiertas (ver cómo Nicholls o Gil fueron respaldadas), era una obra de arte permanente. Que jugadoras tengan una base de fundamentos tan perfecta, añadiendo su empuje y entusiasmo en cada acción, es como una reconciliación con el baloncesto, si tuviésemos de alguna manera, que reconfortarnos con él. Por eso son campeonas de Europa, porque son muy buenas y con su ilusión, parecen llamar a la suerte. Y así una y otra y otra vez. Colección de medallas conseguidas, caminos manchados por gotas del oro que ellas destilan, caminos y rastros de éxitos que esparcen allá por donde pisan. Y que pisen por mucho tiempo.

 

ACTUACIÓN INDIVIDUAL:

Laura Nicholls: Su tarea fue de lo más ingrata al tener que enfrentarse a rivales muy superiores físicamente. Y cumplió con creces, porque nunca quitó la cara. Luchó por cada rebote y por cada posición. Sin ser en ataque alguien destacada, salió más que airosa.

Silvia Domínguez: Imprimió un ritmo endiablado en muchos momentos y para el recuerdo se quedará con una canasta a aro pasado grandiosa -que los pánfilos de la realización televisiva francesa, obviaron repetir-. Como veterana y ganadora, sabía lo que tenía que hacer en todo momento, incluso faltas a la atlética Epoupa. Pero había que dejar claro el “no pasarán”. Muy notable.

Alba Torrens: Como en el anterior oro de 2013, volvió a ser la mejor de nuestra Selección. Se marcó 10 puntos en el primer cuarto, dos triples de quitar el hipo y a partir de ahí, facilitar el viento en popa para todas sus compañeras. 18 puntazos, clase a raudales y esa alegría que ella muestra a cada movimiento. Una fenómena. De sobresaliente o mejor dicho, de MVP del torneo. 

Las acciones de Alba Torrens dan para un MVP (Foto: FIBA).
Las acciones de Alba Torrens dan para un MVP (Foto: FIBA).

Laia Palau: La capitana lo bordó. En ninguna jugada dejó de tener bien amarrado el control del partido. Nunca. Supo tener la paciencia que se necesita para atacar las agresivas defensas francesas que sufrieron en ocasiones. Un último pase certero, una canasta de una compañera sobre la bocina de posesión y otro clavo más en el ataúd francés. Se retiró como se merece: siendo importante en una medalla de oro más. Campeona.

Marta Xargay: Siendo una de las aleros con más talento, comenzó fallando sus tres primeros intentos a canasta, en posiciones relativamente cómodas. Ni ella ni el banquillo perdió los nervios ante la circunstancia y siguió jugando hasta que tocara cumplir. Y en la segunda parte, tuvo su momento. Gran campeonato el suyo y una aportación muy interesante en la final.

Leonor Rodríguez: Pocos minutos en la final, pero saliendo con la agresividad de las titulares. En su tiempo en pista, no bajó el listón de intensidad.

Sancho Lyttle: Estuvo inconmensurable. Ella es la única jugadora que por físico, podía tratar de igual a igual a las pívots francesas y acabó superándolas. Más acertada en ataque de lo habitual en esta final, anotó algunas suspensiones de verdadero mérito. Pero sobre todo ella marcó el umbral de intensidad en la zona. A partir de ahí, todas la siguieron. Eso es mucho. 

Sancho Lyttle, imponerse bajo tableros (Foto: FIBA)
Sancho Lyttle, imponerse bajo tableros (Foto: FIBA)

Anna Cruz: Salta a pista y se marca una canasta fantástica. Combinando técnica, carácter y potencia, ella es de las mejores de nuestro equipo y a la hora de anotar, pues 12 puntos en 23 minutos la engalanan. Ahí queda eso.

Leticia Romero: Sus últimos segundos en pista fueron un regalo, que disfrutase de un oro más que merecido porque ella y jugadoras como ella serán las que cojan el testigo de las estrellas actuales.

María Conde: Poco más de un minuto en cancha para disfrutar del final lo que disfrutó -la que más, sin duda- en el banquillo. Por entusiasmo, jugadora de 10.

Laura Gil: Otra de nuestras jugadoras altas que se sabía en inferioridad. Pero nunca, nunca lo muestra. Por garra bajo los tableros, fue otra de las principales culpables de mantener nuestro tablero sin muchas concesiones. Sabe que su papel ofensivo es discreto, pero ayuda a que las demás logren el objetivo común de ganar. 

Las mejores (Foto: FIBA).
Las mejores (Foto: FIBA).

Beatriz Sánchez: Otra de las que dispuso de pocos minutos, envueltas en el regocijo de vislumbrar en los últimos segundos un oro que ya se sentía.

Lucas Mondelo: El maestro. Las jugadoras le conocen y él sabe qué puede exigir de ellas. Y sin excentricidades, supo sacar lo mejor de todas ellas. La armonía en el concierto que supone ver a este combinado tiene su firma. Es el baloncesto puro, sencillo. El baloncesto ganador. Primero jugar bien y todo irá llegando. Y llega el ganar porque se juega bien. Repetimos, así de sencillo.

 

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO