SEMIFINALES CONOCIDAS

SEMIFINALES CONOCIDAS
Nuestra Selección femenina vuelve a unas semifinales

Antonio Rodríguez

En tiempos y días de vino y rosas para nuestro baloncesto femenino español, las chicas de Lucas Mondelo vuelven a aparecer en un paraje ya conocido por ellas: afrontar las semifinales con todo el terreno por conquistar

Si surcásemos el baloncesto europeo femenino como si fuésemos turistas sobre un antiguo pueblo en ruinas, veríamos que en ciertas zonas donde ahora quedan cenizas, se encontraba el palacio más bello de todos. El baloncesto soviético primero, ruso después, era aquella luz cegadora de bellas vidrieras, poderosa en sus alrededores, que todo lo dominaba. No ya por el tamaño de las jugadoras, inaccesible para los países de la Europa Occidental, sino la pureza del juego, sus fundamentos, su ejecución. Magnificencia expuesta ante la envidia del resto. Ahora observamos la ausencia de sus cimientos, de ladrillos incluso. Uno puede agacharse y coger un puñado de esas cenizas que se escapan entre los dedos y ver lo que queda de todo aquello, como si se hubiese desintegrado, pensando que es terriblemente melancólico. Vencer a la débil Montenegro, como único triunfo de sus cuatro partidos, cayendo en octavos de final ante Grecia (la gran sorpresa hasta este momento de la competición), es volver a imaginar lo que fue aquella Rusia y contrastarlo con lo que es. 

(Foto FIBA).
(Foto FIBA).

Todo aquel arte, esa gracia, en definitiva, que profesaban sus jugadoras, lo tiene hoy día nuestra Selección Nacional Femenina. Como si fuera una herencia maravillosa que a base de muchos años de trabajo y esfuerzos, se han ganado nuestras jugadoras por derecho propio. El volver a semifinales es un premio más, un florido paraje familiar, porque como hacían hace años las admiradas soviéticas, se alcanza por aplastamiento, por jugar como los ángeles. Ver cómo mueve los pies Laura Nichols para lanzar con comodidad, la mano que tiene Anna Cruz y la facilidad para anotar, con Marta Xargay con sus mismos argumentos, la desenvoltura de Alba Torrens y, eso sí, como las antiguas rusas, esa frialdad calculada de Laia Palau para hacer siempre lo correcto, añadido al coraje para hacerse respetar siempre de Laura Gil, dan un colorido maravilloso al equipo del que todos nos sentimos orgullosos. Y se logró tras vencer a Letonia ayer en cuartos de final (67-47) sin apenas oposición. Que Anete Steinberga y Kristine Vitola acabaron hartas y soltando los codos a pasear, justificando su frustración, era muestra del gran trabajo. 

(Foto FIBA).
(Foto FIBA).

No deja de resultar paradójico que en el tercer cuarto fue cuando nuestras rivales se acercaron a 10 puntos, lo más cercano en muchos minutos y tuvo que solicitar tiempo muerto Lucas Mondelo pidiendo más intensidad, cuando en ataque se estaba haciendo bien. Pero, claro, un entrenador debe exigir más acierto. Ante la defensa zonal de las rivales, la circulación era perfecta, pero perfecta, hasta que se encontraba una cómoda posición de tiro. Sin embargo, las suspensiones no entraban. Si los momentos de debilidad vienen por la falta de acierto a una buena ejecución, prometemos un brillante camino a nuestras representantes. Desde el banco, Lucas Mondelo vigila con ojo avizor todo lo que sucede y retoca. Cierto es que este equipo tan acostumbrado a ganar, a jugar bien y ganar mejor dicho, poco hay que advertir. Es el lujo de muchos años haciéndolo bien. Y que dure. De momento, para hoy, a las 18:00, hora en que nos enfrentaremos a selección de Bélgica, otra de las sorpresas de este Eurobasket. ¡A por ellas!