RADIOGRAFÍA DE UN CAMPEÓN

RADIOGRAFÍA DE UN CAMPEÓN
Radiografía individual del campeón Valencia Basket

Antonio Rodríguez

Este es el análisis individual de un equipo sorprendentemente campeón para todos… excepto para ellos

Y pasan los días y el influjo, la sorpresa de todo lo acontecido, sigue en nuestra retina. Valencia Basket, campeón de la Liga Endesa, es algo que veíamos factible hasta que Marcelinho Huertas rompió tal embrujo con una canasta en La Fonteta sobre la bocina final, allá por 2014. Esta campaña, con cierta cara de circunstancia entre sus aficionados a la finalización de la liga regular, era más difícil imaginarles en tal contexto. Lo que no sabíamos, excepto ellos, era la dimensión de la capacidad ganadora de este plantel. Pues aquí les presentamos. Uno a uno. Con sus gestas y sus debilidades. Bueno, debilidades cuando se es campeón… ¿quiénes las encuentran?

(ACB Photo).
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#0 WILL THOMAS (Ala-pívot, 2.03)

Uno de nuestros jugadores favoritos en este Playoff. Impagable su trabajo, no sólo en anotación. Por favor, repasen las imágenes nuevamente de su posición cuando tocaba defender transiciones que el Real Madrid pretendía correr. Ni se imaginan la cantidad de “venga, paramos y jugamos en cinco contra cinco” que ha provocado en sus rivales. En Endesa Basket Lover le tenemos como el verdadero icono de lo que ha sido Valencia Basket: de tener una liga regular con buen tono a explotar como un auténtico ganador a la hora de la verdad. Por ímpetu, por posición, por nunca amilanarse ante rivales mucho más altos, jugando en poste, garantizando rebotes…y sus triples, esos triples que certificaron victorias, como la que se produjo en el tercer choque de la serie, por ejemplo. Un monstruo que demuestra que cuando se tienen espíritu de pívot, da igual la estatura. El respeto es el mismo.

Estadística a destacar: Pasar de 5.9 puntos en liga regular a 12.8 puntos en la final. 

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#8 ANTOINE DIOT (Base, 1.93)

¿Sabían que en Endesa Basket Lover adoramos a Antoine Diot desde su etapa de junior? Fue el base europeo más destacado de su generación. Cómo mandaba en pista a los 18 años a la Selección francesa junior, era digno de verse. Y en nuestra memoria siempre quedarán los últimos minutos de la semifinal del Mundobasket Sub-19 de Novi Sad  en 2007. Frente a un equipo estadounidense con DeAndre Jordan, Michael Beasley y Stephen Curry en el banquillo, Nicolas Batum se quedó pálido, desde el suelo, mirando cómo entre Jonny Flynn y Patrick Beverley le robaron el balón en un dos contra uno y anotaron la canasta que les aupaba en la delantera en el marcador por primera vez en el partido. Restaban dos minutos en el electrónico. Batum, líder de aquella selección francesa, a partir de ese instante, se autoanuló y tuvo que tomar las riendas Diot. Viendo la mirada perdida de uno y la encendida de otro, los USA tenían claro hacia quién debían ir como lobos, porque uno ya no existía en pista. Y Antoine lo intentó todo, como en los 38 minutos restantes, pero no pudo darles la victoria por la sobremarca que sufrió. Su cara de decepción y mirada de frustración de ese día, le acompañará siempre. Frustración de líder.

Pues ese líder nos hemos vuelto a encontrar en este Playoff 2017. De dirigir con templanza, y con maestría, incluso en aquellos tiempos en los que era el único base por la lesión de Vives. Y de anotar triples importantísimos (¿recuerdan los del último cuarto en la victoria del Wizink Center?), de mostrar el afán por minimizar la aportación de Llull. De alzar a sus compañeros para que consigan el triunfo. Porque claro, aquí no había ningún Batum aturdido, sino todo un Fernando San Emeterio. Sobran los adjetivos. Nunca se amilanó ante el rival, su estampa imprimía carácter a los suyos. Y lo ha bordado.

Estadística a destacar: Que los 20 minutos de promedio en liga regular se convirtieron en 30 en la gran final, con un 40% en tiros de 3. Mayor responsabilidad, mayor respuesta.

#10 ROMAIN SATO (Alero, 1.95)

Otro grande. Miren, acudió a la sesión de fotos para retratarse con el trofeo de campeón, la imagen para la posteridad, en calcetines y sin zapatillas. Tras la celebración en el vestuario, bastante decoroso iba. Y ¿qué quieren que les diga? Olvídense de ese 1.95, porque no los mide. ¿Cómo es posible que una hora antes, consiguiera ese palmeo entre los pívots madridistas para certificar el título liguero? Se ha comportado como un auténtico campeón. Llevaba 1/10 en la final tras fallar su primer lanzamiento en el tercer partido. De su frustración, tras unas notables semifinales, se hacían eco sus compañeros. Pedro Martínez aplaudía desde la banda todos sus errores, contrastando sus lamentos. Pues a la hora de la verdad, en ese primer episodio de La Fonteta en la final, anotó dos triples consecutivos que ampliaron aún más el liderazgo de los suyos para asegurar la victoria.

Nunca perdió la cara a la intensidad de la final, estuvo en ayudas y en rebote. Defendió a exteriores y a roqueños interiores. Fue el ‘clic’ perfecto para cuando Pedro Martínez usó a Oriola y Thomas como pívots, porque no se trataba de dos pívots bajitos, sino que con Sato se formaba un trío muy roqueño. Sus mejores días se cumplieron en esta recta hacia el título y eso le rocía con inmortalidad. Porque ya lo es a este lado del Turia.

Estadística a destacar: Su participación en semifinales ante Baskonia: 10.3 puntos, gran mejoría a los 5.8 promediados en liga regular, en un más que notable 58.3%.

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#14 BOJAN DUBLJEVIC (Pívot, 2.05)

El MVP con total merecimiento. De las grandes, grandes actuaciones en una final de Liga Endesa. Como pívot, es difícil encontrar desde los tiempos de Sabonis un jugador que partiendo de la posición de poste bajo, haya definido una final liguera tanto como él. En este baloncesto moderno, de espacios, de dos contra unos en situaciones cercanas a canasta, parece que ha ido contra corriente de estos nuevos cánones, mostrando así que baloncesto, como tal, sólo hay uno: el que se sabe jugar. Su lectura del rival a base de choques con el cuerpo, ahora lanzo el gancho en suspensión, ahora me voy por línea de fondo, deberán guardarse en un pequeño y preciado cofre en la historia de nuestra competición. Su toque final hacía que aun rebotando repetidas veces el aro, el esférico acabase dentro. 17,7 puntos de promedio en los tres primeros partidos de la final ante el Real Madrid, haciendo herida en la mentalidad de Ayón, de Hunter, de Reyes…quien se le pusiera delante, con esa capacidad del “ahora me toca a mí…puedo seguir haciendo daño…toca rematar”.

Y así llegamos a la maestría del último día. Pablo Laso, harto de ver hombres superados por el montenegrino, le reta a zafarse de dos contra unos. Y Dubljevic se puso a pasar el balón a sus compañeros. No anotó ninguna canasta en el cuarto envite y lanzó tan sólo dos tiros libres. Pero sus compañeros cumplieron y con ecuación diferente, el resultado fue el mismo: ganar. “Dubi es loco”, pero también es muy bueno.

Estadística a destacar: Dos puntos. Solamente recalcamos esos dos puntos “de aquella manera” en el Wizink Center, que les dio la victoria en el segundo choque. Fue la imagen de la final y posiblemente la canasta más decisiva de todas. 

#16 GUILLEM VIVES (Base, 1.92)

Del dolor que tuvo que pasar en su tobillo durante la final liguera, solamente lo sabrá él. Buscando soluciones, entre “el señor que inventó el Voltarén” y sus triples, ya habituales al inicio del último cuarto, que eran como un ascensor hasta la “suit del pabellón”, se olvidó de todo y se centró en ganar, como base de rotación. Su aportación en la final no ha pasado de 10 minutos en pista por noche. Pero del jugador pisando con cierto temor el primer día en el Palacio madrileño, a aquel que llegó a hacer dos ayudas en la misma jugada el último día y hasta que no robó el balón a Randolph, no paró. Esa fue la esencia del Valencia Basket, orgullo sostenido con aportaciones así. Se atrevió a entrar a canasta -con éxito- y cuando acabó exhausto, se dio cuenta que era campeón de liga, el día de su cumpleaños. Dicen que de la tarta que tenía el club preparada para él, nadie probó bocado. Que acabó de…de celebración. Como él, como todo el equipo.

Estadística a destacar: Su 3 de 3 en triples del tercer partido de la serie, primero en La Fonteta, para vencer con holgura (81-64). Fue un aviso a su rival del “de aquí no salís vivos”. 

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#17 RAFA MARTÍNEZ (Escolta, 1.90)

El “capi” ha estado a la altura. Más que a la altura, si cabe. Ha corrido como un poseso tras Jaycee Carroll en defensa. Ha aguantado bloqueos, cambios de dirección, fintas, arrancadas, lo que fuera por cumplir su misión. Y consiguió la incomodidad del escolta estadounidense. Eso, sin que ya Rafa tenga las piernas de unos años atrás. Pero es el “capi” y es orgulloso. El mismo suplicio hacía sufrir a su rival, cuando el de Santpedor atacaba. Lo suyo fue como una especie de misión especial, una cruzada particular entre ellos. Su rápida mecánica de tiro y su precisión desde la línea de tres, han sido lingotes de oro para los taronja. Rafa tenía una oportunidad única para ser campeón de liga. No la desaprovechó.

Estadística a destacar: 6/8 en triples durante la final liguera (75%). En cambio, Carroll se quedó en un 3/15. Algo tuvo que ver. 

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#18 PIERRE ORIOLA (Ala-pívot, 2.06)

Soul y termómetro de Valencia Basket. ¡Qué grande! ¡Qué manos tiene! Cómo era capaz de coger los balones que le pasaban sus compañeros al continuar en cada bloqueo. Manos y mano, porque había que soltar luego ese balón con la suavidad, con el toque justo como para que entrara dulcemente por el aro. La capacidad de este chico para soltar tiros cortos forzadísimos -y que entren-, es innata. Siempre compitió a la altura de los mejores. Tácticamente, volvía locos a sus rivales con su movilidad y hacía de “Andres Jiménez” llegando el primero en los contragolpes al aro contrario, provocando berrinches desde la banda en los entrenadores rivales y en defensa ayudaba, recuperaba, corría… De un equipo campeón.

Estadística a destacar: 60% en tiros de campo en esta final, compitiendo con rivales más altos y fuertes que él. Es el don del oportunismo y de la eficacia.

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#19 FERNANDO SAN EMETERIO (Alero, 1.99)

Es el líder del equipo. Y sus títulos lo refrendan. Dos ligas en dos clubes diferentes que no sean Real Madrid ni F.C. Barcelona, donde su importancia en ambos fue máxima, solamente lo ha conseguido él (porque Chus Lázaro no jugó ni un segundo de la final 2006, mientras que Walter Herrmann en 2010 no pasó de 11 minutos de promedio). Por lo que estamos hablando de un hombre único en la historia de nuestro baloncesto.

Fernando San Emeterio era el sustento vital de Valencia Basket, el líder que anotó 12.5 puntos en la gran final y más faltas provocó (14 en total). Jugó donde hacía daño, con mucha inteligencia. Hay que tenerlos muy bien puestos para saber que hay que enfrentarse a un atleta como Jeffery Taylor y tener la fortaleza y el convencimiento de superarle. Ese ejercicio nos fascina.

Estadística a destacar: Su tercer partido de la final. Aciago en sus tiros cortos (0/4), su experiencia le valió para entender que tocaba tumbar al rival desde el triple: 4/6 que se marcó desde la línea. 

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#30 JOAN SASTRE (Alero, 2.01)

Muñeca y carácter. Es más difícil saber cuándo hay que anotar los triples que tener buena mano de serie. En el último choque final, cuando Dubljevic empezó a repartir balones en los primeros minutos, el tipo que se encargó de anotar y poner tierra de por medio, fue Joan Sastre. Sacrificio defensivo silencioso, entró a canasta con mucha decisión, arrancó faltas y canastas magníficas. Sus largos brazos taparon muchas líneas de pase en sus rivales. Actuación muy notable casi siempre como hombre de rotación, delante y detrás. Desde el silencio. Si la pasada temporada fue el hombre-milagro por la canasta en Miribilla, este año es un hombre-campeón.

Estadística a destacar: Pues ni más ni menos que su último partido: 19 puntos en 18 minutos. 8/10 en tiros de campo. Una actuación casi perfecta. 

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#43 LUKE SIKMA (Ala-pívot, 2,03)

Todo un sabio. Como siempre, sus estadísticas no son nada descollantes (8.8 puntos con un 58.3% en tiros de campo, 5.3 rebotes). Sin embargo, fue el primer jugador valenciano que mostró que la nave blanca podría resquebrajarse. Anotó 9 puntos en el primer cuarto de la serie, provocó miradas furtivas en sus rivales usando sus capacidades exteriores y su habilidad interior. Si su huella la contrastamos con su marcador en muchos momentos, Anthony Randolph, se multiplica aún más. En el cuarto encuentro, ante la defensa zonal que impuso Pablo Laso en la 2ª mitad, supo distribuir la pelota desde el poste alto como un sabio (no pudo apenas pasar a Dubljevic, sobremarcado, pero sí al resto de sus compañeros). El jugador que aterrizó en nuestro país en LEB Oro, concretamente en La Palma, para continuar en Burgos, se hizo un sitio en Tenerife en Liga Endesa para asentarse y acabar siendo campeón en Valencia. Un enorme mérito por su parte.

Estadística a destacar: 9 asistencias en los dos partidos de La Fonteta. Repartiendo maestría. 

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PEDRO MARTÍNEZ

Siempre ha defendido la fortaleza de este grupo, precisamente por ser eso: un grupo. Estaba tranquilo porque quizás estaba más convencido que ninguno que esta liga, a las alturas de una final, no se iba a escapar. Soportó el “tropezón” que significaron los 19 puntos de gloria de Rudy Fernández el primer día. A partir de ahí, condujo desde la banda lo que iba a ser su momento y el de los suyos. Repetiremos hasta la saciedad que nos pareció magnífico el -arriesgado- uso de poner en pista a Oriola y Thomas juntos y los cambios defensivos perfectos enlazando exteriores e interiores, con tipos como Sato y Sastre, que hicieron un fantástico trabajo en ayudas y recuperaciones.

Si los suyos tuvieron siempre las ideas tan, tan claras en ataque, algo tendría él que ver. Temple siempre, porque las ha visto de todos los colores. El único entrenador de este Playoff de Liga Endesa que ha conocido lo que es jugar aquella extinta tortura del Playoff de descenso. Que considera también un título salvar a Basquet Manresa en la última jornada hace dos temporadas. Quién le iba a decir a aquel entrenador exultante, abrazándose a sus directivos en el parquet del Palacio de los Deportes madrileño al acabar la liga regular y certificar la permanencia, que 25 meses después, sería campeón de liga. Pues ahí le tienen. Y quedará inmortalizado en la historia de Valencia Basket. Lo tiene bien ganado.