MARCADA IDENTIFICACIÓN

MARCADA IDENTIFICACIÓN
Olympiacos es la sorpresa y fascinación del baloncesto europeo

Antonio Rodríguez

Con un marcado sello identificativo de cara a sus aficionados, Olympiacos ha vuelto a dar la campanada, llegando a la final de la Euroliga con un contundente carácter competitivo

 Vangelis Mantzaris, Vassilis Spanoulis, Kostas Papanikolaou, Georgios Printezis y Khen Birch. Este fue el quinteto inicial con el que Olympiacos arrancó la final de la Euroliga del pasado domingo. Cuatro nacionales y un canadiense. ¿Saben en cuantas ocasiones en la historia de la Euroliga -desde su nacimiento en la temporada 2000/01-, un club ha saltado a pista de inicio con cuatro nacionales? Panathinaikos 2011 (Calathes, Diamantidis, Sato, Fotsis y Vougioukas) y Real Madrid 2013 (Llull, Rudy, Suárez, Mirotic y Begic). Este Olympiacos fue el tercer caso. Quizás haya un poco de eso, de identificación por unos colores. Entre estos cuatro jugadores helenos suman 32 temporadas en el club del Piero, con Papanikolaou el que menos ha permanecido, con 5 temporadas y media. Eso tan añejo de recitar quintetos que se repiten año tras año, de memoria. 

(Euroleague / Getty).
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Ioannis Sfairopoulos, en su tercera temporada al cargo, vuelve a acometer una final de Euroliga (segunda en tres años), como los intrusos. Con un 6/22 de su estrella Spanoulis a lo largo de la Final Four (aunque 4 de esas canastas, casi consecutivas en semifinales, fueron medio pasaporte para el choque del domingo ante Fenerbahçe), existen ya muchos “desde” en su historial.

  • Desde 2012 donde llegaron a hurtadillas y consiguieron la mayor remontada en la historia de las finales para quedar campeones.
  • Desde que sus presupuestos se acercan más al “populacho” que a los astronómicos de Final Four.
  • Desde que brillantes entrenadores casi debutantes ostentan el cargo y les hacen finalistas e incluso campeones (el predecesor al cargo, Georgios Bartzokas).
  • Desde que se dejaron de volverse locos con Childress, Kleizas, Teodosic y demás hiperpagados.
  • Desde que son la bestia negra de CsKA Moscú, el magnate europeo de los últimos años.
(Euroleague / Getty).
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¿Por qué embauca tanto este equipo a los aficionados? Porque no se rinden. Compiten más que nadie con los nombres que tienen. Poco glamour existe en los rojiblancos ante el colorido fulgor de los rivales (si exceptuamos a Spanoulis) y están siempre al borde de asestar el golpe final y ganar. Es curioso que su mezcla no es de los apasionados antecesores griegos que sí, se dejaban la piel, que se venían arriba en sus momentos de inspiración, pero se apagaban en los de crisis. Esa montaña rusa se acabó con este grupo. Estos van dando martillazos con la tranquilidad que deben hacerlo durante 40 minutos. Y si fallan, toca defender, para poder volver a intentarlo en un nuevo ataque, concentrados, desapasionados… profesionales. Así son los nietos de Gallis y Giannakis.

La maravilla que supone verles con qué contundencia acometen el rebote ofensivo, seguramente el plantel que mejor ejecuta esta tarea en toda la Euroliga, cómo inspiran con su movimiento de balón para lanzar triples, cómo buscan las cosquillas en el bloqueo y continuación… es algo tan coral y tan fantástico como el propio baloncesto en sí. Sus pases certeros a los hombres interiores, sobre todo Milutinov y Birch, entre las torres Udoh-Vesely, que guardan la muralla turca, era una auténtica delicia. No ganaron, pero siguieron asombrando.

(Euroleague / Getty).
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Ejemplo desde muchas perspectivas para multitud de equipos. Escándalos que quedaron atrás con la “k” de otros años (aunque realmente, siempre me gusta llamarles Olympiakos. Que cuestiones fiscales no debieran empañar la historia baloncestística de un equipo) y muchas alegrías traen estos tiempos. De “underdogs”, de sorpresas constantes, de esencia, identificación y competitividad al máximo. Esto es lo que nos regala Olympiacos.