FINAL FOUR ATRAGANTADA

FINAL FOUR ATRAGANTADA
La decepción del Real Madrid en la Final Four de Estambul

Antonio Rodríguez

El Real Madrid se encontró con una presión ambiental infernal en una cita en la que se topó con un Fenerbahçe en estado de gracia, en el que se reivindicó lo que muchos auguraban: que eran los favoritos

Las caras largas entre los jugadores del Real Madrid, eran producto de una tremenda decepción, sobre todo porque no habían ejecutado el plan de trabajo. Ni tan siquiera un bosquejo, como comentaban en zona mixta. No se llegó a ese punto en el que la presión ambiental pudo con los árbitros, que dos decisiones delicadas marcaran el partido, que un par de suspensiones que no entraron… Nada de eso. El Real Madrid no estuvo cómodo casi nunca en el choque, excepto un par de destellos. ¿Por juego? El mejor destello se produjo en la primera mitad, donde una defensa de zona inicial, con la confusión de seguir a los cortes, provocó una pérdida de balón, acompañado de otras dos grandes defensas, que fueron secundadas por canastas como para igualar el 26-15 del segundo cuarto, en un 26-24. No hubo mucha más continuidad.

(Euroleague / Getty)
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El Real Madrid se topó con un rival más alto, más fuerte, más rápido. En circunstancias normales, los favoritos para ganar la Final Four. En circunstancias reales… ¿qué demonios pintan estos clasificados en quinta posición de la liga regular? Inicialmente, ya se vieron los primeros problemas con Ekpe Udoh, a la postre MVP de la cita, donde la finalización al 2x2 central a pases de Dixon, hacían estragos. El mismo que para los blancos les costaba una enormidad, viendo la terrible presión en dos contra uno que sufría el base cuando pretendía pasar el balón. Así que, por esas, Sergio Llull decidió tomar más decisiones individuales. Entre otras razones, porque si el juego del pick&roll era una tortura, superar a su par y tirar hasta comerse el aro sin miramientos, era mucho más eficiente aunque costoso. Con ese convencimiento, Llull daba esperanzas con sus 19 puntos en la 1ª parte (de los 34 que llevaba su equipo al descanso). Y así estuvo marcado el encuentro para los hombres de Pablo Laso.

En la segunda mitad, un buen trabajo colectivo para tres triples consecutivos que convirtió Jaycee Carroll, metían a los blancos en partido. Pero poco más. Reiteramos lo de rivales más altos y más fuertes. Entre el tercer y cuarto cuarto, Fenerbahçe hilvanó nueve jugadas consecutivas en las que desde un pase en la zona -o poste bajo-, se lanzaba a canasta en óptimas condiciones -o se daba un pase más para lanzar en las mismas óptimas condiciones-, y en la mayoría de los casos, se anotaba. ¿Por qué? Porque cualquier jugador turco de los tres interiores en poste bajo, sea Vesely, Udoh o Kalinic, suponían una amenaza por su superioridad (incluso James Nunnaly defendido por un hombre mucho más bajo que él). Por eso, o se iba al dos contra uno, o se amenazaba con ir. Y aprovechando tal coyuntura, Udoh al recibir solo en la bombilla, martilleaba con suspensiones muy claras. O sea, que no es una cuestión que sus muy-pívots jueguen por encima del aro, a donde nadie llega. Es que además, pasando la bola, saben jugar por debajo del aro a las mil maravillas. Sello de Zeljko.

(Euroleague / Getty)
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La marea siempre iba a favor de Fenerbaçe. El Real Madrid pareció estar achicando agua toda la travesía, incómodo, sin realizar un juego que marcase un ritmo. Y sobre todo, con ausencias de jugadores vitales para ellos, que se vieron desbordados. Anthony Randolph se ha convertido en un go-to-guy durante muchos momentos cruciales de la temporada. Podía disponer del balón para que sentenciara. Y antes de sufrir el fortísimo codazo de Jan Vesely en el costado que le impidió jugar gran parte de los minutos de la segunda mitad, se vio “acorralado” a lanzar desde las esquinas, sin opción ninguna a poder acercarse más al aro (5 lanzamientos a canasta sin tiros libres, fue su ejercicio final). Rudy Fernández tuvo sus buenos momentos, tirando de instinto, en defensa (siempre hablamos del partido de semifinales. Del tercer y cuarto puesto y por la insensatez del partido, nos negamos a realizar comentario alguno). Sin embargo, muy desacertado en ataque, con lo que se cerraba un argumento más ofensivo, además sin jugar los últimos minutos. Luka Doncic arriesgó, lanzó dos triples en buena posición que no entraron, fue taponado por Kalinic en una entrada en la que parecía estar la canasta hecha y su juventud le hizo asumir desde el suelo tras ese tapón, con más urgencia que su cerebro, que la estaba pifiando en un partido transcendente. Y en lsu mentalidad ganadora, sobre todo de enorme compromiso con su grupo, no lo podía concebir. Por eso se hundió. De esta aprenderá, pero el disgusto que tenía, no se lo quitará nadie por un tiempo. Dontaye Draper nunca llevó algo diferente, sino más desconcierto y desacierto desde la dirección. 

(Euroleague / Getty)
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Y Gustavo Ayón… Quizás asumiera de una manera tan cruel su culpa, porque fue el jugador que más incómodo estuvo de todos en la pista. Los blancos cuentan con anotadores desde el exterior, con buenos tiradores, pero la columna vertebral para el buen funcionamiento de los suyos, es él, porque marca esa médula espinal en el recorrido que hace desde el bloqueo en la bombilla en perfecto trazo hasta el aro. Su potencia en el rebote y sobre todo, en sus arranques cual toro hacia canasta tras bloquear, no se vieron. Ya dijimos que los asfixiantes dos contra uno que sufrieron los bases blancos, impidieron que tipos como Ayón recibieran el esférico cuando enfilaban la canasta, en su deseo de capturar un pase que no llegaba. Y por ello, tan sólo restaba que jugase en poste bajo, un suicidio ante hombres de la estatura y envergadura de los rivales. Por ello no cuajó y por ello sus 2 puntos y 1/5 en tiros de campo, le hacen acusarse de uno de los responsables de tamaña decepción.

En definitiva, un rival con pinta de superior -como así lo es por plantilla y por presupuesto, aunque Obradovic utilizara tan sólo 8 jugadores-, minimizó los argumentos del campeón de la liga regular de la Euroliga, un Real Madrid amordazado los 40 minutos. ¿Qué conclusiones podemos sacar, al margen de un mal día en el peor escenario posible para desentonar? Por desgracia, pocos. 

(Euroleague / Getty)
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Me parece un ejercicio poco lógico ahora llorar ausencias o exigir responsabilidades, tras un partido. Decisivo, sí, pero solamente un partido que, a diferencia de la final de Milán ante el Maccabi Tel Aviv -por poner un ejemplo-, no se era favorito. Se ha estado alabando el juego de los blancos durante toda la temporada -y con toda la razón-, el paso adelante de Doncic hacía olvidar a Sergio Rodríguez y que Randolph era exactamente lo que se necesitaba para el sistema de Laso. Que sí, el “Chacho” hubiese metido el bisturí en la enmarañada defensa turca. Pero con un “Chacho” excelso en ataque, volvemos al ejemplo de Milán: el Real Madrid perdió ante el Maccabi. Y Randolph -o el propio Thompkins- anotando algunos triples, quizás hubiese abierto un poco más esa cerrazón. La pasada temporada, sobre estos mismos Vesely y Udoh inexpugnables, Ioannis Bourousis les pisoteó hasta la humillación. Sin embargo, un jugador así -exactamente este jugador-, no servía para los sistemas de un entrenador que lo ha ganado TODO con el Real Madrid, con el que su afición y cualquier aficionado al baloncesto, habrá que darle el crédito y asumir su baloncesto, que en las más veces ha sido exitoso. Dentro de la mala actuación, por supuesto que también fue responsable, como todos. Y se puede debatir sobre la conveniencia de Nocioni en la convocatoria o de Felipe Reyes en pista, por supuesto. Sin embargo, insistimos en que fue un solo partido y que este examen de conciencia, mejor para cuando finalice la Liga Endesa para ellos y peguen el cerrojazo a la temporada.

De momento, Estambul no fue terreno para ellos, más bien fue un mal trago que tendrán que olvidar lo antes posible de cara al playoff inminente de la Liga Endesa. Veremos sensaciones.