PERFECCIÓN DE OBRA

PERFECCIÓN DE OBRA
Fenerbahçe, de la mano de Obradovic, campeón de la Euroliga

Antonio Rodríguez

Como si de un Mesías se tratara, Zeljko Obradovic ha trazado sobre el libro de la Liga Europea y posterior Euroliga, una historia de Antiguo Testamento y Nuevo Testamento: el que corresponde antes y después de su llegada a los banquillos

En sus horarios sin fin, la noche se echó después del entrenamiento y mucho antes de que él terminara, saliendo finalmente a las dos de la madrugada del recinto, el Palaverde. Quizás buscando una vida más tranquila al bullicio -más en la prensa que en el tráfico- que ofrece Madrid, ZeljkoObradovic, pocos días después de haber firmado con la Benetton Treviso, buscaba por sus solitarias calles un sitio donde cenar. Tras pararse en un escaparate con luces aún, le preguntó al propietario del restaurante. El buen señor, con ojos como platos al reconocerle, invitó con todos los honores, casi reverenciándole, a entrar a Zeljko a sentarse en una de sus mesas. “Y a las dos de la madrugada, llamó al cocinero a su casa, para que se personara nuevamente en su trabajo y me hiciera la cena” recordaba el entrenador con gesto del mayor agradecimiento, casi avergonzado de que le sucediera. “Este tipo de reconocimiento son las que te da el deporte” (Entrevista concedida a C+ en Septiembre de 1997).

(Euroleague / Getty).
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Agradecido al baloncesto, a lo que representa en su vida, a lo que le ha ofrecido. El jugador que se proclamó así mismo entrenador en un aeropuerto, desde sus primeros meses y ante charlas infinitas con el maestro Nikolic, ideó un tipo de baloncesto para la plantilla que tenía en aquel Partizán. Ahí entró su varita sobre la pureza de este juego. “¿Qué tengo? ¿Qué puedo hacer?”. ¿Hay mayor esencia que disponer -y ganar- con lo que tienes? El baloncesto es un deporte maravilloso por su riqueza. Y ese valor lo encontramos en la final de la primera Liga Europea, donde los aleros partían desde línea de fondo, corriendo para ser bloqueados y obtener ventajas en sus tiros. Hombres altos que tras bloquear, se abrían para amenazar con tiros exteriores, en jugarse unos contra uno abiertos. Danilovic o Koprivica mostraban un panfleto inusual en 1992, sobre un dibujo donde los pívots eran guerreros de la pintura y los aleros tiradores ante todo. Y se proclamaron campeones de Europa. Danilovic y Djordjevic les representaban, sí. Pero también estaban Silobad, Koprivica, Stefanovic, Dragutinovic… escuadrón de nombres más difíciles de recordar. 

(Euroleague / Getty).
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Y para Obradovic llegó el Joventut de Badalona y el Real Madrid y la Benetton Treviso. Y dos Ligas Europeas más y la Benetton en puertas, que llegó a la Final Four barcelonesa en 1998. La oferta de Atenas fue demasiado tentadora como para ser rechazada. Ahí sí que tenía chequera para elegir jugadores casi a la carta. En Panathinaikos y con tales recursos, montaba sus plantillas a su modo y forma, donde tenían cabida Darryl Middleton, Johnny Rogers, Damir Mulaomerovic y pensar que Michael Batiste era el mejor estadounidense de Europa. A él le servía, por lo que para él lo era. Travesía de cinco trofeos de Euroliga con los verdes. Ahora, Fenerbahçe. Zeljko Obradovic les acaba de llevar a la Tierra Prometida: la del primer título continental en la historia del deporte turco a nivel colectivo.

No estamos hablando de un “Rey Midas” que toca lo convierte en oro. Lo convierte, sí. Pero lo toca, lo retoca, lo resoba hasta que lo moldea a su modo y forma. Cuatro años ha debido pasar en la capital turca para hacerles campeones de Europa. Tenía que ser en esta gran cita. Y el maestro que acaba de conquistar su noveno cetro europeo, observa la evolución del juego y como otros muchos, percibe que los jugadores cada vez son más grandes y que el campo cada vez se hace más pequeño. Y lo utilizó a su favor. De un hecho del que todos somos testigos, personalmente lo vi en su máximo exponente en la victoria del Real Madrid en el Wizink Center el pasado 31 de Marzo ante los otomanos (61-56). Los blancos, el equipo de los ochenta y tantos puntos, el de la incesante búsqueda de contragolpes y ampliar espacios, aun ganando, anotó veinte puntos menos de los que es habitual en ellos. El conjunto de Obradovic no les dejó correr, vale, pero además les cerró cualquier espacio para trabajar en ataques estáticos. Y eso Zeljko lo sabía. Por eso fichó a Vesely y Udoh en su día, porque se hacen inmensos en la zona, por su estatura y porque llegan a todas partes. Como Kalinic, alero grande, fuerte y muy móvil. Y reclamó también de su tierra a un escolta que supera los dos metros, trabajador incansable como Bogdanovic, al margen de su enorme talento ofensivo. Y efectivamente, por tal defensa, no pasa nadie. Y lo mostró en esta Final Four, su gran cita. 

(Euroleague / Getty).
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Sus rivales aguantaron lo que les aguantó el tiro exterior -y esa bendita, casi suicida locura de Sergio Llull, sacada de su imponente carácter ganador-, porque no les dejaron resquicio para mucho más. “Nuestra principal misión era parar a Sergio Llull. Y mira, nos mete 28 puntos” confesaba Zeljko Obradovic tras la primera semifinal, con cierto aire jocoso por el alivio que produce la victoria. Sí, pero detuvieron todo lo demás. Sujetaron a Gustavo Ayón en el pic&roll y le obligaron a encarar en uno contra uno a Vesely o Udoh, misión casi imposible. Dejaron arrinconado a Randolph en una esquina para lanzar sus tiros, donde hace menos daño (sin contar sus problemas físicos tras el codazo de Vesely). Saltaron en eficientes dos contra uno a Spanoulis para que no tuviese nula comodidad en sus tiros cuando quería levantarse en el triple (2/7 desde el 6.75) y ahogaron la zona cuando el balón caía en manos de Milutinov -y con esas, el chaval fue todo coraje-. 

Cuatro años que han servido para sellar en sus jugadores su esencia, sobre todo en ataque. Curioso que en los tiempos europeos de los “cuatro-abierto-casi-tres”, Zeljko se destape con dos pívots natos desde el inicio, Vesely y Udoh. Pívots que, al margen de las lindezas defensivas ya comentadas, de su jugar por encima del aro, han explotado en el cuadro otomano como grandes pasadores desde poste bajo. Las 17 asistencias repartidas entre ambos en esta Final Four, poca justicia hacen a su enorme mérito en el juego de pases entre ellos, en pasar el balón al lado contrario para que tipos como Bogdanovic o Kalinic (7 triples entre ambos en la final), sentenciaran. 

(Euroleague / Getty).
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Ha conseguido que Nikola Kalinic sea un notable lanzador triple (él, que con su extraña mecánica, no encestaba ni a una piscina) y ha etiquetado como estrella europea a Bogdan Bogdanovic, porque a base de entrenamientos, exigencias  y broncas  -de largo, quien más se lleva en los partidos-, cumple en defensa como un campeón (la que le infringió a Sergio Llull en la segunda mitad) y ha aprendido a leer el juego para entender que “ahora toca el triple, ahora desbordo en uno contra uno, ahora le toca el balón a los pívots en la situación que más dominan”. Clases impartidas.

(Euroleague / Getty).
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Y sobre este bloque, ahora la chequera. Para unir este grupo, pagarles bien, y para rodearles de estrellas en otras posiciones, a base de talonario. Los 11 puntos de Luigi Datome en la segunda parte para resquebrajar la final, cuando no había anotado en el primer tiempo, los unos contra uno de Kostas Sloukas, la agresividad y los triples de Bobby Dixon, base que con el Pinar Karsiyaka les arrebató el título de liga, o la aportación escasa pero también importante en los últimos minutos, de un asentado NBA como Pero Antic, se consigue a base de poner muchos ceros y ofrecer a todos el proyecto conjunto. Fenerbahçe los tiene y Zeljko contaba con ello. La evolución durante 16 Final Four, de nueve títulos, desde el triple de Aleksander Djordjevic, es esto: disponer de dinero para ofrecer títulos. Y ahora, como meta y casi obsesión personal, Obradovic tiene su mayor reto: Belgrado’2018. “¿Y si gano la Euroliga en casa, delante de los míos?”. Sería la perfección de Obradovic, su Obra perfecta.

(Euroleague / Getty).
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