MUCHAS GRACIAS, LAIA

MUCHAS GRACIAS, LAIA
Laia Palau anuncia su retirada tras el próximo Eurobasket.

Antonio Rodríguez

Laia Palau anuncia su retirada tras el próximo Eurobasket.

Laia Palau es una jugadora del siglo pasado. No es una sensación, sino más bien sus primeras actuaciones en el Universitari barcelonés, allá por 1997. Y fue absorbiendo todo lo que el baloncesto daba en aquellos años, hace 20 nada menos, para forjar una jugadora que ha sido internacional en 248 ocasiones. Todo ello, cuando se entró en el nuevo siglo, lo fue aplicando con sutileza, con fuerte carácter, con inteligencia y sobre todo, con elegancia. La elegancia que le ha servido para no pasar de moda nunca, para ser referente siempre. Por eso Laia Palau nos fascinaba y nos fascina, en pasado y en presente, sobre una pista de baloncesto. 

(Foto FEB)
(Foto FEB)

Toca escribir este artículo, cuando desde Praga anuncia que tras el próximo Eurobasket a disputar en Junio precisamente en Chequia, país que hospeda sus últimas canastas, dejará el baloncesto en activo. En la actualidad, sonreímos quizás ante las mejores jugadoras de nuestra historia, cosechando éxitos y poniendo el listón lo más alto posible en la pasada plata olímpica de Río. Pero lamentaremos la ausencia de Laia Palau. No puede ser de otra manera.

Laia, desde la dirección en pista exhibía fundamentos y marcaba carácter. El dominio de lo primero es lo que le ha servido para seguir en la élite a pesar que sus compañeras y rivales fuesen más rápidas, más altas y más fuertes. Laia era un tomo en encuadernación de lujo de lo que hay que hacer con un balón en las manos. No solamente será su zurda en las suspensiones lo que quedará para nuestro recuerdo, sino esa manera de marcar los pasos cuando entraba a canasta. No era tan rápida como Marta Fernández ni tan potente como Amaya Valdemoro, pero la extensión de esos dos pasos, cómo protegía el balón y la elegancia -siempre la elegancia- de soltarlo, prometían éxito a cada acción. Y luego su carácter, fuerte carácter desde la posición de base para dirigir, para saber qué estaba sucediendo y leer cómo aplicarlo. Para mandar y ser mariscal a lo largo de los 28 metros de pista. En el baloncesto sin aditivos ni conservantes, todo pureza, que ha ido aplicando la Selección Femenina en los últimos años, ella era la maestra. Y la líder, porque si había que “bufar” al árbitro por una decisión injusta a su equipo, era la primera. Pocas veces, pocas palabras. Pero era responsabilidad de líder. Luego gritaba a las compañeras, celebraba las canastas y demandaba defensa, porque además era de las más sacrificadas y hay que predicar con ejemplo.

En su actual equipo, el USK de Praga (Foto FIBA / Ludek Sipla).
En su actual equipo, el USK de Praga (Foto FIBA / Ludek Sipla).

Proveedora del mayor número de medallas con la Selección Española de toda la historia (echen un vistazo a Wikipedia, porque son incontables), desde que debutó en aquel Mundobasket chino durante un septiembre de 2002, han sido 248 veces las que ha vestido la elástica española. Siempre en la élite como jugadora de club, desde aquella reconversión del Universitari a U.B. Barça, a recalar en lo más alto del baloncesto francés, a volver a España en el Ros Casares durante 6 temporadas y ganarlo todo, pero todo. Y cuando el baloncesto femenino de clubes en nuestro país casi muere por inanición, tuvo que volver a emigrar.

Por ello, desde Praga nos dice adiós. Su zurda, su bote, sus tiempos en las entradas a canasta, su genio y sus gritos cerrando los puños exigiendo fe en las posibilidades de sus compañeras. Una fenómena, un referente. Poco podemos decir, aunque apenados, que ‘muchas gracias, Laia’. De corazón.