LASO BIÚRRUM

LASO BIÚRRUM
Entre títulos y críticas ya olvidadas, Laso sigue su andadura a la historia

Antonio Rodríguez

Entre títulos y críticas ya olvidadas, Laso sigue su andadura a la historia

Pablo Laso Biúrrum, saga de baloncesto, personalidad propia y entrenador del Real Madrid. Del Real Madrid en una de las épocas -bajo su tutela- más doradas de la historia del club. Que ya es decir. Entrenador del club más laureado del baloncesto europeo, que ha conseguido los mismos títulos en cinco temporadas y media que en los 25 años precedentes. Entrenador. 

(ACB Photo).
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Mirada seria, pues todos los ojos se depositan en él en la ingrata tarea de su cargo, pocas veces para ensalzar. Rostro relajado en su querido Mendizorroza en las sesiones de entrenamiento durante su estancia vitoriana en la Copa del Rey. “Me hizo gracia cuando me enteré que los entrenamientos serían aquí, donde he pasado muchas, muchas horas de mi vida”. Rodeado de periodistas, responde con sinceridad, sin buscar complicidades ni capotazos. ”Si todos decís que fue campo atrás, no voy a ir yo al contrario de todos. Sí, fue campo atrás”. El entrenador que se empeñó en que Llull fuese su base -¿alguna objeción al respecto?-, el que su baloncesto lo aplica con su convicción y a la larga, su éxito, sabía que polémicas de campo atrás o no campo atrás, tenía que lidiar ante el Baskonia en semifinales, en uno de los ambientes más hostiles -deportivamente hablando- que se podía encontrar a lo largo de su carrera. Y logró que los suyos en pista vencieran y pudiera retirarse dando un salto como lo hacía siendo jugador, esta vez en la discreción de las sombras del túnel de lona que conduce a los vestuarios. El que tenía que vencer en esta Copa por pedigrí, porque muchos les marcaban como únicos favoritos. ¿En serio? Dos prórrogas y una final agónica ante Valencia Basket para seguir sonriendo, para seguir coleccionando títulos para los libros. Los fríos y malévolos libros que en la retahíla de resultados nunca especifican sudores ni sufrimientos. Pero posó finalmente con el trofeo. 

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Pablo Laso Biúrrum. Nombre completo, alta alcurnia baloncestística. Para repasar su historial, toca nombre completo, como cuando se retiró el “Dr. J” de las pistas y se apostilló el Julius Winfield Erving II, porque en su apelativo no cabía tanto baloncesto. Pues eso, Laso Biúrrum. Y solamente mencionamos al entrenador creciente, que cuando toque hablar del jugador, ya verán, ya. Dio minutos al niño Doncic porque sabía que las alas ya las llevaba el chaval. Gestiona un vestuario de un eterno aspirante a todo, caracteres de tipos que logran aparcar los ceros de sus cuentas en pos de otros ceros acompañados de equis sobre pizarras llenas de flechas. Todos son iguales, todos por ayudar a ganar. 

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Su travesía en esta Copa ha sido un capítulo más en su gloria. Gloria austera porque quienes brillan son los que hacen esos mates, convierten esos triples y hacen los gestos a la grada de triunfo. Gloria austera porque debe ser el primero en pensar en el próximo partido, en resoplar…y pa’lante. Poco artificio. Seguir trabajando cuando otrora leía de novias para su cargo. Y llegaba otro título y volver a la normalidad, a su trabajo. El del día a día y desde su llegada, el de título tras título. 

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