LA LUCIDEZ INDIVIDUAL

LA LUCIDEZ INDIVIDUAL
La tendencia del baloncesto europeo a obviar estadísticas individuales

Antonio Rodríguez

La tendencia del baloncesto europeo a obviar estadísticas individuales


“Nieto, uno en su pobreza, lo que hace, lo hace bien”. Marca no registrada pero sabia de mi abuelo, cuando hacía balance de algunos errores en su vida bajo el testimonio de las arrugas en su rostro.

Esta es la 34ª edición de la Liga Endesa desde su creación en la temporada 83/84. Travesía en la que ha habido absolutamente de todo: ilusión, aciertos, errores y tendencias. De todo tipo. Fiebre por las actuaciones individuales, por las estadísticas. Por el espectáculo, con el colorido. “¡Pero yo quiero dos negros!, ¿eh?” llegó a decir un mecenas que presidía un nuevo equipo cuando llegó a la ACB, como máximo requisito a la hora de fichar los americanos -aseguramos que no era Jesús Gil, aunque la frase dé a pensar que tiene su sello-. Que el público vibrase con ellos. Y de ahí salían aquellos extraños bonus tan habituales en la década de los 80 y los primeros 90’s sobre los jugadores extranjeros. Sobre todo americanos. Sobre todo pívots. Bonus por promediar tales puntos y tales rebotes. Y allá que iban, deseosos de ver engordar dígitos en sus cuentas bancarias, lanzando pedradas para hacerse con el rebote ofensivo y sumar rechaces, donde algunos se acercaban al sorprendido junior rival que salía como titular y le susurraban “si tú te portas bien conmigo, yo me portaré bien contigo” junto a un guiño de ojos.

A todos nos gusta ver a los jugadores en racha en pista (Foto EFE).
A todos nos gusta ver a los jugadores en racha en pista (Foto EFE).

Pues lo dicho: uno en su pobreza, lo que hacía, lo hacía bien. Así eran los tiempos. Y Toñín Llorente confesaba airoso que “en Andorra, Ricky Brown me pedía el balón siempre, porque tenía que llegar a no sé cuántos puntos para el bonus. Imagina en partidos igualados. Pero no había problemas, porque Ricky siempre las metía. Siempre. Era un fenómeno”. No todos los bases de la época vivirían igual de tranquilos, suponemos. Y por todo ello, comenzó a resultar curioso, novedoso y en muchos periodistas ilógico, cuando el auténtico rey del lanzamiento de tres, “Chicho” Sibilio, veía interrumpidas rachas anotadoras de triples porque Aíto García Reneses le sentaba en el banquillo, buscando el encaje de las rotaciones, mayor intensidad en otras facetas y la extravagancia de mostrar la amplitud de plantilla y el músculo desde el banquillo, poco típico en la época.

¿Un tipo enrachado no es el referente en las siguientes jugadas, e incluso llegar el caso de ser sustituido? Esta es la reflexión que brindó el gran Pepe Laso en los comentarios del partido de anoche en Eurosport2, entre Unicaja y Valencia Basket, correspondiente a la segunda fase de la Eurocup. “Una de las diferencias entre el baloncesto europeo y el USA, es que allí un hombre ‘on fire’ como ellos dicen, nunca será sustituido y le dejas en pista siendo protagonista, todo lo que sea necesario. Aquí pocos jugadores juegan 35 minutos”. Y por tal motivo, ver anotaciones que superen los 30 puntos, son de una excepcionalidad que pueda asombrar en el basket USA. ¿Estamos en contra de la lucidez individual? ¿Damos la espalda al espectáculo?

Si no de manera tajante, en Europa sí se da una importancia extrema al hecho de ganar. Eso conduce a arrinconar el pensamiento que esto es un espectáculo sustentado por aficionados que pasan por taquilla, que pagan cuotas por verlo en televisión y gusta lo que gusta. Ni es culpa de los presidentes que no permiten la derrota, ni de entrenadores de maneras inflexibles. Miren a la cara al aficionado de al lado: ¿permitiría tres derrotas consecutivas de su equipo, incluso aunque algunas de ellas sean de la despiadada Euroliga?  Aquí no se consiente. La presión que anida entre los equipos de élite en Europa, es más relajada en NBA. Es así. Aquí sacamos a paseo la palabra “crisis” con una facilidad pasmosa. Aun con ello, no es imperativo para que el cuadro que les presentamos a continuación, sea tan cruel estadísticamente hablando en los tiempos que hoy corren. Tras la enorme exhibición entre Marko Popovic y Darius Adams en el Montakit Fuenlabrada-Laboral Kutxa de la pasada campaña, con 36 y 41 puntos respectivamente, indagamos en cuantas ocasiones en la historia de la Liga Endesa, dos jugadores en un mismo choque, superaron los 35 puntos. Se dio en 40 ocasiones. En las últimas 20 temporadas, 2 veces. Ni tanto ni tal calvo.

Ricky Brown,
Ricky Brown, "salvador" para el compañero que tiene detrás, Toñín Llorente (ACB Photo).

Vemos en la fotografía de este artículo a un fenómeno de este deporte, uno de los reyes de estas rachas: Stephen Curry. Mostrado, vendido y promocionado hasta la saciedad. Aquí… ¿recuerdan el spot publicitario de Euroliga la pasada temporada con los entrenadores más destacados? Muy divertido. Pero eso, eran los entrenadores. Es un botón de muestra de lo que se quiere vender. Adoro la cultura deportiva que tenemos en nuestro continente de lo que significa el juego de equipo, valorar el significado del bloque, ensalzar el escudo. Pero a todos nos gustan los ídolos. Llaman valiente a Oscar Quintana por dejar a Facundo Campazzo hacer y deshacer, decidir y equivocarse. Quizás tan sólo sea una cuestión de sensatez. Que Nedovic dé el pase a la grada, a la par que su escalofriante entrada a canasta. Que Doornekamp falle el séptimo triple consecutivo, porque…ya entrarán, ya, que es Doornekamp. Forma parte de hacer vibrar al espectador. Una parte más del combo que debiera aunar todos los factores. La locura aquella de los pipiolos en pista Hernangómez, Porzingis, Balvin y Satoransky, era precioso. Desesperaban en ocasiones, aunque no pareciese que Aíto sintiera lo mismo en la banda. Pero qué playoff nos regalaron en 2014 ante Valencia Basket. Para guardarlo y que no quede en el olvido.

Ídolos, estadísticas que importan, lucidez individual, concepto de equipo, espectáculo…y por supuesto, ganar. Todo esto es el baloncesto. Ahora, pasen por taquilla.

Stephen Curry, dejad que las rachas vengan a mí (Foto EFE).
Stephen Curry, dejad que las rachas vengan a mí (Foto EFE).