NAVIDADES BLANCAS (II)

NAVIDADES BLANCAS (II)
Comentaba el periodista Fernando Ruiz hace unos días en su cuenta de Twitter, “P

Antonio Rodríguez

Comentaba el periodista Fernando Ruiz hace unos días en su cuenta de Twitter, “Parecerá una tontería. Pero para mí estas fechas son diferentes desde que desapareció el Torneo de Navidad del Real Madrid”. Y no le falta razón. Un torneo que simbolizaba en días navideños un plato más del banquete, para quienes estaban delante del televisor a lo largo de más de tres décadas. Hace dos años, decidí escribir en una publicación sobre él, buscando en su memoria, aprovechando de los recuerdos de un aficionado de todo aquello (José Díaz Tenorio), del director de la revista “Gigantes del basket” durante 25 años (Paco Torres), que lo vivió tanto de periodista como aficionado anteriormente, un fotógrafo deportivo (Fernando Laura) más tres jugadores históricos del Real Madrid (Vicente Ramos, Alfonso del Corral y Juan Manuel López Iturriaga). Intenté indagar en su éxito, que bajo sus palabras pudierse explicar a quienes no vivieron tal etapa, lo que significó y a los que sí, darnos un homenaje de recuerdos, Y permitidme que, en un serial de 3 capítulos que se inicia hoy, me tome la licencia que vuelva a recuperarlo para “Endesa Basket Lover”. Señores, con todos Vds., el Torneo de Navidad del Real Madrid. 

Drazen Petrovic fue, como rival, emblema y seña del Torneo navideño (ACB Photo).
Drazen Petrovic fue, como rival, emblema y seña del Torneo navideño (ACB Photo).

CAPÍTULO 2: La URSS y Yugoslavia, Sabonis y Petrovic. El show continúa.

Juan Manuel López Iturriaga: “Estaba muy bien, porque llevabas a los europeos, que muchos jugaban Copa de Europa, y más o menos, eran conocidos. Pero la oportunidad de ver un equipo argentino, un equipo brasileño… Sí, jugábamos frente a sus selecciones cuando fuimos a Cali, o en los Juegos de Moscú. Pero no sabíamos, por ejemplo, el nivel que tenían esos equipos. Y era una oportunidad de mostrar un exótico y calibrarles. A nosotros, bueno, como jugábamos la Copa Intercontinental, les tenías en el radar. Pero no los aficionados. Y todo eso, claro, tú mezclabas el equipo sudamericano, una universidad americana, que siempre tenía su cosa, el Real Madrid y luego un decente en Europa, quedaba un torneo muy guapo. Los carteles muchas veces, eran de lo más atractivo”.

Paco Torres: “Era la época que los rusos venían con caviar y se iban con vaqueros y todo tipo de ropa. Luego no sé si se lo dejaban pasar por la aduana, o Gomelski, que era dios, lo pasaban con él, pero ellos traían caviar para todo el mundo, para venderlo aquí. Lo bueno que tenía aquel torneo de Navidad es que traían equipos que era imposible verles. Tú a la selección soviética, no les veías, porque jugaban los Europeos o los Mundiales, pero fuera. Y a la selección yugoslava, no les veías. Y ya no te digo selecciones como Brasil, o Argentina, o Puerto Rico. Venían baloncestos distintos. Porque te traen al Efes, y les vi ayer, o les voy a ver mañana. Aquello traían novedades. Todo era atractivo”.

En los 80, el torneo pareció cambiar de rumbo. Y sí, las universidades dieron paso a las dos selecciones más potentes de Europa: las inalcanzables Unión Soviética y Yugoslavia. Entre Raimundo Saporta, aunque ya no perteneciera al Real Madrid, junto con la colaboración decisiva de José Antonio Arízaga, se consigue que vengan ambos combinados nacionales. Con todas sus estrellas, por supuesto. Por separado o incluso, en dos ediciones (1984 y 1988), compitiendo ambas, fueron un cartel de lo más atrayente, a los que el Real Madrid plantaba cara. Sabonis rompió el tablero, al año siguiente Drazen Petrovic, el personaje deportivo más odiado en la Casa Blanca, hizo su aparición por primera vez, para regresar al año siguiente mucho más cándido, sin pizca de provocación, pues un mes antes, se confirmó su fichaje por el Real Madrid. Jugó Jorge González, aquel gigante argentino de 2.30 de estatura, que encaminó su vida en el wrestling estadounidense. Vino hasta Nate Archibald en un combinado All Stars, aunque llevaba ya dos años retirado. O incluso, como campeón inesperado, en 1982, el oficioso filial del Real Madrid, el Inmobanco. 

Marte de Arvydas Sabonis. El tablero tembló. Al siguiente mate, se hizo añicos (Foto: Fernando Laura).
Marte de Arvydas Sabonis. El tablero tembló. Al siguiente mate, se hizo añicos (Foto: Fernando Laura).

Alfonso del Corral: ”Yo gané el Torneo de Navidad con el Inmobanco y fui nombrado el mejor jugador del torneo, ante jugadores como Delibasic o Dalipagic, Brabender… Sentí una emoción increíble. Me acuerdo perfectamente que jugamos un partido en casa, en la pista del Canoe, que era nuestra pista, ante Estudiantes, dos días antes del Torneo de Navidad. E Ignacio Pinedo, que era nuestro entrenador, tenia un cabreo importante y estaba enfadadísimo. Y el día anterior al torneo, nos fuimos a tomar unas cervezas, unos pinchitos, porque estábamos con el bajón, nos sentíamos seres…nos sentíamos muy mal. Y empezamos a hablar que ‘venga, que mañana…’ y jugamos un Torneo de Navidad extraordinario. Y lo ganamos.

Además, recuerdo que Saporta luego nos daba algún regalo o nos daba un dinerito en cheques de “El Corte Inglés”. Imagina eso para mí, era fascinante. Yo, que era un crío, que cobrabas unas cuantas pesetillas, pues te daban un regalazo, te daban un cheque de unas veinticinco mil pesetillas. Pero sobre todo, que eso forma parte de nuestra historia. Porque ahora mismo, los chavales no saben que 23, 24 y 25 eran unos días que eran entrañables para asuntos y reuniones familiares, y para el Torneo de Navidad.Y con ello, todo pasaba a un segundo plano. Porque tú no podías comer muy fuerte si luego tenías que jugar. Todo eso forma parte de nuestra vida. Forma parte de nuestra historia. Son momentos inolvidables”.

Paco Torres: “Alfonso del Corral, en aquel torneo, le metió una hostia a uno del Madrid…que se quedó el del Madrid, mirando a éste, tras la falta, como diciendo ‘que entrenamos juntos, tú’. Sí, sí. Lo que te dice de lo de la testosterona, es más que cierto”.

E incluso, se abortaron fichajes. En el otoño de 1988, Pedro Ferrándiz, nombrado nuevo director deportivo del club blanco, rodeado de polémica, firmó al pívot yugoslavo Stojan Vrankovic para la siguiente temporada. Alguien que tenía ya firmado un preacuerdo con Boston Celtics, por cierto. Cuando Yugoslavia se presentó en el Torneo apenas un mes después -Yugoslavia llegaba con la vitola de vigente subcampeón olímpico, compartiendo cartel con los campeones olímpicos, la URSS-, Vrankovic, como era su pose habitual, indolente, apático, casi ninguneado por Fernando Martín que le ganó la batalla a cada momento, fue despedido con pitos por la afición, que le mostró su más absoluta indiferencia. Desde ese momento, se deshizo aquel fichaje. 

José Biriukov (en medio) era el anfitrión para los soviéticos. En la foto, junto a Belostenny y Sabonis (Foto: Fernando Laura).
José Biriukov (en medio) era el anfitrión para los soviéticos. En la foto, junto a Belostenny y Sabonis (Foto: Fernando Laura).

Y por cierto, el de Sabonis no fue el único tablero roto. Exactamente a la siguiente edición tras el de Sabonis, apareció un combinado llamado San Marino All Stars, de estadounidenses que los juntaba un agente, con la finalidad de “colocarles” en diferentes equipos europeos, práctica muy habitual en los 80. Patrocinados por empresas tabacaleras, incluso invitaban a los periodistas a viajes -Paco Torres nos confirmó uno a Rimini, a gastos pagados-, para conocer de las lindezas de estos jugadores. Pues en este 1985 que nos ocupa, con jugadores como el NBA Ed Nealy, o los “españoles” Dan Caldwell o Bobby Lee Hurt, entrenados por John Betancourt, un tal Black, en la rueda de calentamiento de su primer partido ante el Real Madrid, rompió el tablero que, esta vez sí estalló gran parte de él, en pedazos. Hubo más de tres cuartos de hora de espera, los jugadores se dedicaron a esperar, estirar músculos y seguir calentando mientras reponían el tablero, y existe una foto adorable (que “Gigantes” en su reciente número especial de Fernando Martín recuperó, junto a Alfonso del Corral), donde Martín posa haciendo el tonto a la cámara fotográfica de Fernando Laura. “Para que veas el rollo que tenía yo con él. Me alegraba mucho. Eso, Fernando no lo hacía con nadie”. Y uno de los operarios del pabellón, siendo entrevistado en televisión, para que explicara el proceso de recambio del tablero, mostraba un mosqueo considerable, porque se trataba del tercer tablero roto en lo que llevaban de temporada. “En la historia del Real Madrid, tan sólo se había roto el de Sabonis. Y este año, llevamos ya tres”, confesaba amargamente. Y es que, en aquella 85-86 fue cuando se instauraron los aros retráctiles o basculantes que hay en la actualidad, en la liga española. Toda una revolución en baloncesto, para evitar aquella estupidez de pitar falta técnica a todo aquel que se agarrara del aro. Sin embargo, nadie reparó que los tableros convencionales no estaban preparados para, no el que alguien se colgase del aro, sino el impacto y la vibración que sufría el tablero cuando el jugador soltaba el aro. Ahí estallaba…para el mosqueo del Real Madrid, entre otros.

Prestigio de jugarlo, de coleccionar anécdotas, de querer destacar. Amistoso, sí. Hasta que lo juegas.

Juan Manuel López Iturriaga: “Cargarte un aro en una rueda de calentamiento es…es… casi de ser idiota. Seguramente algún descerebrado pensaría ‘qué molón es cargarse un tablero’. Me acuerdo que nos daban durante algún año, un premio al mejor jugador de cada equipo y luego, al mejor jugador del torneo. Y recuerdo que yo en el Torneo de Navidad solía jugar bastante bien. Pero siempre había alguno que me superaba. Y recuerdo un año, había jugado dos partidos buenísimos. Y pensaba que ‘yo este año, me lo llevo seguro lo del mejor jugador’. Y Fernando Martín, el último día, se cascó un partidazo…y guardo esa espinita.  Nunca fui el mejor jugador del torneo. Yo no había jugado en aquella temporada por lesiones, y salí de titular los dos primeros partidos. Y jugué muy bien. Y en el tercer partido, el tercer día, que nos enfrentábamos a la URSS, no jugué. Y otro posible MVP que voló. Eso sí, me motivó mucho el poder jugar dos partidos de titular, tras la aquella lesión tan latosa de la espalda”.

Fernando Martín atrapa un rebote ante Stojan Vrankovic. Chispas saltaban de estos duelos (ACB Photo).
Fernando Martín atrapa un rebote ante Stojan Vrankovic. Chispas saltaban de estos duelos (ACB Photo).

De aquella última intentona de Iturriaga por ser galardonado como el mejor jugador, ya sucedió en el Palacio de los Deportes de Felipe II. El Torneo de Navidad se engalanaba en un lugar más acorde, donde ahora sí, cabía todo el que quisiera ir. Tras el Mundial de España, donde se reformó para que albergara su fase final, tras los primeros partidos del Real Madrid de Copa de Europa allí, en las Navidades de 1986, para mayor gloria de Larry Spriggs, que fue el MVP en aquella edición, hubo mudanza. Aunque el cartel de participantes cada vez iba siendo un poco menos atractivo, la propia solera, la tradición del torneo, hacía que el Palacio se llenara al completo.

José Díaz Tenorio: “Lo del Palacio era demencial. El Palacio era una instalación mastodóntica, que tan sólo se utilizaba para el espectáculo aquel de hielo en Navidad, el “Holiday on ice”, como velódromo para ciclismo o motos y no se utilizaba para nada más. Conciertos, circos a veces y ya. Pero lo que son deportes, no creo que se usara más de cuatro o cinco días al año. Claro, el Real Madrid jugaba en una instalación de no llegar a cuatro mil personas; el Estudiantes jugaba en otro donde no se llegaba ni… a los tres mil, siendo generosos.  Y parecía que a nadie se le ocurrió antes, con el tirón tan enorme que tenía el baloncesto, de desplazarse a un recinto donde por aquel entonces cabían más de doce mil personas”.

 

PRÓXIMO CAPÍTULO: LA ILUSIÓN DEL TORNEO DE NAVIDAD EN SUS PROTAGONISTAS.