EL HOMENAJE DE GUILLEN

EL HOMENAJE DE GUILLEN
Málaga homenajeó a Ricardo Guillén como él homenajeó al baloncesto

Antonio Rodríguez

Málaga homenajeó a Ricardo Guillén como él homenajeó al baloncesto

Aquella generación de 1976 eran sinónimo de medallas para la Selección Española. Cadetes, junior… Iker Iturbe podía haber trasladado perfectamente el apodo que tenía el plantel de su universidad de Clemson (los “Slab Five”. Algo así como “los cinco del cemento”) a sus compañeros en el verano de 1995, en puertas de encarar el Mundial Junior en Atenas. Eran rudos, bregadores, con escasa y estilista estética…pero eso sí, sin complejos ante nadie. Tomen nota: Rodrigo de la Fuente, Carlos Jiménez, Iker Iturbe, Darío Quesada, Rafa Vidaurreta, Juan Pedro Cazorla. Lograban medallas porque eran los duros del lugar, mordían bajo tableros cuando fallaban. Sus posesiones valían oro y allá que se abalanzaban en pos de cualquier balón. Borja Larragán, Llorens Mons, Paco Rueda o unas gotas -incipientes gotas aún- de calidad las que daba el azulgrana Oriol Junyent. Los adelantos y las antenas parabólicas que florecían en los 90, nos dieron oportunidad de comprobar lo que sucedía en aquel OAKA ateniense que se llenaba para ver a los suyos, más aún que en el reciente Eurobasket senior (Papanikolaou, Rentzias, Hatzis, Gioannoulis y Karagoutis se llevaron aquel Mundobasket apalizando a todos sus rivales, incluidos los americanos de Stephon Marbury o Vince Carter). Y ver a los españoles lograr una bendita medalla de bronce que auguraba un relevo generacional en nuestra Selección con el sello de…no se corten, sí: de cemento. 

Carlos Jiménez y Unicaja, homenajean a nuestro protagonista (ACB Photo / Mariano Pozo).
Carlos Jiménez y Unicaja, homenajean a nuestro protagonista (ACB Photo / Mariano Pozo).

Como la florecilla que crecía de entre todos aquellos jugadores cuyos fundamentos fueron creados a hierro y fuego, apareció procedente de la cantera de Unicaja, Richi Guillén. No tenía la musculatura de Rodrigo de la Fuente ni las piernas e intensidad de Carlos Jiménez, ni las espaldas de Iturbe. Era alto, con pies grandes y aparentemente torpes. Eso sí, con unos brazos larguísimos. Pero con su estatura, este chaval botaba como un base y protegía el balón con una elegancia fuera de lo normal. Su tiro era certero como un alero y sus movimientos de pívots eran coreográficos, acompañados de un suave toque en ganchos en suspensión, en cualquier tiro corto. Quizás no supiera explicarlos, pero le salían. 207 centímetros, presentándose al mundo con aquel repertorio. Una bendición en nuestro deporte.

Ricardo Guillén jugando para Algeciras, en LEB (Foto EFE).
Ricardo Guillén jugando para Algeciras, en LEB (Foto EFE).

Y jugó en su equipo hasta 1999. Richi Guillén tenía un don para nuestro deporte y quería usarlo. Y es que hay aves que no deben ser enjauladas. Y a la llegada de Bozidar Maljkovic a Unicaja, a la ciudad del sol, nuestro protagonista sabía que sin la actitud defensiva de élite que el balcánico exigía, pocas bolas iba a rascar. “De Málaga me fui por un motivo muy sencillo: quería jugar”. A partir de ahí, una travesía por equipos ACB, León, Gijón, Gran Canaria, Granada, nuevamente Gran Canaria para pasar a la otra “isla afortunada”, Tenerife, al recién ascendido Unelco en la temporada 03/04. Y siempre con la misma máxima: “Estoy muy satisfecho porque lo que quiero es jugar y lo hago”. A Guillén no le dolían en prendas continuar su trasiego. En ese romanticismo que siempre le acompañó, el de divertirse con este juego, ejecutarlo y mostrarlo al mundo, por encima de exigencias casi enfermizas por la defensa, el físico, la intensidad…llegó a la liga LEB. Y disfrutó de la mejor LEB de la historia, donde un puñado de equipos tenían mayor nivel que un puñado de equipos hoy en la Liga Endesa. Y allí, Richi Guillén fue feliz. 

Jugando en el Juan Ríos Tejera. Solera en el pabellón y en el jugador (Foto Alba Pestano / C.B Canarias).
Jugando en el Juan Ríos Tejera. Solera en el pabellón y en el jugador (Foto Alba Pestano / C.B Canarias).

Disfrutó del clima y la vida en Algeciras, Los Barrios, en La Laguna, donde el sol fuera testigo de sus actuaciones. Curioso que cuando estuvo en Cantabria, entre nublados, no fuera tan feliz. Precisamente las lluvias le volvieron a dar una oportunidad en la Liga Endesa, donde un viejo conocido que lo había entrenado en Los Barrios, Moncho Fernández, le ofreció su último capítulo en la Liga Endeda, en el Obradoiro.

Ricardo Guillén fue el MVP de la LEB en 2015, precisamente con el filial del Unicaja que le vio nacer, el Clínicas Rincón, cerrando así el círculo desde aquel mismo MVP en el afamado torneo junior de Hospitalet en 1995 haciendo campeón al equipo cajista. Ya lo ven, 20 años después. Y aún mantiene ser el máximo anotador de la historia de la LEB. 

En Tenerife volvió a disfrutar de las mieles de la Liga Endesa (ACB Photo / A. Martín).
En Tenerife volvió a disfrutar de las mieles de la Liga Endesa (ACB Photo / A. Martín).

El pasado domingo, el club le hizo un merecido y sentido homenaje. El jugador que al colgar las botas vio morir una estrella dentro del firmamento del baloncesto, porque él es parte del baloncesto, el que se enseña, el que se admira. Da igual que no estuviese en la élite, que sus estadísticas no tengan el fulgor de otros chavales que llegaron tras él con semejantes cualidades y que sí, estos sí se comieron el mundo -precisamente en el siguiente Mundobasket junior al que jugó él-. Su bote alto, sus pivotes, sus suspensiones y esa mirada impasible que todo lo observaba son alimento y gloria para este juego. Ricardo Guillén es un jugador que homenajeó al baloncesto. Y ahora a nosotros nos toca homenajearlo.

Su última oportunidad en la Liga Endesa, en Obradoiro (ACB Photo / J. Marqués).
Su última oportunidad en la Liga Endesa, en Obradoiro (ACB Photo / J. Marqués).