PUNTOS SIN INDIGESTIÓN

PUNTOS SIN INDIGESTIÓN
Los 34 puntos de Kevin Love dan para multitud de áreas a reflexionar

Antonio Rodríguez

Los 34 puntos de Kevin Love dan para multitud de áreas a reflexionar

Hace años, un buen amigo entrenador de categorías de formación, me contaba los problemas que tuvo en su último partido para detener a un rival. El chaval era alto, potente físicamente y habilidoso con el balón en las manos. Y si le marcaba de cerca, entraba a canasta yéndose del defendido en el segundo bote. “Y pedí que le dejaran espacio. Y fue casi peor”. Y antes de continuar, le interrumpí continuando la frase. “…porque al darle espacio, se arrancaba y ya era imposible detenerle”. Abrió los ojos, porque compartíamos la misma reflexión. Me sonaba aquello, porque años antes, esa situación la viví con un equipo cadete al que entrenaba, en mis propias carnes. Y entre cadetes, jamás habíamos entrenado alguna solución táctica para tal situación. Como mucho, ejercitábamos táctica individual, apenas colectiva. 

Kevin Love, 34 puntos en el primer cuarto de partido (Foto EFE).
Kevin Love, 34 puntos en el primer cuarto de partido (Foto EFE).

Kevin Love, en la madrugada del jueves, anotó 34 puntos en un solo cuarto. De hecho, en el primer cuarto. 34 puntos en los primeros 12 minutos. Hay mucho más que inspiración ahí. Por una parte, hay instinto asesino del jugador, para saber que si una treta le funciona para anotar, porfiará en ella una y otra vez, sin indigestión, sin que provoquen borrachera los puntos que vayan cayendo. Y será pesado y aburrido, pero hasta que no logren descubrir una receta para detenerlo, seguirá insistiendo en ello. Recuerdo, por ejemplo, la enorme capacidad y el tono chulesco de Rasheed Wallace, que en días inspirados, era como un “ahora te voy a matar así, y ahora ‘asao’, y continuaré con esto otro”. Su toque de chulería se colaba cuando quería mostrar su amplio bagaje de recursos. No continuaba en lo que le daba resultados, porque precisamente su misión, era la de humillar al contrario con su supremacía técnica. Y claro, llegaba un momento en que se perdía en la diversidad y comenzaba a errar. Para llegar a esos 34 puntos, hay que insistir mucho en lo que da bonus.

Por otra parte, la NBA es terreno abonado para ello. Si un jugador está inspirado, sus compañeros se encargarán de hacerle llegar el balón, hasta que la racha se le acabe. Le surtirán de balones donde él quiera que se los pongan, para seguir lo más posible con su “buena estrella”. Y ni que decir tiene, que su entrenador no lo sentará, dando rienda suelta a ese filón hasta que se extinga. 

La proeza de Lebron James ante los Pistons en 2007 (Foto EFE).
La proeza de Lebron James ante los Pistons en 2007 (Foto EFE).

Y sí, es la NBA. Donde para defender a ese tipo inspirado, habrá un hombre -solo- encargado de su marca. Estamos hablando de la liga con los mejores jugadores del mundo y en ella, en esa mentalidad USA tan ambiciosa, “si tú no puedes defenderle, habrá otro que sí podrá hacerlo”, se le valorará en ese rasero. Y ese tipo seguirá intentando que su tortura particular, acabe cuanto antes. Y si no sucede así, se le sustituirá por otro. Porque esa racha anotadora de un rival, se carga a la cuenta de débito de quien le defiende. Nadie más. Recuerdo la primera vez que vi jugar a Andrés Nocioni un partido NBA. Eran las primeras jornadas de liga regular y se enfrentaban en el United Center a los Pistons. Y cuando Nocioni saltó a pista, le tocó marcar a Tayshaun Prince. Y el argentino lo pasó fatal. Tenía que sortear los bloqueos en los carretones, bloqueos ciegos, las arrancadas y los enormes brazos del liviano alero de los Pistons, que ya era una estrella en la liga. ¡Y era Nocioni! Un jugador que había mostrado en el Tau Cerámica una raza y un pundonor encomiables. Pero no podía con Prince, porque le tocó a él solo.

En Europa, es inconcebible que se dé una circunstancia semejante, porque el entrenador ya se habrá estado rebanando la sesera durante los días previos ante tal tesitura, para buscar la ayuda del compañero en un momento determinado, o cambiar de defensas, sea de zona -que en el baloncesto FIBA cuenta con menos espacios que en la NBA, por la regla de los 3 segundos defensivos- o algo en el que implique a los cinco en pista. Digamos que es una tarea del entrenador que debe inculcar a sus pupilos. En la NBA, se estudia milimétricamente al rival, de manera individual, con más énfasis que en Europa. Si cuando bota con la derecha pierde la perspectiva del lado débil, si los bloqueos los pasa pegados a su compañero, si coge instintivamente el balón con ambas manos cuando ve el más mínimo problema en el bote, si tiene visión cuando entra a canasta de sus compañeros, si se muestra bien o “se esconde” cuando corta a canasta…mil pequeños detalles. Y eso es el resultado de un estudio pormenorizado para que su defensor tenga la máxima información. Porque le va a tocar a él solo defenderle. 

En el baloncesto FIBA, las trampas defensivas son frecuentes (Foto EFE)
En el baloncesto FIBA, las trampas defensivas son frecuentes (Foto EFE)

Yo tuve la enorme suerte de ser el comentarista en Canal+, junto a Guillermo Giménez, de aquella primera gran proeza de Lebron James, de vencer con sus Cavs en el Palace de Auburn Hills a los Pistons en el 5º partido de la final de conferencia en el 2007, donde logró nada menos que los últimos ¡25 puntos de su equipo!, en una seria asombrosa de 11 de 13 en tiros de campo. Y entre el éxtasis de ambos, yo me preguntaba si de verdad era posible que Flip Saunders -que en paz descanse-, entrenador rival, podía permitir eso. Con el atenuante que en playoff hay más tiempo y se trabajan más las situaciones tácticas. ¿Cómo era posible que no pudiese ordenar defender al inspiradísimo Lebron como para obligarle a soltar el balón en situaciones de dos contra uno, ayudas…lo que fuera? James, al que le gusta jugar muy abierto, se arrancaba y era imposible que nadie le detuviese, por muy Ben Wallace que estuviese bajo el aro para intentar taponarle. “Échale un galgo” que dirían en mi tierra.                

Pues eso pudo ser lo que sintió mi amigo ante un rival aventajado y esa es la mentalidad americana, llevada eso sí, al extremo. Y por ello se dan las situaciones de la noche del miércoles-jueves de Kevin Love, donde a la inspiración, no existe borrachera de puntos ni se hace indigesto para el jugador, que sigue y sigue hasta que se acabe su racha. Algo que en Europa, ya les aseguro que es más que improbable.