LAS DOS CARAS DEL DERBY

LAS DOS CARAS DEL DERBY
Tyrese Rice y Luka Doncic fueron el cara y cruz del duelo en el PalauTyrese Rice

Antonio Rodríguez

Tyrese Rice y Luka Doncic fueron el cara y cruz del duelo en el Palau

Luka Doncic intentó un lanzamiento triple tras sonar la bocina de final del primer cuarto, con los 10 primeros minutos concluidos. Y no entró. Entre el jugueteo e intentar coger sensaciones en ese tiro, el “clanc” del aro parecía una premonición de lo que vendría a continuación. Tyrese Rice, tras un rebote ofensivo de su compañero y amigo Peteri Koponen, aguantaba el balón los 14 segundos de posesión. Ese rebote y contar nuevamente con el esférico, suponía el cerrojazo para el final del choque, pues poco más de un minuto restaba. En estos dos jugadores se vieron reflejadas las dos caras del choque del pasado domingo.

 (ACB Photo / V. Salgado).
(ACB Photo / V. Salgado).

Tyrese Ryce, en el primer derby liguero, vio recaer sobre sus espaldas mucha más responsabilidad de la que hace unas fechas pudiera haber supuesto. Los focos se dirigieron a él según iban transcurriendo los días de la semana y de la mano, las lesiones de sus compañeros. Y supo responder con una excelente actuación en la primera parte (16 puntos totales), trayendo en jaque a los rivales con sus tiros en suspensión y sus entradas a canasta, lanzando tiros bombeados desde su corta estatura, inalcanzables para cualquiera. Se notaba confiado y acertado. Aguantó las escasas rotaciones de su entrenador, Georgios Bartzokas, más proclive a hacerlas largas -sea el tiempo de juego como los descansos- que su predecesor Xavi Pascual. Aunque en esta ocasión, recortando los tiempos de descanso para el pequeño base de Baltimore, puesto que en el banquillo había más tipos calzando vaqueros que chándal de juego.

En la segunda mitad se le comenzó a ver fatigado. Rice es un tipo con carácter que como los buenos actores, intenta que no se note la tensión ni la gota de sudor recorriendo su mejilla. Y juega al mismo ritmo: no dar tregua. Ello le valió el que con unas ideas menos claras, siguiera forzando acciones sin la frescura inicial, ni tampoco con los mismos resultados. Perdió balones y falló tiros libres. Pero sí tuvo la cabeza fría para aguantar cuando se debía y redondeó la actuación con la preciosa canasta en entrada del último minuto, la de la celebración junto a los testigos del Palau, la del enfado de Nocioni. Parecía un “me lo merezco” de otros tiempos y otro deporte.

El rostro de Luka Doncic en el banquillo, la cara de rabia tras la técnica con la que fue castigado, con el labio inferior casi reilando de la frustración, justifica una retransmisión televisiva a ojos del aficionado. Y pudimos ser testigos de ello. Es increíble ver cuánto odio -deportivo- podían albergar esa mirada. Y es más increíble aún que sean procedentes de un chavalín de 17 años. Un ganador, sin duda. Alguien muy especial.

Luka Doncic no tuvo ni mucho menos, su mejor día (2 puntos en 1/3 en tiros de campo). Sin embargo, se le vio la enorme valía con la decisión entrando a canasta para sus únicos puntos y un par de pases con una facilidad en su ejecución, inversamente proporcional a la dificultad de darlo. Es un jugador fascinante, estampa de la estrella en ciernes que odia como las grandes estrellas históricas del Real Madrid, perder en ese recinto. Lo odia. De ahí aquella mirada, el mandar con el brazo “a paseo” al árbitro cuando las cosas no funcionan. Exceptuando ese gesto, el comportamiento señorial y humilde de quien sigue creyéndose un chavalín entre hombres. Un chaval que se forjó un poco más viendo la celebración de Tyrese Rice. Días que marcan, gestos que lacran. Las dos caras de un derby.

 (ACB Photo).
(ACB Photo).