VICTORIA SIN CHAPINES

VICTORIA SIN CHAPINES
Los azulgranas pusieron unión de equipo ante las fuertes adversidades

Antonio Rodríguez

Parecía un mal fario. Cuando en los medios de comunicación saltó la noticia de la lesión de escafoides de Víctor Claver, lo del F.C. Barcelona Lassa sonaba a demonizados vientos de brujas del este. No se podía tener tan mala suerte como para seguir colapsando la enfermería de aquella manera tan cruenta. Lawal, Pau Ribas, Doellman, Navarro…y ahora Claver. Un quinteto de lujo que salía resultante de los pasillos del hospital azulgrana, viendo el encuentro en la banda el pasado domingo. Uno tan importante como un Barcelona-Real Madrid.  

Tyrese Rice, estilete final de los azulgranas (ACB Photo / V. Salgado).
Tyrese Rice, estilete final de los azulgranas (ACB Photo / V. Salgado).

Pues la voluntad de unirse ante las adversidades, de creer que aun así es posible ganar, fue lo que rescató a los barcelonistas para vencer esta semana, primero en Tel Aviv y posteriormente al Real Madrid, cuando pocos los esperaban. Rescatarles y alzarse triunfantes ante los blancos, que se presentaban en el Palau Blaugrana con todos sus poderes, con una racha casi inmaculada de triunfos -a excepción de su derrota ante el Baskonia en Euroliga- en lo que llevamos de temporada desde el inicio de la Liga Endesa, bosquejo de algo más que un arranque liguero prototipo de uno de los grandes de Europa. Georgios Bartzokas se hacía de cruces con las escasas piezas con las que contaba e intentando inventar algo parecido a profundidad desde el banquillo, sacó a los sorprendentes Vezenkov y Eriksson en el quinteto titular. Y la primera canasta del encuentro, un triple del sueco, parecía ser una muestra de intenciones, de querer estirar lo máximo posible a los jugadores que pudo alinear. Papeleta arriesgada donde no hay chapines de rubíes ni embrujos mágicos que dieran superpoderes a los pocos fijos con los que contaba. Y le salió perfecto. Desde el banquillo un Joey Dorsey y Stratos Perperoglou, que estuvieron fantásticos, pudieron sostener la nave hasta darles la victoria final. Sólo una magnífica unión y un compromiso de los jugadores, que les hizo dar dos o tres pasos más en el sacrificio en pos del conjunto, les sacaría del atolladero ante más de 6000 espectadores que les apoyarían de manera incondicional. 

La estampa casi interminable de lesionados barcelonistas (ACB Photo / V. Salgado).
La estampa casi interminable de lesionados barcelonistas (ACB Photo / V. Salgado).

Y es que, en eso se pudo resumir el enfrentamiento de la tarde del domingo, para que diese el sorprendente resultado de 85-75 a favor de los locales. Jugadores como Ante Tomic pedían el cambio, exhaustos ante generosos esfuerzos. Subir más allá de la línea de tres, presentarse ante el rival, tener que recuperar a gran velocidad, ayudar a un compañero, denegar líneas de pase. Como Rice, como Koponen… como todos los azulgranas en conjunto. Se da en ocasiones que, ante una adversidad semejante en la que el protagonista ni pincha ni corta, como son las lesiones, se unen en un compromiso mayor. Tener que dosificar los esfuerzos de Rice, que actuó de líder, a un 110% de sus posibilidades, en pequeños descansos con entradas a pista de Stefan Peno, eran cálculos por lograr importantes diferencias que al final y que resultaran insalvables para los blancos.

Diferencias que se fraguaron en la primera mitad con una mejor actitud e intensidad defensiva, de buscar al croata Tomic (máximo anotador de la tarde con 19 puntos) como el mejor exponente de castigo entre los hombres de Pablo Laso. “Querer ganar” que dijo Andrés Nocioni al descanso, cuando en el electrónico imperaba un 49-33. En el tercer cuarto, tanto Ryce como Koponen pierden balones cuando subían el balón, pues no intuían dónde estaba la trampa en la defensa madridista. Y es que el cansancio hizo mella. Y su mayor virtud fue aguantar el tercer período con un amplio margen de diferencia. Con cinco puntos consecutivos de Vezenkov en los primeros parciales del último cuarto, se llegó a una máxima de 72-55 que hacía respirar, aún sabiendo que los 40 minutos se les harían eternos.

Y sí, fueron larguísimos para ellos. Un 76-68 a falta de poco menos que 4 minutos daba trazos de un partido casi nuevo, con el empuje del Real Madrid mucho más fresco. En ese momento, un triple de Petteri Koponen les otorgó la capacidad de creer nuevamente. Y fueron la mala selección de tiro y las prisas por robar balones y cometer faltas ante tal riesgo -que llevaban implícito el veneno de los tiros libres-, la puntilla final y que el F.C. Barcelona saliera airoso de un derby más que complicado para ellos. 

La pimienta del derby: el
La pimienta del derby: el "duelo" Nocioni-Rice (ACB Photo / V. Salgado).

Y por si faltaba algo, el “encuentro” final entre Tyrese Rice y Andrés Nocioni, que le recriminaba la excesiva celebración de una canasta final, con un posterior “nos citamos en el Barclaycard” lo que puso la pimienta como epílogo a este primer capítulo esta temporada de los Barça-Madrid. Un duelo tempranero, pero que deja una huella continuista del más tempranero choque de la Supercopa. Unos y otros tomarán buena nota. Este duelo nunca deja indiferencias y “apuntes” para próximas citas.