ETIQUETA DE UNA ÉPOCA

ETIQUETA DE UNA ÉPOCA
La explosión de una época que impulsó nuestro baloncesto

Antonio Rodríguez

La explosión de una época que impulsó nuestro baloncesto

La imagen habla por sí sola. Este artículo orbitará alrededor de ella. Está deteriorada, lo sabemos, pero es digna de exposición. Pertenece a la campaña publicitaria de la marca de material deportivo (ya extinta) “Grazzia” durante la temporada 83/84, que llegó a vestir a media ACB. Dos de los equipos que usaban su indumentaria, Peñas Recreativas de Huesca y Ebro Manresa, fueron usados como motivos para tal campaña. Y esta imagen era perfecta. De hecho, hoy día sigue siéndolo para etiquetar lo que fue una época.

Su protagonista, el “volador”, es Wayne Freeman, un base fichado por los oscenses procedente del San José chileno. Hay que dar crédito a su entrenador, un joven novel de 24 años llamado Arturo Ortega, que sin duda demostraba ya sus buenas dotes como ojeador. El “avasallado” es el entrenador-jugador Germán González (echen un vistazo al dislate que fue Manresa aquella campaña, para que se acabara haciendo cargo del equipo un jugador), mientras que el estadounidense Jim Grady es testigo de la acción mientras baja a defender.

Fue la primera temporada oficial de la ACB. Una antes de la llegada del enorme boom con la medalla de plata lograda en los Juegos de Los Angeles y el maremoto baloncestista que originó posteriormente en este país. Es de un año antes, donde nos dimos cuenta que se podían cambiar las cosas. Que las instituciones y directivas se reunieron y se remangaron sus camisas y aunaron esfuerzos para concretar un “a ver cómo hacemos funcionar esto”. Donde se dio vía libre al segundo extranjero a nuestra competición, siendo treinta y dos de ellos los que poblarían nuestros equipos. También, dimos la bienvenida al formato de playoff para dictaminar el campeón y que aquel reclamo diese un primer-gran acercamiento a nuestro deporte. Que no solamente eran Madrid y Barça.

Por ello, repetimos, esta imagen es tan esclarecedora, etiquetando aquella atmósfera.  En un pequeño pabellón -el viejo Congost manresano-, que de repente se quedaron pequeños, se agolpan los aficionados para ver dos de los equipos que descendieron en esa 83/84 y tener la oportunidad de ver un base estadounidense inmortalizando instantáneas así. Que si lloramos la ausencia de Essie Hollis y Nate Davis cuando abandonaron la liga un año antes, para esta competición no solamente regresaron, sino que se apuntaron tipos como Wayne Freeman, que también volaban, que dieron magia a la Liga Endesa -y no pocos esfuerzos en intentar salvar al club del descenso- adelantándonos un avance de lo que sería el baloncesto en años venideros. 

Hoy día tenemos grandes voladores, incluso nacionales, enormes pabellones y estructuras formadas. La avanzadilla de Freeman cuajó, con sus momentos punta y sus momentos descendentes. Más de tres décadas después, vemos aquellos pioneros, aquellos horizontes y pensamos, SIGAMOS TRABAJANDO POR EL BALONCESTO. DISFRUTEMOS DEL BALONCESTO.