EL BASE OBSTINADO

EL BASE OBSTINADO
Adiós al gran José Calderón de la Selección. Nosotros también lloramos

Antonio Rodríguez

Adiós al gran José Calderón de la Selección. Nosotros también lloramos

“Lo peor, es que siendo base, te repitan de manera constante que no lo eres”. Y obstinado fue José Manuel Calderón en su tarea de ser base. Uno de los mejores bases de la historia del baloncesto español. Cantinela repetida en Alicante, en Fuenlabrada, allá por principios de siglo, en su primera internacionalidad para Indianapolis’02 -debido a la ausencia por la trágica lesión de Raül López-. Y ya lo vieron ayer: José Calderón se despedía de la Selección Española en la sede de la Federación Española, 14 años después de aquel primer reto, con los periodistas -alguno quedaría de aquellos-, rompiéndose las manos en aplausos. Cierre a un periplo de uno de los grandes, de los que será mito. 

 Calderón despidiéndose de la Selección ayer, junto a Garbajosa (Foto EFE).
Calderón despidiéndose de la Selección ayer, junto a Garbajosa (Foto EFE).

“Era algo que hace tiempo había hablado con mi familia, con la gente de mi equipo y que llevábamos preparando desde hace tiempo”. Como él reconoce, la octava medalla para el número 8 de tantos y tantos años. El líder en la pista, el “Mr. Catering” para Andrés Montes, apelativo que encerraba una actitud y una manera de afrontar este juego y su liderazgo también desde la sombra: para que el juego funcione, tenía que surtir a sus compañeros de todo lo que pudieran necesitar. Y en innumerables ocasiones fueron sus asistencias tanto como su defensa. Y cuando tuvo sus años más dulces, también de puntos.

¿Le recuerdan en el Eurobasket español del 2007? Es que era un tiro. Las metía todas. Si su mejor recuerdo fue el Mundial de Japón, su exhibición al año siguiente en nuestras tierras no debiera quedar empañada por la plata, porque fue una delicia. Para brillar, todo fue trabajo y trabajo para “Calde”. ¿Recuerdan las críticas iniciales porque abría el codo en su mecánica de tiro? Pues trabajando en ello, 87 consecutivos que se “calzó” en la NBA, aún segunda mayor racha consecutiva en su historia. Trabajo, perfección.

José Calderón en la afamada semifinal en Japón 2006 (ACB Photo).
José Calderón en la afamada semifinal en Japón 2006 (ACB Photo).

Javier Imbroda fue el primer aventurado, por ver en este chaval algo especial. Moncho López, Mario Pesquera, Pepu Hernández, Aíto, Scariolo, Orenga…todos confiaron en él. La progresión al hombre, al jugador, a la estrella. Con la mala suerte que se perdió el Eurobasket del 2009 (el primer oro en un Eurobasket) tras pasar por quirófano, la semifinal y final de los Juegos de Pekín’2008 y por una pequeña lesión en sus vísperas, el Mundial de Turquía’2010, que por cuestión de días, le impedió participar. Nunca lamentó al destino, a su mala suerte tal hecho. Solamente que quería ganar con posterioridad todo lo que se perdió. Y logró el oro en el Eurobasket lituano del 2011. Y aplacó todos aquellos sinsabores con un “…y me quedé con el balón” tras la final en Kaunas ante Francia. Sonriente y recompensado. Un fenómeno.

Pues ante la avalancha de buenos, grandes bases que han ido apareciendo en nuestro baloncesto, José Manuel Calderón vio el momento de decir adiós a la Selección Española, al Equipo Nacional. “Hemos creado algo que es muy especial, por eso lo llamamos familia”.

Y uno de sus componentes, el obstinado base, entre lágrimas, se despidió. Todo llega aunque no queramos verlo, hasta que nos topamos de bruces con ello. Quizás sea lo mejor, porque la idea de no ver la humildad, el apoyo, la afabilidad de jugadores como José Calderón, puede ser demasiado dolorosa. Asimilémoslo así, como el nudo en la garganta que ahora tenemos. 

Todo convicción en el Eurobasket 2007 (Foto EFE).
Todo convicción en el Eurobasket 2007 (Foto EFE).