PREOLÍMPICO GINEGRA’64

PREOLÍMPICO GINEGRA’64
Cuando no se pudo repetir la segunda cita olímpica consecutiva

Antonio Rodríguez

Cuando no se pudo repetir la segunda cita olímpica consecutiva

Nuestra quinta entrega Preolímpica nos lleva a Ginebra, en una de las actuaciones más deslucidas en la que las carambolas y el “echar números” de otras selecciones, dejó a la nuestra fuera de la cita olímpica en Tokio, cerrando así las puertas al que hubiese sido nuestro segundo evento consecutivo

La Selección Española que se presentó en Ginebra.
La Selección Española que se presentó en Ginebra.

Del 4 al 13 de Junio se disputó en Ginebra el Preolímpico europeo, con 14 selecciones y dos plazas en liza. Sin la URSS, ni Yugoslavia, ni Italia o Polonia, había claras posibilidades de clasificación. Englobados en un grupo junto a Francia, Bulgaria, Bélgica, Gran Bretaña, Holanda y Luxemburgo, las dos primeras plazas daban opción a semifinales, con los dos primeros del otro grupo. Y cómo acabarían los últimos días en tierras suizas, que los españoles no podían evitar ‘cortes de manga’ (más que evitar, los aireaban cargados de rabia) a jugadores y entrenador francés, por la ‘pirula’ sin sentido que ejecutó a nuestro Equipo Nacional.

Esta fue la Selección que Joaquín Hernández, seleccionador español y entrenador del Real Madrid (ya existía en aquel tiempo lo de la incompatibilidad del cargo. Pero habiendo proclamado a los blancos campeón de Europa por primera vez ese 1964, nadie quiso tocar nada), convocó para la cita pre-japonesa: 

Como siempre, los debuts eran complicados, por la escasa preparación sin ningún amistoso previo, y más ante los fornidos holandeses (vuelvan a releer la estatura de nuestros jugadores), para acabar ganándoles por 85-80. Lo bueno es que bajo tableros, tanto Alfonso Martínez (18 puntos) como Miguel “Che” González (12) se hicieron grandes hasta el respeto máximo. Los facilones luxemburgueses pasaron a continuación por nuestro historial (88-58), con los destacados 31 puntos del debutante Natalio Ibarra.

El tropiezo (único tropiezo) que se convertiría en decisivo, resultó ser ante los franceses. No ya por el hecho de perder con un rival con el que se trataba a la misma altura en aquel tiempo, sino porque de un 39-43 en contra al descanso, seis minutos fatídicos provocaron el derrumbe de los hombres entrenados por Joaquín Hernández, hasta ver el marcador en un 47-65 ya insalvable. Y lo peor fue que tal ventaja no descendió de ahí al final, sino todo lo contrario, creció paulatinamente hasta un 66-93 y rezar que no hubiese empates futuros por las dos primeras plazas, porque el basket average no favorecería en nada. Los 20 puntos de Emiliano y los 15 de Alfonso Martínez, quedaron huérfanos ante la anotación coral de los franceses (5 hombres con más de 10 puntos), liderados ya bajo la sabia batuta del mítico Alain Giles.  

Nino Buscató fue junto a Emiliano, el más destacado.
Nino Buscató fue junto a Emiliano, el más destacado.

Si los franceses se destacaban como primeros de grupo, España se la jugaría todo ante Bulgaria, el otro combinado teóricamente más poderoso. El día siguiente fue un bálsamo, pues caía Gran Bretaña (97-67) para lucimiento de Nino Buscató (20 puntos), Alfonso Martínez (19) y Emiliano Rodríguez (18). Y llegó el gran día: Bulgaria. Nunca se les había derrotado hasta entonces. Y conscientes de la importancia -y la presión- de la tarea, se jugó con mucha convicción, buena defensa zonal para ayudar a nuestros altos sobre los pívots rivales Mirtchev y Radev, mientras que Buscató (17 puntos) y Emiliano (14) abrían su defensa. Porque si no se corría, al menos se acertaba en el lanzamiento exterior. Al descanso se llegó con un igualado 36-40 en contra, pero con un buen tono general con el que se era muy optimista. En la reanudación, la igualdad siguió imperando, con 58-64 a falta de 6 minutos, recortándose hasta un 72-73 ya en el último minuto. La búsqueda de los búlgaros de meter el balón a uno de sus pívots forzó a que lo perdieran, y en cabalgada de Emiliano hasta la canasta rival, fue objeto de falta personal en la entrada. Dos tiros libres que convirtió y al fin, a favor, cuando restaban 19 segundos. En el último ataque rival, en la defensa decisiva, Nino Buscató forzó falta en ataque a la entrada de Donev, que con los dos tiros libres posteriores -puesto que en esos años también tenían tiros tales faltas-, se sentenció con un 76-73 y la euforia desatada en los nuestros.

El histórico periodista español Justo Conde comentaba que tal alegría quedó empañada con las declaraciones del entrenador francés André Buffiere, en las que confesó que “prefiero enfrentarme a Finlandia” en el emparejamiento de semifinales. Finlandia, clara destacada y líder invicta en el otro grupo, esperaba rival mientras los franceses tenían a Bulgaria como rival en la última jornada, provocando así las suspicacias entre nuestros representantes sobre sus intereses. Si vencían a los búlgaros en el último choque del día, también serían líderes de grupo e imbatidos, debiendo enfrentarse al segundo del otro, que fue Hungría.

Nuevamente Nino Buscató ante los pívots búlgaros.
Nuevamente Nino Buscató ante los pívots búlgaros.

El caso es que España previamente venció a Bélgica en un enfrentamiento durísimo (82-78), con Alfonso Martínez como destacado anotador (22 puntos) junto a Emiliano (21). Y para cerrar el grupo, se inició el Francia-Bulgaria de los recelos. Y lo que resultó con cierta comodidad en la primera mitad para los franceses, lo complicaron en la reanudación, entrando en el último minuto con 67-65 y posesión gala. Pérdida de balón, canasta de Mirtchev (67-67), nueva pérdida de balón de nuestros vecinos, seguida con la típica falta de “la frustración”. Dos tiros libres y 67-69 para Bulgaria. Una falta personal final sobre el francés Christ y dos tiros libres podrían salvar la hecatombe y forzar la prórroga, pero tan sólo anotó el segundo a falta de 4 segundos, para finalizar con un definitivo 68-69, que clasificaba a ambos conjuntos …y eliminaba a los españoles.

La paradoja final fue que aquella “preferencia” francesa de quedar segundos para verse con los finlandeses iba envenenada, pues igualmente quedaron primeros y sin llegar a tener a los nórdicos como rival, sí debieron encarar Hungría, con los que perdieron (73-66) y debieron regresar a casa sin pasaporte para Tokio.

 España se quedaba sin Juegos. Nuestro baloncesto seguía creciendo, pero para crecer de verdad, lo que se necesitaba era altura. De ahí que apareció a modo de salvador Clifford Luyk y su nacionalización española, para poder llegar a la cita mexicana cuatro años después.

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