PREOLÍMPICO BOLONIA’60

PREOLÍMPICO BOLONIA’60
Curiosas idas y venidas de una Selección Nacional para llegar a Roma

Antonio Rodríguez

En nuestro repaso por la historia de los Preolímpicos, hoy haremos una parada en el primer escenario con el que el baloncesto español encaró tal cita. Bolonia era el pasaporte previo a Roma. Sí, eran unos Juegos más. Para los españoles, tras la fallida cita en el primer torneo de baloncesto olímpico en Berlín’36 donde se aspiraba a hacer algo grande -a causa de la Guerra Civil- se abría la posibilidad de la primera gran antesala al gran acontecimiento. Una generación joven de españoles que hacían las cosas diferentes. Estábamos ante las primeras huellas del baloncesto moderno.

Panorámica de la presentación de las selecciones en el Preolímpico.
Panorámica de la presentación de las selecciones en el Preolímpico.

Claro, que se tuvo la gran suerte de enfrentarse en encuentro amistoso a Estados Unidos. Y seguro que en esos momentos no se era muy consciente de a quién nos enfrentábamos los españoles. Sí, eran los americanos. Sí, eran muy superiores. Pero aquellos chavales eran…otra cosa. Esos sí que cambiaron el baloncesto. Vale que en la NBA mandaban los Bob Cousy, Bill Russell y Bob Pettit. Pero aquellos críos veinteañeros eran un paso más, o dos o tres, en la evolución del baloncesto. Un base como Oscar Robertson, capaz de hacer de todo, el hombre con mayor impacto en la historia de nuestro deporte muy probablemente, no tenía ningún tipo de comparación en la NBA de finales de los 50. Tampoco se intuía que el gesto del lanzamiento en suspensión se pudiese ejecutar de una manera tan perfecta como lo hacía Jerry West. Parecía una melodía. Por supuesto que tenían el pívot de color alto, atlético, dominante, en Walt Bellamy. Pero como me confesó en una ocasión el seleccionador -o uno de ellos- de la Selección Española en ese 1960, D. Fernando Font,  “no, no, no. El pívot titular, el bueno de verdad, era Jerry Lucas”. La precisión que tenía aquel jugador en los pases, en los tiros -incluso exteriores. Gran tirador-, era inigualable. Lugano, aunque no fuese en el Preolímpico, queda como el contacto del baloncesto español con otra dimensión, un 22 de Agosto de 1960.

Pero pensemos en el Preolímpico en sí, la invitación a Bolonia para obtener billete haca los Juegos de Roma. Iniciados un 13 de agosto de 1960, englobados en un grupo junto a Tawian, Sudán, Checoslovaquia y Surinam. Grupo accesible que daría pie a otro grupo de 4, en el que ya contaría el resultado de la primera fase con el otro clasificado. Se viajó a Italia, por cierto, tras disputar un amistoso ante Francia, primer encuentro de baloncesto disputado jamás en el Palacio de los Deportes de Madrid, recién inaugurado. La selección fue la siguiente:

Para el proceso de selección (o como seleccionador), se nombró a tres técnicos, Jacinto Ardevínez, Fernando Font y Octavio Olivé, aunque el verdadero entrenador era Eduardo Kucharski (cuyo Preolímpico boloñés le sirvió, por cierto, para formalizar un contrato con la histórica Virtus Bolonia). En el debut ante Taiwan, Emiliano con 29 puntos fue nuestro puntal, para derrotar a los chinos nacionalistas por 83-55, continuar el camino haciendo lo mismo ante Sudán por un cómodo 88-40 y Alfonso Martínez con 19 puntos (¡qué pena que no se contabilizasen los rebotes por aquel entonces, porque el carro de ellos, fue importante).

Alfonso Martínez, un jabato de los rebotes ante Canadá.
Alfonso Martínez, un jabato de los rebotes ante Canadá.

Y es que Alfonso Martínez, con su 1.94, era un fenómeno del rebote. Noblote como el que más, sincero de los de primero hablar y luego pensar, más de un problema tuvo con sus entrenadores a lo largo de su carrera. Pero era un fenómeno del rebote y máximo reboteador en más de una competición internacional (que si para tal propósito, había que lanzar el balón contra el tablero para volver a capturarlo y sumar un rebotito, pues se hacía). Sin embargo, el elemento diferencial de nuestra Selección Española, que comenzó a marcar a nivel internacional el sello de la velocidad, fue al unísono la pareja Emiliano Rodríguez y Nino Buscató. En Chus Codina, Lolo Sáinz o Enseñat, había velocidad. Pero estos jugadores eran un grado más. Jugar con esa habilidad en carrera, entrar a canasta con los saltos que daban, auténticas ballestas, más la habilidad para maniobrar en el aire con rectificados, era un distintivo en ellos, marca de nuestro país que perduró durante un buen puñado de años. Un baloncesto atractivo que gustó muchísimo en Bolonia. Insistimos que con ellos llegó la modernidad en nuestro país. Claro que toda aquella velocidad se cortó de raíz cuando se jugó frente a Checoslovaquia, muchos más grandes, que eso de las carreras no iba con ellos y jugando a ‘su’ manera, nos derrotaron con claridad (64-52), con el alero Jiri Baumruk (20 puntos) siendo demasiado para nuestra defensa. Y finalizamos el calendario de esta primera fase con una nueva victoria (71-54) ante Surinam, con Alfonso Martínez y Juan Martos dominando los tableros, más los 15 puntos de Emiliano.


Los madridistas Carlos Sevillano y Lolo Sáinz se quedaron fuera de la cita. Su momento ya llegaría, aunque el motivo por el que Lolo no estuvo en Bolonia tuvo tintes de tragicomedia. Con una dolencia pulmonar, el jugador blanco fue atendido y se le diagnosticó un grave cáncer de pulmón. Desencajado y hundido, Sáinz abandonó la concentración -lógico-, hasta que en el hospital descubrieron que la radiografía que mostraba con claridad tal tumor…pertenecía a otro enfermo del centro. 

El gran día de Emiliano Rodríguez: 35 puntos ante Bélgica.
El gran día de Emiliano Rodríguez: 35 puntos ante Bélgica.

Así que con una derrota se afrontaba la 2ª fase con dos puestos para Roma en el grupo, debiendo encarar el Equipo Nacional a Bélgica y Canadá. Checoslovaquia se encargó de destacarse tras ganar a Canadá (74-67), así que obligaba a dos triunfos. El primero se dio ante los belgas, jugando el mejor encuentro de todo el campeonato (81-71) siendo el gran día de Emiliano, que con 35 puntos dinamitó con sus entradas cualquier posibilidad belga, acompañado por los 13 de Navarro y de Lluis Cortés. El día ante Canadá era el decisivo. Los subcampeones olímpicos en Berlín’36, por el hecho de ser norteamericanos, se sentían superiores y andando rácanos en defensa en la 2ª mitad (la primera parte la dominaron por 30-33), comenzaban a verse doblegados por el jabato Alfonso Martínez (19 puntos) y a jugar por encima de la dureza permitida, siendo castigados con un buen número de tiros libres, que los españoles aprovechaban. El encuentro fue bastante feo, pero se ganó (60-49) que era lo importante, que con la victoria de Bélgica sobre Checoslovaquia (70-68), daba el pasaporte para los primeros Juegos Olímpicos de la Selección Española de baloncesto.

¿Curiosidades? Que desde la Federación se aceptó la invitación de los estadounidenses a jugar en Lugano un amistoso, para que éstos se fueran habituando al baloncesto europeo y de paso, ingresar unos dineritos que servirían para los gastos en la cita olímpica. Y es que no había previsto ningún gasto. Pero ninguno, ¿eh? Hasta el punto que nuestros federativos no reservaron plazas en la Villa Olímpica (ni comida ni hospedaje) para el baloncesto, conscientes que el Equipo no se clasificaría. A la carrera (se notaba con mucha contundencia que Raimundo Saporta se había apartado de la Federación por desavenencias) se solicitaron plazas. Y dentro del desorden, la anécdota/faena se amplió aún más para colegiado José Antonio Elola, que había arbitrado en el Preolímpico y lo haría también en los Juegos: se le denegó plaza en la Villa, pues las permitidas ya estaban ocupadas por la Selección y los federativos (entonces, las facilidades a los árbitros, correspondían a las federaciones de sus países). Así que se le renegó a un hotel en Roma, algo que declinó por honestidad y se negó a participar en el torneo. Esa vacante la ocupó el otro árbitro español Juan Aznar, con mayor solvencia económica, haciéndose cargo de los gastos.

Como unos deportistas más, allá se presentaron los nuestros en cita histórica. El 14º puesto final casi es anecdótico. El paso ya estaba dado. Si queréis conocer lo acontecido en aquel torneo, pinchad aquí.

Emiliano en el aire, intentando dar un pase en la derrota ante Checoslovaquia.
Emiliano en el aire, intentando dar un pase en la derrota ante Checoslovaquia.