ACORDES Y DESACUERDOS

ACORDES Y DESACUERDOS
Dos derrotas que suenan a caída libre…si no fuera esta Selección

Antonio Rodríguez

Dos derrotas que suenan a caída libre…si no fuera esta Selección

Guilherme Giovanonni esperaba el cambio al lado de la mesa. Atento al segundo tiro libre de Sergio Llull, saltaría a pista para ser una amenaza en el triple. Y es que si el español lo convertía, pondría a España tres puntos por delante en el filo del último minuto. Pero Llull lo falló y Guilherme se apresuró para anunciar a la mesa que el cambio solicitado, se deshacía: ya no era necesario anotar un triple. Luego vinieron los tiros libres fallados por Pau Gasol, Marquinhos que palmeó el balón decisivo y la desesperada e imposible entrada de Llull sobre la bocina. Final y nueva derrota (65-66) ante los anfitriones brasileños, mientras los españoles cayeron a un abismo fangoso, oscuro y tenebroso, desconocido para ellos: nunca en las 11 ediciones anteriores disputadas en unos Juegos Olímpicos, habían iniciado su andadura con dos derrotas

(Foto EFE).
(Foto EFE).

Esos últimos minutos trajeron ‘acordes y desacuerdos’. El manotazo de Paul Gasol -limpio- sobre Nene Hilario que señalizaron como falta, dio pie a la siguiente acción española, con los dos tiros libres -y malditos- del propio Gasol (5/12 en total). Escenificando los cambios de balonmano, fue un acierto el que Claver se incorporara a las jugadas defensivas y Llull fuese el base para marcar a Marcelinho. El pick&roll central nos había hecho mucho daño, más que probable sería lo que tenían preparado y Claver estaría al quite para cualquier ayuda, como así estuvo. El despiste de Mirotic para bloquear a Marquinhos que entraba por línea de fondo, costó un palmeo, una canasta, el partido. Pau Gasol hacía el gesto con los codos de bloquear el rebote sin querer mirar a ninguno de sus compañeros. Prefería tener la mirada perdida ante tal cúmulo de circunstancias adversas en tan corto espacio de tiempo, cuando momentos previos -antes de esta secuencia descrita-, parecía que al fin, teníamos el encuentro en el bolsillo.

Pero no nos engañemos. Si el marcador final fue de 65-66 (España lleva promediando 67.5 puntos en estos Juegos), los fallos no vienen del final, sino de una acumulación a lo largo de los 40 minutos. La Selección Española, nuestro Equipo Nacional, los nuestros, no tienen la fluidez anotadora que esperábamos. A una primera parte en la que chocamos con un rival aguerrido, duro, anfitrión (que era otra virtud, con un público volcado), terriblemente físicos (más que los nuestros), en la que se supo aguantar sus embestidas (curiosamente remontando sin Pau Gasol, porque no olvidemos que hay mucha calidad en todo el combinado), para llegar al descanso por 31-34, en la 2ª parte se nos vieron inseguridades, dudas y el Gasol-sistema que siempre, siempre, expone desconfianza en nuestras posibilidades. 

 (Foto FIBA).
(Foto FIBA).

Para empezar, Brasil salió de los vestuarios queriendo ganar más que nosotros. Y supuso un parcial (33-42) que hacía dura la acometida de remontarlo en un recinto extasiado a los colores locales. No lo debimos permitir. Nuestras debilidades pasaban por intentar dar a Gasol el primer pase en nuestro ataque, rodeado de rivales expectantes a su decisión, en vez de ser el recurso finalizador tras mover la defensa, como sucedió en las primeras jugadas (claro que las circunstancias eran distintas). Y si no era Pau, la otra alternativa por número de tiros, fue el triple. Y en él, definitivamente no se está acertado (5/19 para un pírrico 26.3%). Y bastantes de esos lanzamientos no eran malos. Pero no entraban. Hay días o rachas así. El cerrojazo con el que se tuvo que combatir ante Croacia, nuevamente montado con los anfitriones olímpicos. Prisas, lanzar a canasta en el segundo pase, sin circulación (que tampoco nuestros rivales estaban por moverse mucho más a fuera de la zona), mostraban una falta de imaginación palpable. Imaginación que suele tener Ricky Rubio. Pero Ricky está triste. Más que sacar conclusiones, encaremos consecuencias sobre ello. Nervios, tiros abiertos que no entran y los aciertos más importantes, en los arrebatos individuales de Sergio Llull, que casi nos da la victoria. Limitar las rotaciones y apostar por unos roles que rechinan en momentos comprometidos como otro punto en la exposición.

(Foto FIBA).
(Foto FIBA).

Todo ello nos dio, con una buena defensa en los últimos minutos, de las de querer ganar, con nervios brasileños que tampoco estuvieron muy acertados en los últimos minutos, a pesar de ir al rebote ofensivo como obuses -y Scariolo recalcando que los cinco al rebote defensivo, que estos avasallaban con todo-, pero que el no tener temple al final, o el cansancio o el qué-se-yo, nos llevó a esta segunda derrota a esta odisea y a pensar que con Nigeria, hay que ganar. Aunque no sea bonito, pero hay que ganar. Y a partir de ahí, con un triunfo, a afrontar la impepinable tarea de superar a lituanos y argentinos. Es cierto que este grupo puede dar muchos vuelcos y sorpresas, que quizás ayude -o perjudique- su teórica igualdad. Pero ahora sí es obligatorio ganar y cualquier acción es decisiva. Con lo visto hasta ahora, mucho por mejorar. Con lo visto en años anteriores, mucho bueno por desear. Veremos qué es lo que pesa más, si los acordes o los desacuerdos.