NUBARRONES DE IBÁÑEZ

NUBARRONES DE IBÁÑEZ
Cuando una derrota significa eso: haber perdido. Sin cataclismos

Antonio Rodríguez

Cuando una derrota significa eso: haber perdido. Sin cataclismos

Pudiéramos hacer una previa del partido de hoy ante los brasileños (19:15, la 1 de TVE). Pudiéramos extraer las claves a cómo un encuentro ante los anfitriones, es casi obligatorio ganarlo, ensalzando siempre con aires optimistas la difícil e importante reválida de hoy. O contar los errores del debut frente a Croacia, intentando aclararlos para que no se vuelvan a repetir, mientras todavía nos sale el enfado en su recuerdo, escenificado perfectamente en cualquier cómic de Ibáñez, cuando dibujaba un nubarrón negro sobre la cabeza del tipo en cuestión. El caso es que les confieso, que tuve que volver a ver el encuentro por una segunda vez. De las ocasiones en las que me quedo frío sobre la bocina final, sin saber por qué la Selección Española había perdido, sin tener tan siquiera, ese nubarrón en la cabeza. Por eso me obligué a darle un segundo visionado. Y si pretendo dictarles una serie de razones convincentes del por qué, créanme: sigo sin tenerlos.

(Foto EFE).
(Foto EFE).

Hoy día nadie es tan superior como para ganar por 20 puntos, excepto los USA, claro. Juguetones anoche ante Venezuela, dándoles vidilla en el primer y tercer cuarto hasta que los “nubarrones de Ibáñez” se establecían y consolidaban sobre la cabeza de Coach K, poniéndoles firmes a continuación y vuelta al parcial definitorio en el cuarto siguiente. Eso es exclusivo de ellos. Los demás, a trabajarse la victoria con todo el esfuerzo.  Y sucede hasta en los españoles, que según las casas de apuestas, nos siguen dando como segundos en estos Juegos. Así que claudicar ante Croacia, se puede dar. Y ello, sin que ahora estemos buscando los errores en el banquillo, en las sustituciones, el que falló tal o cual defensa o que cierto jugador no las mete. Porque no hace falta. Porque España jugó bien. No estar ahora por rasgarse las vestiduras. Repetimos: España jugó bien.

Para ser el pistoletazo de salida en un torneo para nuestro Equipo Nacional, aunque digan que la preparación no ha estado a la altura de lo esperado (si lo dicen los propios protagonistas, no les faltará razón), sí les vimos con mucha consistencia, mucho más preparados que en otros torneos y conocedores de sus virtudes y sobre todo, de sus debilidades. La defensa gustó, sobre todo y como vimos en el primer cuarto, denegando cualquier puesta en escena croata de peligro en poste bajo. Había intensidad, había ayudas y manos salvadoras como para que Pau Gasol no se viese obligado a salir de su posición interior -fundamental para la misión de proteger el aro- y al combinado entrenado por Aleksander Petrovic, le costaba encontrar un filón con más constancia que un puñado de canastas, como las de Bilan en los primeros parciales. Porque su máximo anotador, Bojan Bogdanovic (23 puntos), aunque comenzó haciendo daño, se le tenía bien sujeto hasta su explosión final de juego. Hubo alguna mirada de Rudy Fernández a Pau Gasol, cuando su defendido entraba hasta dentro sin que se viese obstaculizado por el pívot, algún momento de flotación de Sergio Llull para acaparar a dos rivales, ante la amenaza de un rival que se había ido fácilmente del “Chacho”, o un palmeo de Babic viniendo desde atrás, porque Navarro no bloqueó a ese hombre en el rebote. Errores que señalamos con el dedo, sí. Acciones puntuales que suceden en todos los partidos, en todos los combinados. Sin dramatizar. 

(Foto FIBA).
(Foto FIBA).

Y en ataque, se movía muy bien el balón. Con el filón que da Pau Gasol, se hacía una lectura perfectamente del grado de sobrecarga que se tenía sobre él y el balón se movía a partir de ahí, con virtuosismo, con eficiencia. Reconozco que hacía mucho tiempo que no veía una situación tan extraña como la de flotar de manera tan exagerada a Ricky Rubio, con un defensor más pendiente de ayudar en interior sobre Gasol que de ocultar su indiferencia ante el base de El Masnou. Esa sobrecarga en la zona se rompió con la entrada de Sergio Rodríguez, que se mostraba muy acertado desde el tiro exterior en la primera mitad. Aunque la apertura de tal cerrojazo, venía desde los triples de Nikola Mirotic, abriendo el campo, dando a Pau el terreno que necesitaba (26 puntos) y el montenegrino, ‘luciendo palmito’ (19 puntos) en la segunda convocatoria con la Selección.

¿Qué falló? La sensación -y el hecho- era que cuando Gasol estaba descansando en el banquillo, no se anotaba. Y era verdad. Sergio Scariolo probó un quinteto con Ricky, Navarro, Claver, Reyes y Hernangómez/Mirotic. Mucho tumulto entre los hombres altos y poca efectividad en Claver, que no encontraba su sitio. Pero todo se trabaja. Todos nuestros jugadores tienen unas facultades descollantes en lo que dominan y claro está, tienen defectos. Y con ello se debe jugar. Y Scariolo prueba y asienta o rectifica según el resultado. Vio que con Rudy en pista, funcionaban mejor Felipe y Mirotic. Que Claver hacía un trabajo extraordinario a Gasol en el pasado Eurobasket y en estos Juegos, ha de repetirse. Que la defensa del “Chacho” en uno contra uno o en dos contra dos es discreta, por lo que los demás están pendientes de ayudar. Nadie es perfecto en todo. Sin embargo, Sergio Rodríguez es capaz de doblar un balón que nadie más ve, o dar un pase a Pau Gasol anoche, cuando se encontraba en una esquina y con la amenaza del dos contra uno. Y dio el pase perfecto, porque es el “Chacho”. Y todas esas excelencias pesan mucho más. Por eso el baloncesto es un trabajo de cinco contra cinco, de amplificar unas dotes y ocultar otras. Porque Juan Carlos Navarro, en el quinteto “de rotación” usado, era el tirador. Y no anotó, pero es el tirador. En próximas ocasiones, se probará con Abrines posiblemente. 

(Foto FIBA).
(Foto FIBA).

Pues a la hora de la verdad, Mirotic dobló un buen balón a Pau Gasol que se perdió por la banda. Y Rudy dio otro buen pase a Mirotic, que también se perdió. Y Sergio Rodríguez hizo una entrada, donde el balón se salió. Y Llull dobló un balón para Pau, desviado por unos centímetros. Y por otra parte, Bojan Bogdanovic se marcó dos canastas delante de las narices de su defensor, que entraron. Finalmente, Sergio Rodríguez intentó decidir con dos triples que tampoco lo hicieron. Todo ello en los últimos 6 minutos, desde que Croacia se puso por delante. Y en eso estuvo el partido, junto al empujón de Planinic sobre Gasol en el rebote  -para que el croata anotase posteriormente-, errores arbitrales puntuales, que son lógicos y normales por otra parte. No se puede perdonar la falta de concentración como para dar un primer pase y que sea cortado para acabar en bandeja de Krunoslav Simon en momentos decisivos. Eso, no. Pero ¿los demás errores? Que me disculpen los malos agoreros, pero son situaciones erráticas a un juego ya establecido, de absoluta confianza y que la arbitrariedad quiso que, todos tocaran errores. Y ya está. Confianza y tranquilidad era lo que transmitía la Selección Española (sentir compartido por Pepu Hernández en los comentarios televisivos). De ahí la sorpresa cuando finalmente perdimos. De ahí mi segundo visionado buscando una hecatombe que no encontré.

Se complica el torneo, sí. Pero no hubo ni resoplidos ni “nubarrón de Ibáñez” con la bocina final como en otras ocasiones (¿recuerdan el debut en los Europeos del 2009, 2011 y 2015? Ahí sí que estaban justificados). Siempre toca confiar. Pero es que en esta ocasión más, porque el juego fue bueno. Que podemos acabar como el “rosario de la Aurora”, no lo descarto. Pero es una posibilidad tan pequeña, a tenor de lo que hemos visto a lo largo de los años con este grupo… Toca Brasil hoy. Toca tener la confianza que tienen nuestros representantes.